Plante francés y alemán

Los equipos franceses y germanos realizaron una breve sentada en la línea de salida en protesta por el dopaje y la presencia de Rasmussen

J. G. P.
'PLANTADOS'. Antes del comienzo de la etapa, varios equipos protestaron contra el uso de sustancias dopantes. / AP/
'PLANTADOS'. Antes del comienzo de la etapa, varios equipos protestaron contra el uso de sustancias dopantes. / AP

La jornada ya comenzó con malos augurios para Rasmussen. Una cinta rojiblanca circunda el autobús del Rabobank. Del líder. Cristales tintados. Cortinas. El ciclismo de las barreras. Aparece con el tiempo justo para acudir a la salida. Orthez, ciudad enamorada del Tour, le abronca. Pitada al primer clasificado. Y él, Rasmussen, desfila impasible. Con su figura de campo de concentración. Ciclismo de exterminio. «He sentido frustración. Pero creo que la protesta era por el positivo de Vinokourov. A Armstrong también le silbaban», recuerda.

Cuando llega a la línea de salida, se topa con un pelotón partido. En un arcén están los seis equipos franceses y los alemanes del T Mobile y el Gerolsteiner. Acaban de fundar el 'Movimiento por un Ciclismo Creíble'. No quieren salir con los demás, con los españoles, los italianos, los belgas o los holandeses del líder. Los 'creíbles' hablan de plante, de retrasar la salida, de correr sin dorsal. Truenan contra Rasmussen. «Muchos hemos comprendido, pero sigue habiendo treinta o cuarenta que no», critica Pineau. Jegou, otro galo, prefiere tomar medidas ahora a «tener que conocer otro caso positivo tras el Tour».

Abucheo del público

Christian Prudhomme, director de la ronda, da la salida. Valverde, Boonen, Pereiro y Rasmussen son los primeros en partir. Con ellos va la ola de un abucheo procedente de las vallas. El público chilla a sus héroes. El Tour increíble. Se siente traicionado. Es el efecto del doble positivo de Vinokourov, de las sospechas que levanta Rasmussen. Unos segundos después de los primeros, ruedan los componentes de los otros equipos extranjeros: el Euskaltel, el Saunier, el Lampre, el Discovery de Contador... Detrás, a pie, les ven alejarse franceses y alemanes. También alguno que otro, como Mercado, que corre en el Agritubel galo; o como Arrieta, del Ag2R. Tres minutos más tarde, los franceses y germanos se suben a las bicicletas. Orthez les cree. Les ovaciona.

La escena teatral termina luego, ya en carrera. Todos iguales. Auque en el fondo, divididos por una fractura casi insalvable. Hay ciclistas para todo. A uno, que prefiere seguir anónimo, el positivo de Vinokourov le quitó el sueño: «No sé ya qué pensar. A las tres de la mañana andaba dando aún vueltas. No sé si es mejor que todos nos vayamos a casa». Su teléfono móvil rebosaba de mensajes SMS, de convocatorias de paro, de rumores sobre la marcha del Tour de los equipos alemanes. Estaba molido. Hundido. Otro, en cambio, sonreía: «Si los franceses deciden parar, que paren. Así no me cogen hasta que me suba al podio de la etapa». La doble personalidad del grupo. Esquizofrénico.

La salida del día más importante del Tour se olvidó del ciclismo. Los rumores circulaban más rápidos que las ruedas. Unos callaban y otros vociferaban. «Las sanciones deben ser a perpetuidad. Hay que quitarles la licencia», pedía Rous, del Bouygues. «Prefiero un positivo a la sospecha», seguía Legeay, mánager del Credit Agricole. «¿Una sorpresa lo de Vinokourov?, No», maldecía Madiot, de La Fraçaise des Jeux. El país del Tour sigue al pie de la letra la orden de Prudhomme: «Hay que romper el sistema. Necesitamos una revolución». Ya ha comenzado, con la liga de los equipos creíbles.

Código ético

Esta asociación, creada este mes en Londres y formada por el Cofidis, La Française, Ag2R, Bouygues, Agritubel, Credit, T Mobile y Gerolsteiner, ha deletreado ya sus mandamientos: aplicación estricta del código ético; firma obligatoria de la carta antidopaje de la Unión Ciclista Internacional (UCI) por parte de corredores, directores y médicos; transparencia total en los casos de fármacos utilizados por razones terapéuticas... El presidente de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), Richard Pound, pidió ayer a la UCI que sancione de por vida a los ciclistas con un positivo. Y le recomendó que fomente las confesiones para desvelar así las tramas de dopaje, para conocer el nombre y las prácticas de los médicos responsables.

«Llevamos diez años en la mierda», lamentó Prudhomme. Desde 1998, desde el 'caso Festina'. Luego, el escándalo se hizo capitular. Afectó a todos los ganadores. Y todo cuando el ciclismo ha disfrutado de su mejor situación económica. De deporte pobre pasó a rico, mientras su credibilidad se consumía. Al Tour y al ciclismo le queda sólo el público. Y Orthez silbó ayer a medio pelotón.

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