ETA robó la furgoneta en Francia y mantuvo secuestrado a su dueño durante tres días

Los técnicos de la Comunidad de Madrid calculan que la carga del vehículo debía oscilar entre 500 y 800 kilos de explosivos

EFE | MADRID
ETA robó la furgoneta en Francia y mantuvo secuestrado a su dueño durante tres días

El dueño de la furgoneta que ayer explotó en el aeropuerto de Barajas fue secuestrado en Luz Ardiden (Francia) el pasado miércoles día 27 por tres encapuchados que se identificaron como miembros de ETA y liberado ayer entre una y dos horas después del atentado.

Según han informado fuentes de la investigación, se trata de un joven de nacionalidad española que había preparado su furgoneta para acampar, ya que pensaba pasar unos días en Francia esquiando, y al que los encapuchados le dijeron que, si todo iba bien, pasaría la Nochevieja en su casa.

El joven pasó esa noche en la furgoneta junto a sus secuestradores, que ya por la mañana del día 28 hicieron varias llamadas desde sus teléfonos móviles, después de lo que un coche llegó hasta el lugar en el que se encontraban.

Los etarras le metieron en ese segundo vehículo y desde ese momento el joven no volvió a saber nada de su furgoneta, por lo que las fuentes consultadas consideran que fue en esa fecha cuando los terroristas comenzaron a preparar el vehículo para cometer el atentado.

Las placas del vehículo que explotó, por tanto, eran las originales, ya que los terroristas no tuvieron necesidad de "doblarlas" al tener la seguridad de que el robo del vehículo no iba a ser denunciado. Después de circular durante todo el día por caminos secundarios, el grupo pasó la noche en una casa abandonada.

El viernes 29 -día que volvieron a pasar a bordo del coche, en constante movimiento-, los etarras preguntaron al secuestrado si le iban a echar en falta en su casa. El joven respondió que no, porque su familia está acostumbrada a que pase varios días solo en el monte, pero los terroristas le permitieron enviar desde su teléfono móvil varios mensajes de texto tranquilizadores.

Entre las 10.00 horas y las 11.00 horas del sábado 30, entre una y dos horas después de que explotara la furgoneta, los etarras le hicieron bajar del coche, le señalaron un camino y le dijeron que si lo seguía llegaría hasta un pueblo, que según las mismas fuentes se trata de la localidad francesa de Escot, situada en el departamento de los Pirineos Atlánticos. Cuando el joven llegó a esta población adquirió una tarjeta telefónica y llamó a su familia, a la que relató lo ocurrido.

Entre 500 y 800 kilos de explosivos

Los técnicos de la Comunidad de Madrid calculan que la carga de la furgoneta que ayer explotó en el aparcamiento de la T-4 del aeropuerto de Barajas debía oscilar entre 500 y 800 kilos de explosivos, según el vicepresidente segundo y consejero madrileño de Justicia e Interior, Alfredo Prada.

Prada, que ha informado de estas estimaciones tras visitar el lugar del atentado, ha precisado que aún no se ha podido determinar con exactitud la composición ni cantidad de la carga, pero ha insistido en que el cálculo procede de la constatación de que con menos carga no sería posible que se produjera un derrumbe de esta naturaleza.

Además, los bomberos continúan las tareas de rescate y desescombro en el Aeropuerto de Barajas de Madrid, en busca de los dos ciudadanos ecuatorianos desaparecidos tras el atentado. Los bloques de hormigón y los amasijos de hierro de grandes dimensiones que formaban la estructura del recinto han hecho que la labor sea lenta y difícil, según han informado fuentes del operativo.

Las llamas causadas por la deflagración de los vehículos afectados, que pueden verse desde los alrededores del aparcamiento, seguían activas a pesar de las horas transcurridas desde el atentado. Los trabajadores retiraron por la noche las lunas de cristal de la fachada de la terminal, agrietadas por la onda expansiva, para evitar que puedan desplomarse en las horas de mayor afluencia de público al aeropuerto.

Los camiones recogen las ruinas del aparcamiento tras haber sido removidas y cortadas por máquinas cizalladoras, con las que los bomberos se abren paso hacia el interior del bloque. No obstante, los bomberos han logrado avanzar bastantes metros desde la fachada del aparcamiento, donde aún se mantiene firme parte de la estructura y se encuentra el amasijo de hierros en que se han convertido los ascensores tras la deflagración.