Una boda principesca en la catedral de Vitoria

El 4 de abril de 1868 se casaron en Santa María la princesa rusa Sofía Troubetzkoy, que trajo a España la tradición del árbol de Navidad, y el aristócrata español José Osorio y Silva, clave en la restauración monárquica de Alfonso XII

Sofia de Troubetzkoy y su esposo el duque de Sesto, José Osorio y Silva/
Sofia de Troubetzkoy y su esposo el duque de Sesto, José Osorio y Silva
Francisco Góngora
FRANCISCO GÓNGORA

¿Qué tienen que ver la tradición de colocar un árbol de Navidad, la restauración monárquica de Alfonso XII y una boda principesca en la catedral de Santa María de Vitoria? El nexo de unión de estos hechos es una novia, Sofia Troubetzkoy, uno de esos personajes de leyenda que deslumbró con su belleza y su inteligencia las cortes europeas de finales del siglo XIX. Y tan importante como ella en esta historia es el novio, José Osorio y Silva, marqués de Alcañices y duque de Sesto y Alburquerque, cuatro veces grande de España.

Por extraño e insólito que parezca, eligieron Vitoria para su boda, en un viaje entre París y Madrid, el mismo año en el que Isabel II perdió su reinado en una España convulsa. La ciudad acababa de estrenarse como capital episcopal (1862) y Santa María lucía nuevo rango de catedral, algo que seguro influyó en los contrayentes. No podemos confirmar si fue el primer obispo de la Diócesis, Diego Mariano Alguacil, el maestro de ceremonia o los casó el magistral del Cabildo, el famoso Vicente Manterola, pero en esa época había una relación estrecha entre los monarcas españoles y la ciudad, visitada en varias ocasiones, según el libro de Santiago de Pablo, Joseba Goñi y Virginia López de Maturana, 'La Diócesis de Vitoria'.

Es indudable que Osorio, muy ligado a los reyes borbones como veremos en su perfil, conocía bien la ciudad y había estado en su templo más emblemático en varias ocasiones anteriores. También se apunta otra razón, la vinculación del duque de Alburquerque con el condado de Lacorzana, cuya casa torre fundada por los Hurtado de Mendoza se encuentra al sur de la provincia de Álava, en la localidad del mismo nombre, cerca de Miranda de Ebro. Su padre, Nicolás Osorio y Zayas, era el legítimo VII conde de Lacorzana y aunque le correspondía en herencia, el propio contrayente cedió ese título a su hermano Joaquín, con quien estaba muy unido.

Fuera cual fuese la razón de aquella boda principesca, las campanas de Santa María repicaron con alegría como correspondía a una ceremonia de postín. Ocurrió el 4 de abril de 1868. El Archivo Diocesano guarda los sacramentales que registraron el acontecimiento sin más dato especial que una mención a que el esposo era marqués y la esposa una princesa, que previamente se había convertido al catolicismo, según su biógrafa Ana de Sagrera. No hemos hallado referencia en la prensa de la boda ni en los cronistas habituales como Tomás Alfaro.

Pero aquella pareja dejó una huella imborrable en la España del siglo XIX. Veamos, Sofía Troubetzkoy había nacido en Moscú el 25 de marzo de 1838. Se casó, pues en Vitoria, recién cumplidos los 30 años. Aunque oficialmente era hija del príncipe Serguei Vassilievitch Troubetzkoy y de Ekaterina Petrovna Moussine-Pouchkine, ella misma se declaraba hija del mismísimo zar Nicolás I tras una aventura de este con su madre. Huérfana a temprana edad fue acogida por la familia imperial que la educó como una de sus hijas. Precisamente durante la coronación del zar Alejandro II en septiembre de 1956 conoció al duque de Morny, embajador francés, político, financiero y hermano de madre de Napoleón III. Contrajeron matrimonio en San Petersburgo tres meses después. Tuvieron cuatro hijos, la mayor, Sophie se casó con el IX conde de Lacorzana, José Ramón Osorio y Heredia, sobrino a su vez de José Osorio y Silva.

La belleza, la elegancia, los gustos extravagantes de la princesa rusa, como su pasión por los monos o los perros japoneses, corrieron de boca en boca por todas las cortes europeas. En 1865 falleció repentinamente su marido y tras un tiempo de luto descubrió que le había sido infiel. Eso la animó a volver a la una intensa vida social en Paris, tiempo en el que conoció a José Osorio, quien tenía una casa en la villa de Deauville, cercana a la desembocadura del río Sena, puesta de moda por la corte francesa de Napoleón.

Durante uno de sus viajes entre Deauville y Madrid, en abril de 1868, se casan en Vitoria. Pepe Osorio, nombre con el que se conocía popularmente al duque de Sesto, era uno de los grandes aristócratas españoles con un inmenso registro de títulos nobiliarios entre ducados, marquesados y condados y cuatro veces grande de España. Alcañices, Sesto, Algete, Alburquerque, Cuéllar, Cadreita, Montaos, Balbases, Cullera, Huelma, Ledesma, Fuensaldaña, Grajal, Torre de Perafán, Villanueva de Cañedo o Villaumbrosa formaban parte de su lista de títulos. Ya hemos dicho que cedió el título alavés de Lacorzana a su hermano Joaquín, muerto muy joven en una extraña escaramuza resuelta a sablazos frente a la alcoba de Isabel II.

La intensa biografía de Osorio Silva recorre todo el fin del siglo XIX. Fue uno de los hombres más ricos e influyentes del reino. Nació en el enorme palacio de Alcañices, uno de los edificios más soberbios de Madrid, que ocupaba gran parte de lo que hoy es la sede del Banco de España, entre la calle de Alcalá y el Paseo del Prado.

Con 28 años se convirtió en uno de los grandes alcaldes de la historia de Madrid. Era un personaje de novela por sus amoríos -la emperatriz Eugenia de Montijo intentó suicidarse cuando Osorio no le correspondió y se carteó con su hermana, Francisca de Portocarrero Guzmán, futura duquesa de Alba, su gran amor juvenil- y, sobre todo, por sus conspiraciones para conseguir la restauración de los borbones. Se empeñó en que la reina Isabel II abdicara en su hijo Alfonso XII, de quien fue mentor y maestro, para abrir la puerta de su vuelta como rey. En ello empeñó toda su fortuna y llegó a perderla.

En esa empresa, que tuvo un final feliz, no le fue a la zaga su esposa Sofia de Rubetzkoy, que organizó grandes reuniones de alfonsinos en su palacio y dio sonoros plantes al rey Amadeo de Saboya para presionar su marcha. Liderados por ellos toda la aristocracia española empujó para que Alfonso XII fuera el nuevo rey español. Sofia, por ejemplo, puso de moda una flor de lis como prendedor de pelo con este motivo, y tanto las damas de la aristocracia como el resto de mujeres del pueblo lo utilizaron. Además, instó a sus amigos y conocidos a llevarlo visible en la solapa, para mostrar su apoyo al rey. Pero sin duda la aportación más curiosa de la princesa rusa fue la de plantar por primera vez en España un árbol de Navidad. Fue en 1870 en el jardín del palacio de Alcañices, asentando una costumbre que fue calando primero entre la aristocracia madrileña y luego se generalizó.

La prematura muerte de Alfonso XII y el enfrentamiento de Osorio Silva con la reina viuda María Cristina alejó al duque de Sesto de la corte. Sofia murió en 1898 y fue enterrada en Paris. Pepe Osorio falleció en 1908.