1524, el año en el que el reparto del mundo se acordó en Vitoria

La primera consecuencia de la circunnavegación del globo por parte de Elcano fue la firma entre España y Portugal de un tratado en la capital alavesa para conocer a quién correspondían las islas Molucas o de las Especias

El emperador Carlos I retratado por Tiziano en 1548./
El emperador Carlos I retratado por Tiziano en 1548.
Francisco Góngora
FRANCISCO GÓNGORA

Las especias, como el clavo, la canela, la pimienta o la nuez moscada, eran desde muy antiguo fundamentales para condimentar los alimentos y los productos medicinales en todo el mundo conocido. Tenían el valor del oro negro, eran el petróleo de la época. Pero las rutas de su comercialización estaban controladas por musulmanes y venecianos. Terminada la Reconquista, Portugal busca una ruta alternativa al Extremo Oriente por mar bordeando África. En 1497 Vasco de Gama llega a la India y en 1509 las naves lusitanas alcanzan las islas Molucas, en el archipiélago indonesio, donde establecen un fuerte y buenas relaciones con algunas tribus nativas. Todos los intentos anteriores impulsados por los Reyes Católicos por llegar al mismo destino habían fracasado.

El tratado de Tordesillas (1494), por el que castellanos y lusitanos se repartían el mundo tras el descubrimiento de América con las bendiciones papales, repartió la suerte. Los portugueses seguirían buscando la Especiería por la ruta africana y el océano Índico. Los castellanos lo tendrían que hacer por el Atlántico y el Pacífico. Esa disputa por el comercio y la producción de las especias protagonizó las primeras décadas del siglo XVI. La posesión de Las Molucas motivó el viaje de Magallanes-Elcano que acabó con la primera vuelta al globo en 1522. Y Carlos V de Alemania y I de España nombró gobernador de estas islas a García Jofre de Loaysa, que capitaneó la segunda expedición en 1526 y halló la muerte, al igual que Juan Sebastián Elcano, su segundo, en esa aventura.

En ese contexto de largo enfrentamiento entre portugueses y españoles, con duros episodios bélicos y encarcelamientos, el rey viajero Carlos I acuerda con su homólogo Juan III reunir a sus representantes en Vitoria y poner en marcha toda la parafernalia diplomática para abordar la posesión de las islas de una vez.

Entre el 5 de enero y el 6 de marzo de 1524 Carlos I estableció su corte en Vitoria. Entre otras cosas, juró los fueros y aprovechó el momento para traer a sus diplomáticos. Ambos países creen que las islas de las Especias están en su ámbito de exploración establecido por el Tratado de Tordesillas. ¿Quién tiene razón ante los nuevos descubrimientos? Eso es lo que se trata de saber en la capital alavesa y revisar el acuerdo de 1494.

El tratado lleva fecha del 19 de febrero de 1524. No se menciona sede ni palacio alguno, solo la localización de Vitoria. Actúa de secretario Francisco de los Cobos, secretario personal de sus majestades (el rey Carlos I y su madre Juana, todavía viva). También es notario público y secretario del Consejo de Indias. Fue uno de los hombres más influyentes de su tiempo.

Por parte de la monarquía hispánica estarán presentes en las negociaciones Mercurino Arborio Gattinara, gran chanciller de sus majestades, o lo que sería el equivalente ahora al Ministro de Asuntos Exteriores. Gattinara es la vedette de la reunión. Tiene en su cabeza toda la estrategia para hacer de Carlos un nuevo Carlomagno, el hombre más poderoso de su tiempo. Y el control de las especias es un elemento importante. En segundo lugar, está presente Hernando de Vega, comendador mayor de Castilla, de la Orden de Santiago. El tercero es García de Calatrava, comendador mayor de la orden de Calatrava y el cuarto es Lorenzo Galíndez de Carvajal, jurista de prestigio y miembro de la Junta de Indias.

Por parte de la monarquía portuguesa están presentes Pedro Correa, señor de la villa de Velas y el doctor don Juan de Faria, ambos miembros del consejo del rey Juan III. En el documento firmado por Carlos I de España se expresa claramente las razones del pacto. «Hacemos saber que, por cuanto entre el serenísimo y muy excelente rey de Portugal, nuestro muy caro e muy amado sobrino y primo, y Nos, hay duda y debate sobre a quien pertenece la propiedad del Moluco como sobre la posesión de él».

Diplomacia en marcha

Pero el acuerdo no cierra el conflicto sino que abre una vía técnica para desbloquearlo. Hay que tener en cuenta que cuando el emperador recibe personalmente en 1522 a Elcano y dos de sus hombres, admirado por su hazaña, la diplomacia de Carlos I se pone en marcha y envía relatos a personajes fundamentales de la política europea, como el propio papa Adriano VI, abonando las tesis de que aquel territorio de las especias caía en el área de influencia castellana marcado por Tordesillas.

Entre los acuerdos se dice que serán designados por cada parte tres astrólogos, tres pilotos y tres navegantes. «Y estos hombres deben reunirse antes del fin del mes de marzo en la línea fronteriza de Castilla y Portugal, entre las ciudades de Badajoz y Elvas, para que a fines de mayo siguiente podrán determinar de acuerdo con los términos del tratado de demarcación mencionado».

En otro de los capítulos del tratado se señala que «del mismo modo tres abogados serán nombrados por cada lado dentro del mismo período y en el mismo lugar, y deben investigar la posesión de Molucas, y al recibir las pruebas, los documentos tratados, testigos y derechos que se hayan presentado ante ellos, determinarán la posesión».

Un tercer apartado señala que durante este tiempo quedan suspendidas todas las expediciones con fines comerciales o de trueque.

El documento, larguísimo y con un lenguaje diplomático, lo firman como testigos Francisco de Valenzuela, caballero de la Orden de Santiago, Pedro de Salazar, capitán de sus majestades, Pedro de Isasaga, contino de sus majestades, Gregorio Casgas, Álvaro Mejía, Sebastián Fernández y Juan de Samano.

El documento fue ratificado por el rey el 27 de febrero de 1524. Al tratado de Vitoria y para su cumplimiento siguió a continuación entre el mes de marzo y mayo de 1524 la llamada Junta de Badajoz y Elvas, la reunión de los peritos para trazar una raya en el Pacífico que repartiera la zona de influencia de cada país. Entre aquellos cosmógrafos, pilotos y navegantes estaban el mismísimo Juan Sebastián Elcano, Sebastián Caboto, Juan Vespucio, Hernando Colón (hijo del descubridor de América), Diego Ribeiro, Esteban Gómez, Simón Alcazaba o Diego López de Sigueiro, la flor y nata de los grandes geógrafos y marinos de la época. Los técnicos de la NASA del momento. Pero después de muchas discusiones y debates mirando mapas, cartas y escritos, no se llegó a ninguna conclusión.

Dos años más tarde el emperador Carlos se casó con Isabel de Portugal, reforzando los lazos entre las dos coronas y permitiendo el acuerdo sobre las Molucas que consistió en evitar problemas con Portugal a la que entregó el archipiélago por una cantidad de 350.000 ducados de oro. El nuevo tratado firmado en Zaragoza en 1529, fijaba las esferas de influencia de Portugal y España a 297,5 leguas al este de las Molucas. Había cosas que no se habían descubierto y los mapas seguían siendo imprecisos. Por esa regla de tres, Filipinas tenía que haber sido portuguesa. Lo mismo que Brasil, por el tratado de Tordesillas, nunca podría ser portuguesa. Pero así se hace la historia y muchos tratados son papel mojado.