Las tres cruces del Gorbea y las dos que tumbó el anticristo

La historia de la construcción del emblema del cristianismo en Euskadi está llena de misterio. Desde la primera efigie erigida en 1901, hasta la tercera, cuya obra se llevó en secreto

Imágenes de la tercera cruz; a la izquierda, en 1912, junto a los 50 expedicionarios de la primera subida del Club Deportivo Bilbao; a la derecha, la efigie en la actualidad./Archivo Iñaki García Uribe
Imágenes de la tercera cruz; a la izquierda, en 1912, junto a los 50 expedicionarios de la primera subida del Club Deportivo Bilbao; a la derecha, la efigie en la actualidad. / Archivo Iñaki García Uribe
OLATZ HERNÁNDEZ

Hubo un tiempo en el que la cruz del Gorbea tocaba el cielo. Con sus más de treinta metros de altura, presumía de ser la más grande jamás construida en la cima de un monte y, si se dirigía la mirada en la dirección adecuada, era visible desde media Euskadi. «La que hoy en día se eleva en la cumbre del País vasco es la tercera, hermana pequeña de las dos anteriores y una copia de la Torre Eiffel», ilustra Iñaki García Uribe, experto en la materia y cuya investigación durante más de tres décadas le ha valido el título de 'biógrafo del Gorbea'.

La historia de este monumento está envuelta por un halo de misterio y misticismo que incluye al mismísimo anticristo, al que se culpó de tumbarla dos veces. Convertida en símbolo del cristianismo vasco, su construcción no fue una idea original, ni mucho menos. En 1899, el Papa León XIII hizo un llamamiento a todas las cristiandades para que construyeran cruces en las cumbres más altas para dar la bienvenida al siglo XX y homenajear a Jesucristo Redentor.

Las primeras cruces en cumbres vascas

1. Legate
18 de mayo de 1901, a 870 metros de altura, Lekaroz (Nafarroa)
2. Aloña:
13 de octubre de 1901, 1.244 metros, Oñati (Gipuzkoa)
3. Gorbeia:
12 de noviembre de 1901, 1.481 metros, Zeanuri (Bizkaia y Arraba)

El párroco de Zeanuri, Juan Bartolomé de Alcibar y el Arcipreste de Zigoitia, José María de Urratxa, en seguida crearon una comisión para erigir la imagen en el Gorbea. Los permisos de obras y el presupuesto corrieron a cargo del Obispado de Vitoria, «ya que el de Bilbao aún no se había constituido», recuerda García Uribe. La obra se intentó financiar a través de las instituciones –principalmente los ayuntamientos y las diputaciones–, pero finalmente se decidió hacerlo a través de óbolos o donativos. «Mandaron a chicos por los caseríos a pedir dinero, pero consiguieron muy poco», unas 50.000 pesetas en total.

Para materializar el crucifijo, eligieron a dos hombres cercanos a la iglesia: Casto de Zavala y Serapio de Goikoetxea y Palacio. El primero era un conocido arquitecto y se encargó de proyectar el diseño de la cruz. El segundo, alcalde de Barakaldo, era también propietario de la empresa 'Nuestra Señora del Carmen', en cuyos talleres se armó y montó la estructura original.

El arquitecto Casto de Zavala junto a su familia
El arquitecto Casto de Zavala junto a su familia / El Correo

Viajes de 14 horas

Desde Lutxana se cargó en vagones de ferrocarril por piezas y se transportó hasta Izarra. Se usaron mulas, caballos y bueyes para subir los caminos de montaña hasta la cumbre. «Cada viaje les costó 14 horas», calcula García Uribe. El constructor ya predijo que era demasiado alta para aguantar los vientos huracanados de la cima, pero el encargo requería de unas medidas concretas: 33,33 metros, los mismos de la edad de Cristo.

«Pensaron en hacer una cruz monumental y al final fue una bilbainada. Además no había experiencia en hacer una obra de estas características». Pero la fe mueve montañas y Serapio de Goikoetxea se desvivió por el proyecto. Envió a la cumbre a tres obreros de su confianza que trabajaron allí todo el verano. «Por poco se murieron de frío, ya que estaban expuestos al viento y a las lluvias. Los salvó el pequeño cobertizo que les construyeron los pastores de la zona», explica el experto. Sin embargo, la cruz que se construyó poco tenía que ver con la diseñada por Casto de Zavala. «Lo único que tenían en común era la altura».

El ilustre arquitecto firmó cuatro modelos para dar forma a la efigie, que se conservan en el Archivo Histórico Municipal de Vitoria. Los planos, a 1:100 y 1:50, lucen una firma nítida y con una caligrafía exquisita, donde se lee: 'Bilbao. 3 de mayo de 1901'. «Uno de los diseños incluía una capilla en la base de la cruz hecha con láminas de acero. Dentro pensaban grabar los apellidos de los donantes», señala García Uribe.

Una construcción a toda prisa

El porqué de la diferencia entre la cruz que finalmente se construyó y los modelos diseñados, es un tema abierto a debate. Hay quien lo achaca a un simple accidente: puede que los planos se volaran con el fuerte viento y los constructores, en vez de pasar la vergüenza de tener que bajar a Zeanuri y explicar lo ocurrido, decidieran continuar la obra de memoria tal y como recordaban que la habían erigido en los talleres de Lutxana.

La construcción comenzó el 16 de julio de aquel año y estuvo marcadas por las prisas. En un principio se quería inaugurar la cruz el 14 de septiembre, coincidiendo con la fecha de la exaltación de la Santa Cruz, aunque finalmente no pudo ser. De hecho, esa fecha aparece grabada en uno de los modelos proyectados por Casto de Zavala. «Los diseños incluían unos cables de acero que ataban los brazos de la cruz al suelo, para que aguantara mejor los vientos. Pero tenían el invierno encima y la inauguraron precipitadamente».

Una de las fotos más antiguas que existen de la cruz del Gorbea, fecha aproximada de 1902-1903.
Una de las fotos más antiguas que existen de la cruz del Gorbea, fecha aproximada de 1902-1903. / Archivo Iñaki García Uribe

La fecha elegida fue el 12 de noviembre de 1901. Al acto acudieron representantes de los ayuntamientos de Zuia, Zeanuri y Vitoria, el Arcipreste de Zigoitia y el Padre Beartel –encargado de bendecir la cruz–, así como centenares de curiosos. No les importó subir los 1.481 metros, ya que como premio pudieron admirar aquella construcción imponente que hacía crecer al techo de Euskadi.

Quien no llegó a verla fue su arquitecto. No es de extrañar, ya que la monumental cruz solo duró un mes en pie. La nieve acumulada hizo que el 12 de diciembre la estructura se rompió a seis metros de altura, en la pata izquierda de la vertiente vizcaína. Se desplomó ladera abajo y acabó desperdigada en muchos trozos, que los vecinos del Gorbeiagana (Álava) recogieron y los fundieron para su uso en los caseríos.

Imagen de la cruz llena de nieve en diciembre de 2008.
Imagen de la cruz llena de nieve en diciembre de 2008. / El Correo

Bendecida con agua del Jordán

Los intentos por mantener el monumento en pie continuaron. En seguida comenzó la reconstrucción, erigiendo otra cruz idéntica que vio la luz el 1 de octubre de 1903. El acto de inauguración tuvo esta vez más pompa que el anterior. Un millar de personas acudieron a la cima junto a las autoridades y se roció la efigie con agua traída del río Jordán. Fue quizás ese último detalle lo que hizo que aguantara más que su hermana mayor.

Sucumbió el 12 de febrero de 1907, dos años y medio después, y entre los fieles empezaron a correr oscuros rumores sobre la causa de su caída. «En Zeanuri y Orozko se decía que los viernes por la noche el anticristo salía de una cueva e iba a la cumbre a soplar a la cruz», explica Iñaki García Uribe. En una época de mucha fe, el rumor se extendió como la pólvora.

Como respuesta, el Obispado de Vitoria decidió no revelar más información sobre la construcción de la cruz del Gorbea. Hasta aquel momento, los fieles podían seguían los avances de las obras a través de los boletines de la sacristía, que se entregaban después de misa. Ese secretismo ha provocado que, a día de hoy, se conozcan muy pocos detalles sobre este tercer monumento, el que ha sobrevivido hasta nuestros días. «Sabemos que se construyó en la empresa Talleres de Zorroza y que se acabó allá por 1910. No tuvo inauguración».

Sus características poco tienen que ver con la cruz primigenia: mide 17 metros y se parece a la Torre Eiffel. «Lo único original son las zapatas de hormigón que la clavan al suelo y la parte baja, como un metro de cruz», señala el experto. En su diseño puede que interviniera algún ingeniero, ya que su estudiada curvatura hace que sea resistente al fuerte viento del Gorbea.

Arriba, la cruz en la actualidad; abajo a la izquierda, entronización de la Virgen de Begoña de bronce en 1967; abajo a la derecha últimos trabajos de conservación de la construcción en 1991. / FOTOS: El Correo, Manu Cecilio y Archivo Iñaki García Uribe

En coche hasta la cumbre

Desde entonces, infinidad de montañeros han hollado cumbre y se han maravillado con su visión. Algunos de los primeros fueron los miembros del Club Deportivo Bilbao, que organizaron una excursión al Gorbea el 13 de octubre de 1912, lo que después sería el germen del montañismo vasco. 145 expedicionarios salieron desde Bilbao hacia Arratia después de escuchar la misa de las cinco de la mañana en la Catedral de Santiago y ascendieron hasta las campas de Arraba. Solo 50 llegaron a la cruz y se sacaron una foto histórica que encabeza este reportaje.

La cruz también ha sido testigo de numerosas hazañas, unas curiosas y otras directamente poco ortodoxas. En 1924, por ejemplo, el vitoriano Emilio Álava de Sautu aceptó la apuesta de subir con un Citroen 5CV hasta la cima, proeza que se atrevió a repetir 24 años después. Desde 1931 incorpora una imagen de la Virgen de Begoña y, quitando una última obra de conservación en 1991, su estructura ha permanecido imperturbable al viento, el hielo y la lluvia. Y quizás también a los intentos del anticristo por derribarla.

Arriba, participantes de la primera ascensión a la Cruz del Gorbea, organizada por el Club Deportivo de Bilbao en 1912; abajo, a la izquierda, sokatira en Igiriñao en la celebración del 50 aniversario de la efigie en 1951; abajo, a la derecha, primera imagen con esquís en el Gorbea en la que se ve a Antonio Ferrere «el hombre de las cavernas» a principios del siglo XX. / Club Deportivo de Bilbao y Archivo Iñaki García Uribe