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Los esclavos que Agripa crucificó en Las Merindades

En la comarca burgalesa se ocultan las rutas que abrieron las legiones de Roma para combatir a los cántabros en su terreno, en los collados y cumbres que se ascienden en duras marchas de montaña

Grupo de recreacionistas caracterizados como soldados romanos en la rememoración del sitio de Alesia, en la Galia. /P.D.
Grupo de recreacionistas caracterizados como soldados romanos en la rememoración del sitio de Alesia, en la Galia. / P.D.
Javier Muñoz
JAVIER MUÑOZ

Octaviano era supersticioso y temía las tormentas en el monte. En cierta ocasión se salvó por los pelos de que lo alcanzara un rayo durante una marcha nocturna y atribuyó ese milagro a un amuleto de piel de foca que llevaba consigo. La descarga quemó ligeramente su litera y alcanzó de lleno, matándolo, a un esclavo que portaba una antorcha. Pero él salió indemne, y en prueba de agradecimiento erigió en Roma un templo al dios Júpiter Tonans (tonante, o del trueno). Todo eso ocurrió hacia entre el 26 y el 25 antes de Cristo, en un territorio lindante con Bizkaia que abarca las Merindades de Burgos, los valles pasiegos de Cantabria y la Montaña palentina. Es el escenario de las guerras de Roma contra las tribus cántabras, episodio que concluyó con una revuelta de esclavos como la de Espartaco, sofocada con crueldad un decenio más tarde por el general Marco Vipsanio Agripa.

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