«Volveré, el Tour no es inalcanzable»

Igor Antón, vacío, se bajó ayer de su primera edición de la ronda gala

J. GÓMEZ PEÑA
ADIÓS. Igor Antón abandonó ayer la ronda gala. / AFP/
ADIÓS. Igor Antón abandonó ayer la ronda gala. / AFP

A Igor Antón, el Tour se le va por el surco de un lágrima. Fue en Arlés, en el corazón de la Francia taurina. Sangre y arena. Arena en la garganta. Apenas saliva para el lamento: «Lo siento». Se lo dijo a Igor González de Galdeano, que asistió al adiós del Tour del ciclista vizcaíno. «Se echaba la culpa. Es generoso». Fue en Arlés, en el avituallamiento, mediada la etapa y la Grande Boucle. Se bajó en la plaza. Con la primera cornada que le hinca el Tour. «Antón siempre te dice la verdad. Habla claro. Ha bajado al coche y ha dicho que no iban bien». Punto. Le recomendaron dimitir. Pedaleaba sobre el áspero revés de la prueba más cruel. «No valía la pena seguir así», dice Galdeano. «Lo siento», repetía el corredor. De la decisión de dejarlo al llanto bastaron un par de pasos. Los que unieron la bicicleta y el coche. «Lo siento». Y se rompió. Se derramó. «A Igor le queremos para el futuro. Ya conoce el Tour, lo peor del Tour». La lección de Arlés. Ya desde el hotel, Antón la recitaba: «Volveré. El Tour es bastante más que el Giro o la Vuelta, pero no es inalcanzable».

Galdeano, el hombro de Antón ayer, le consoló: «Tranquilo. Te vas a hartar de correr Tours». La luz apretaba. Achicaba los ojos de Antón, que recogía sus pedazos y los sacaba del Tour. «No sé. Quizá se puso demasiado bien de forma antes de tiempo y luego lo ha pagado», especulaba Galdeano. «Ya está hecho. Ahora hay que recuperarle. No sé si para la Vuelta. Ya veremos». A Antón, el Tour le acababa de despertar de su sueño. «No sé qué me pasa». «Tranquilo», acunaba Galdeano. «Igor ha hecho todo lo posible por estar bien en el Tour y no le ha salido. Está muy desilusionado». Con dudas, incluso. «No podía pasar así por los Pirineos, ante su gente», zanja el secretario técnico. «Ya volverá. Le sobran clase y tiempo».

La decisión de la retirada quedó sellada en la plaza de Arlés, pero se había tomado antes, en una mesa. El miércoles por la noche. Igor González de Galdeano y Miguel Madariaga, mánager, hablaron sobre Antón con los directores, con Odriozola y Gerrikagoitia. El joven ciclista andaba con paso indeciso por el Tour. Acorralado. Sin reservas. Y decidieron darle un par de etapas más. Con la de ayer bastó. La de hoy no hará falta. «Un corredor como Igor no puede arrastrarse por el Tour. No vale la pena. Ya ha conocido la primera semana. Ya sabe lo que es», explicaba Madariaga. El Tour con dolor entra.

Antón era ya un molino sin agua. Seco. Llevaba días con su alegría velada. Doblado por el Tour. Aun así, seguía fotografiando con su mirada los detalles de la carrera que le reclamará en el futuro. «Voy a ver el village -el centro de reunión de las salidas-, que todavía no he pasado». Ilusionado. Con el gesto de un privilegiado por estar aquí. Archivó el gentío de Londres. Grabó en su piel el escalofrío continuo de la semana de alto voltaje, la primera. «Y eso que me dicen que este año no ha sido para tanto», comparaba. Aprendió el verdadero significado del tópico ciclista de 'hacer la goma'. Pasó días con el cuello estirado. Soportando en las piernas el látigo del pelotón en cada giro, en cada rotonda. Un catálogo de descargas.»El látigo del Tour es distinto. Dura más. Exige más».

Talla de campeón

Hace dos años, debutante inesperado del Giro --por la lesión de un compañero le llamaron el mismo día del inicio del viaje a Italia-, se empeñó en cumplir todos los plazos de la ronda italiana . Llegó a Milán. En septiembre de 2006, se presentó en el escaparate de la Vuelta. Triunfó en Calar Alto. Muy alto. La talla de un campeón. Las grandes carreras conocieron el amuleto de su sonrisa. Ayer, su Tour inicial, el de aprendizaje, le quebró la garganta. «He salido con la intención de acabar la etapa, pero veía que no iba a más». Eclipsó su natural alegría. «Ahora, en frío, creo que lo mejor ha sido irme». Prendió sus lágrimas. «He entregado la cuchara», decía. «No pasa nada Igor», escuchaba. Está en la edad de creer en otros Tours.

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