El comandante miliciano que paró a los Panzer en Villarreal

Durante la ofensiva de las tropas de Franco en 1937 un batallón comunista frenó a los blindados de Hitler en la carretera de Legutio a Aramaio

Recreación de un nido de ametralladoras en la batalla de Villarreal /José Montes
Recreación de un nido de ametralladoras en la batalla de Villarreal / José Montes
Francisco Góngora
FRANCISCO GÓNGORA

Desde el Pagotxiki, una colina situada al Norte de Legutio (antiguo Villarreal) se divisa perfectamente la villa y la carretera que se dirige al puerto de Kruzeta y Aramaio. Tomada en los albores del 30 de noviembre de 1936 por milicianos y gudaris del Ejército vasco, durante la célebre ofensiva sobre este cruce de caminos, se mantuvo en territorio leal a la República haciendo eje defensivo con el Albertia, al Este, y el Mendigain, al Oeste. En sus estribaciones, en medio de un bosque de quejigos y robles americanos, al norte del nuevo cementerio, se pueden seguir las líneas de trincheras y de vez en cuando hallar esos extraños agujeros del paisaje que un día fueron un posible nido de ametralladoras mirando a la carretera, pozos de tirador o refugios para la tropa.

Estremece pensar en los acontecimientos que tuvieron lugar allí el 1 de abril de 1937. El día anterior había sido una jornada durísima para los milicianos y gudaris que defendían las posiciones del frente de Álava. La presión de las tropas sublevadas a las órdenes de Emilio Mola, supervisadas por la Legión Cóndor alemana, a base de bombardeos sistemáticos combinados de artillería y aviación, dejó muy diezmadas las trincheras defensivas que jalonaban la divisoria de aguas desde el Gorbea a Arlabán. Los hombres caían a centenares en un tipo de guerra moderna hecha por los sublevados que contaba con muchos más medios, especialmente artillería y aviación.

Había una noticia positiva en aquel desastre. El Ejército vasco, que había demostrado mucho valor pero escasa eficacia en la ofensiva de diciembre contra Legutio (Villarreal), había aprendido a defender el territorio palmo a palmo. Iba a ser un paseo para las fuerzas nacionales y le estaba costando a Mola más bajas de las previstas.

El Pagotxiki y la carretera de Villarreal a Aramaio estaban defendidos por varias compañías del Loyola (PNV) y de las MAOC 2 Guipuzcoa, que había acudido como refuerzo, y grupos de otros batallones que se distribuían por el bosque de Josenbaso. Además de las trincheras las defensas estaban reforzadas por un espectacular muro aspillerado, pintado por el gran Carlos Sáenz de Tejada posteriormente, que cortaba el avance de los vehículos por la carretera. Otro de parecidas características fue levantado en la carretera de Otxandio, controlada también por un fortín de hormigón.

Los tanques eran el enemigo número uno de los milicianos. Hacía falta mucha sangre fría para enfrentarse a los blindados. Los Panzer 1 alemanes no eran los temibles Tiger de la II Guerra Mundial pero ver cómo suben por la carretera seis carros de combate apuntando a tu trinchera producía impotencia y terror al soldado. La Asociación Sancho de Beurko, el grupo que mejor ha investigado los detalles de la Guerra Civil en el País Vasco, en su última revista digital 'Saibigain' narra la valiente y decidida reacción de los hombres del batallón Guipuzcoa, especialmente de su comandante Gonzalo Laredo, que ya tenía experiencia en Asturias enfrentándose a fuerzas moras en El Grado. Fue herido en aquellos combates de octubre.

Enviar por delante carros blindados era la sorpresa que guardaba el coronel Camilo Alonso Vega. A las 6 horas del 1 de abril firmó la orden. Los Panzer 1 habían tardado un día más de la cuenta en llegar a la zona desde otros frentes y actuaban por vez primera en el frente vasco. Eran más bien tanquetas ligeras con tripulación y mandos españoles, pero instructores alemanes, que iban con ellos. Llevaban de armamento dos ametralladoras MG13.

Pero la sorpresa llegó por parte de los milicianos comunistas, que contaban con el mejor armamento posible. Así lo cuenta el usurbildarra Manuel Goenaga con cierta arrogancia: «Un día seis pequeños tanques franquistas -¡unos tanques viejos!- avanzaban por el camino. ¡A ver, munición antitanque! Era especial; venía la bala forrada de plomo y por dentro era de acero. Las disparábamos con los fusiles y las ametralladoras. En esos momentos el comandante (Gonzalo Laredo) cargó la cinta en una de las ametralladoras y comenzó a tirar con esa munición. Impactó en uno y marcha, se fueron todos».

Munición rusa

Sobre las 8.30 de la mañana, según los datos de la asociación Sancho de Beurko, se encontraban ya en Villarreal los blindados. Volvieron a intentar atravesar las posiciones del MAOC a las 13.15, pero la decidida actuación del comandante Laredo los volvió a inmovilizar. La munición procedía de las remesas rusas enviadas por el Kremlin. Los periódicos se encargaban de resaltar estas gestas. En la batalla por Madrid del mes de noviembre se había hecho célebre el antitanquista Antonio Coll que, a base de un cinturón de granadas y lanzándose en solitario hacia los ángulos muertos de los carros, logró inmovilizar a seis hasta que finalmente cayó ametrallado por uno de ellos. Coll era un héroe en la propaganda republicana, igual que Gonzalo Laredo, que con su gesta había conseguido que decenas de hombres pudieran retirarse ordenadamente hacia Otxandio, aunque seguían siendo bombardeados desde el aire.

A pesar del éxito defensivo contra los Panzer, la pérdida de los montes Albertia, Jarindo y San Adrián, situados detrás y al Este del Pagotxiki, obligó a los milicianos a retirarse para no ser copados. Sobre las 2.30 se abandonaron todas estas posiciones. Por la noche fueron atacadas las defensas del puerto de Kruzeta.

El MAOC 2 Guipúzcoa del comandante Laredo no era un batallón como los demás. Las siglas corresponden a las Milicias Antifascistas de Obreros y Campesinos, una organización de carácter paramilitar creada por los comunistas que existía antes de la guerra. Todos los partidos de izquierda y derecha habían creado grupos de choque armados en la convulsa República. Estaba formado por guipuzcoanos y vizcaínos afines al partido comunista que dieron muestras de un gran valor y mucha disciplina. Fue uno de los batallones vascos que más veces se batió en diferentes frentes y su comandante cayó prisionero, según unas fuentes en Arrigorriaga y según otras en Santo Domingo defendiendo Bilbao. Fue fusilado inmediatamente por tropas de las Brigadas de Navarra que conocían muy bien su historial. Tenía otro hermano en el mismo batallón como teniente.