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Fun&Serious

Los viejos juegos se resisten al 'game over'

El creador de 'Super Mario World', de la mano de una figura Mario./
El creador de 'Super Mario World', de la mano de una figura Mario.

Los títulos clásicos se han vuelto eternos y alimentan desde las réplicas de consolas pioneras hasta la zona retro del Fun&Serious

Carlos Benito
CARLOS BENITO

Para algunos, se trata simplemente de nostalgia: en su momento dedicamos tantas y tantas horas a aquellos videojuegos de la adolescencia que, lógicamente, se acabaron convirtiendo en parte importante de nuestra vida y en un resorte fundamental de nuestra memoria. Tanto, que basta un gráfico pixelado o una de aquellas sintonías en 8-bit para arrastrarnos por el túnel del tiempo hasta una época de menos años y (según creemos recordar) menos preocupaciones. Para otros, en cambio, existe también una razón artística, ya que encuentran en los juegos de antaño una creatividad y una pureza que echan de menos en títulos recientes, más aparatosos y menos ingenuos. El caso es que a los grandes clásicos no les llega su 'game over': del mismo modo que la historia de la música popular ha desembocado en la 'retromanía', la coexistencia y reelaboración de material de sus distintas épocas, el mundo del juego se ha entregado decididamente al eterno retorno de aquellos viejos colosos que tanta felicidad trajeron al mundo.

PlayStation se suma ahora a esta tendencia con su modelo Classic, una réplica de la consola original (al 45% de su tamaño) que permitirá a muchos aficionados adultos regalarse para Navidad un suculento pedazo de su juventud. El artefacto está pensado para evocar irremediablemente otra época, con el mismo sonido de arranque, los mismos botones (por mucho que algunos hayan perdido su función primigenia) y, por supuesto, los mismos mandos con la legendaria cruceta que pone a prueba la resistencia del pulgar izquierdo. La consola, que sale al mercado en diciembre y lleva instalados juegos como 'Grand Theft Auto', 'Metal Gear Solid', 'Final Fantasy VII' o 'Resident Evil', completa un panorama retro en el que ya estaban la Nintendo Classic Mini (versión en miniatura de la NES con títulos como 'Super Mario Bros', 'Pac-Man' o 'Bubble Bobble'), la Super NES Mini (con 'Donkey Kong Country' o 'Super Mario World') o la C64 Mini, inspirada en el vetusto Commodore 64. Por supuesto, a este mercado millonario de recuerdos se suman los juegos retro para móvil o las nuevas versiones de clásicos (como el 'Tetris' para jugar en realidad virtual), además de un coleccionismo capaz de pagar cientos e incluso miles de euros por un juego original.

La primera videoconsola

«Por un lado, hay una cuestión de preservación histórica: es un legado que nadie en la industria se está tomando en serio, se ha dejado en manos de fans, coleccionistas y emuladores. Por otro lado, es verdad que el videojuego ha cambiado mucho: los primeros juegos eran más 'puros', en el sentido de que estaba todo basado en una o dos mecánicas y los gráficos, sonido, etcétera eran tan escasos que no 'distraían'. La nostalgia está ahí, pero sólo por eso no sería, o no habría toda una línea de desarrollo alrededor de recuperar antiguos conceptos de diseño de juego», reflexiona Alfonso Gómez, director del Fun&Serious, el mayor festival de videojuegos de Europa, que celebra su octava edición en el BEC de Barakaldo del 7 al 10 de diciembre. En su Zona Retro habrá una exposición de consolas y videojuegos sacada de la mayor colección nacional, la del museo Mutecvi: incluirá desde los 'sospechosos habituales' hasta rarezas como la Odyssey (la primera videoconsola de la historia, lanzada al mercado estadounidense en 1972) o la Overkal (la primera consola pirata, que data de un año más tarde y era, ejem, española). En el festival, organizado por EL CORREO, no faltará una zona de juego libre con consolas, microordenadores clásicos y máquinas de 'arcade', para reencontrarse con viejos amigos como 'Sonic' o 'Wipeout'.

Si alguien se siente un poco culpable por disfrutar como un niño con uno de estos juegos de otra era tecnológica, siempre puede echar mano de los argumentos que el británico Steven Poole esgrimía hace dieciséis años: «Puedo leer una novela de Joseph Conrad publicada hace un siglo o un 'thriller' de Len Deighton de los 80 y nadie me llamará 'retrolector'. Tampoco 'retroescucho' si me pongo algo de Bach, de Frank Sinatra o de Van Halen. Y ver películas clásicas de Cary Grant de los 40, o 'El séptimo sello', o 'El imperio contraataca' no se considera 'retrocine' (...). Si se reconociese a los videojuegos como la importante forma cultural que son, jugar a títulos de los 80 no se consideraría 'retro', solo sería otra opción disponible dentro de la historia del medio».

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