El líder increíble

Responsables del Tour y la Prensa gala dicen que el danés «no será un buen vencedor»

J. G. P.

En Alemania, las cadenas públicas ARD-ZDF han sustituido el Tour por la serie 'Inspector Derrick'. No quieren ver a Rasmussen y los otros. En Francia es peor. La audiencia ha crecido. Ven, pero no creen lo que corre por las pantalla. Patrice Clerc, dueño del Tour, lo anunció el domingo: «Lamento la presencia de Rasmussen en el Tour». Hace sólo unos días, le había avalado. Ahora, ya en pleno escándalo, hubiera preferido verle excluido por su equipo, el Rabobank, antes de iniciar la Grande Boucle. Expulsado por no cumplir el requisito de especificar su localización a los controladores antidopaje de la UCI. Por esquivar a los vigilantes. En el mismo tono que su propietario, que Clerc, el diario 'L'Equipe' era tajante: «A una semana del final del Tour, Rasmussen es un líder firme. ¿Es un aspirante creíble? No». Esa autorrespuesta puede marcar el final de esta edición. Y ha tatuado definitivamente con la sospecha al corredor danés.

'L'Equipe' cubre de dudas al líder de su carrera. Por sus reticencias a firmar la carta antidopaje de la UCI. Por no informar sobre su localización. Por no estar presente en dos controles antidopaje, el 8 de mayo y el 28 de junio. Por recluirse en México. Por su expulsión del equipo nacional de Dinamarca. Por el silencio de su equipo. El diario considera a Rasmussen un ciclista increíble. No se cree su transformación en la contrarreloj de Albi, donde sólo cedió 2:55 a Vinokourov. «Había reconocido no haber hecho nada para mejorar contra el crono». Y recuerda que, un día después de Albi, escaló más rápido que Armstrong a la cima de Plateau de Beille. Le compara con el Bjarne Riis de 1996, del verdugo de Induráin.

«Rasmussen no será un buen vencedor del Tour», sentencia. Para 'L'Equipe', los once últimos podios están en entredicho: el de Riis (1996), el de Ullrich (1997), el de Pantani (1998), los de Armstrong (1999-00-01-02-03-04-05) y el de Landis (2006). En su tercera página, titula: 'El molesto Rasmussen'. Pese a sus escasos 59 kilos, se ha convertido en un peso pesado para la ronda gala. «No debería haber sido alineado por su equipo». Para colmo, apunta que la UCI le ha abierto una investigación por su supuesta implicación en un caso de tráfico de hemoglobina sintética. Lo desveló un antiguo amigo de Rasmussen, el ex ciclista de 'mountain bike' Whitney Richards. El periódico oficial del Tour no puede ni ver a Rasmussen.

El «milagro» danés

Y no es el único. La opinión pública en Francia asiste fiel al Tour, aunque niega con la cabeza. El diario 'Aujourd'hui', otro de los clásicos, recoge unas palabras de Laurent Fignon, ahora comentarista de France Televisions: «Cuando sube parece que ni respira». Rasmussen, el extraterreste. Rostro de muñeco. Sin rasgos. Sin arrugas. Tan artificial como el resto de su organismo, dice la Prensa gala. Los directores de los equipos franceses rodean la hoguera: «De Rasmussen no se sabe nada antes del Tour ni tampoco después. Es un corredor de sólo tres semanas». Sospechan. Y un ciclista acusa. David Millar: «Rasmussen ha ignorado las advertencias de la UCI y merece ser sancionado. El Tour está en la mierda y nosotros estamos en la mierda».

Hay hueco incluso para la ironía bien redactada. En 'Liberation' califican de «milagro» la actuación de Rasmussen. Un milagro, añade, a estudiar por el Vaticano. El milagro de Albi. 'Liberation' amplía el campo de tiro. También habla del «milagroso» Contador y de Vinokourov, el 'Gengis Khan' del 52x12, de la contrarreloj de Albi. Francia se ha quedado sin fe en el ciclismo. No cree en los milagros. En los escaladores que brillan en las contrarrelojes. «A Rasmussen se le espera ahora en el sprint de los Campos Elíseos».

Por último, 'Le Figaro' cita al danés como un deportista «desconectado de la realidad». Igual que el agotado modelo de este ciclismo. En Alemania prefieren las cosas del 'Inspector Derrick'. Ficción de verdad. Mejor eso que al acabar una etapa leer en la base de la pantalla: 'Cualquier coincidencia con la realidad es pura ficción'.

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