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Análisis

Yoshi's Crafted World: el clímax de lo adorable

Yoshi's Crafted World /
Yoshi's Crafted World

El dinosaurio de Nintendo se estrena en la consola híbrida

José Carlos Castillo
JOSÉ CARLOS CASTILLO

Luigi's Mansion 3, Pokémon Sword & Shield, Animal Crossing, Fire Emblem: Three Houses, el renacimiento de The Legend of Zelda: Link's Awakening... Qué duda cabe de que 2019 será un año determinante para Nintendo Switch. Antes que todos ellos irrumpe 'Yoshi's Crafted World', un plataformas de avance lateral que consigue insuflar aire fresco a la franquicia.

Restando sus inumerables cameos, el dinosaurio ha protagonizado cuatro grandes aventuras hasta la fecha: Yoshi's Story en Nintendo 64, Yoshi's Island en Nintendo DS, Yoshi's New Island en 3DS y Yoshi's Woolly World en Wii U (recientemente convertido a la portátil estereoscópica). Todos ellos cuentan con el denominador común de un avace relajado; el coleccionismo como pilar fundamental de la jugabilidad y unos gráficos preciosistas, a imitación del dibujo con ceras o el tricotado.

Crafted World respeta dichos preceptos: disfruta el jugador pero también el espectador, dado el derroche de creatividad inherente a la estética y cómo ésta impacta en el grueso de las mecánicas. En esta ocasión el tema central son las manualidades, por lo que escenarios y enemigos se han diseñado mediante texturas a imitación del cartón, el corcho, el papel o el plástico entre otros materiales. Pensad en un dioarama repleto de elementos interactivos, donde lanzar huevos para descubrir segmentos por los que continuar el avance. Así, tendemos puentes de cartón para salvar abismos, confeccionamos medios de transporte y rompemos piñatas en busca de ítems.

Una vez más, alcanzar la meta se antoja insignificante. El verdadero reto está en hacerlo con todas las 'flores sonrientes' en nuestro poder: varias están escondidas a lo largo del recorrido y las tres restantes se consiguen por completar el nivel con el indicador de vitalidad repleto; hacernos con más de cien monedas doradas y recolectar una veintena de monedas rojas. ¿En resumidas cuentas? Un buen número de horas por la necesidad de repetir algunas fases: el mapa se fragmenta en pequeñas regiones (acuática, ninja, lúdica, espacial...), requiriéndose cierta cantidad de flores para desbloquear la siguiente.

A lo anterior sumamos los 'reversos' de cada escenario, donde podemos agenciarnos hasta cuatro flores sonrientes más (lo abordamos en breve). Aquí entra en juego la principal seña de Crafted World: la posibilidad de disparar huevos no sólo al frente, también al fondo de la acción. Durante el avance y en segundo plano encontramos infinidad de recortables y enemigos, lo que invita a fijar el cursor en todos los elementos 'sospechosos'. Algunos pueden ocultar el coleccionable que nos falta o bien activar mecanismos fundamentales para concluir el nivel. También encontramos minijuegos, como pruebas de tiro al blanco en la lejanía.

Ahora sí, respecto a la posibilidad de transitar 'la otra cara' de los niveles, se nos brinda al completarlos por primera vez. Entonces tendremos que localizar a los tres 'poochitos' escondidos, siguiendo el sentido contrario al original (de la meta al punto de partida). Resulta curioso cómo cambian los escenarios desde estre otro lado, por lo que encontramos un motivo más para rejugar todas y cada una de las fases. No obstante, hubiésemos preferido que el diseño de niveles alternase perspectivas en la primera vuelta; que Yoshi pudiese escudriñar la trastienda del recorrido en cualquier momento, lo que habría añadido mucha más miga.

En consecuencia, y dado que el nivel de dificultad es ínfimo (los ítems tampoco se han ocultado a conciencia), no todos los jugadores se conformarán con el deleite visual. Aún y con esas se ha incluido un 'modo relajado' para los más pequeños y 'atuendos' desbloqueables a modo de armaduras. El paquete se completa con unos enfrentamientos finales la mar de atractivos y desafíos que aportan variedad: controlar a un robot provisto de grandes puños; participar en carreras de coches solares; derribar animales de cartón en una suerte de shooter sobre raíles...

Como Woolly World, 'Crafted' también permite el juego en cooperativo, previa separación de Joy-Cons. El problema aquí es que el diseño de niveles no se ha amoldado en consecuencia: sí, podemos practicar monturas dobles o absorber al segundo jugador para usarlo cual proyectil, pero son habilidades anecdóticas. A la hora de la verdad, ambos usuarios terminan molestándose más que otra cosa.

Artísticamente ya lo hemos dejado caer: es un juego adorable hasta decir basta. Lo que no entra en la cabeza es la decisión de limitar su resolución en pos de una tasa de frames estable (60 por segundo), siendo éste un título de corte pausado. La falta de nitidez se hace evidente en modo portátil (496p), por lo que estamos ante uno de esos juegos que es mejor disfrutar en pantalla grande. Con todo, tampoco alcanza el 'HD' en el televisor (676p), donde la falta de antiasing es más evidente.

La banda sonora, por su parte, es agradable aunque más bien plana y llega acompasada de los soniquetes a que nos tiene acostumbrados el dinosaurio.

Nuestra valoración

Yoshi's Crafted World es un juego preciosista en grado sumo, con un diseño de niveles loable. Con todo, el segundo plano y reverso de cada escenario podrían haberse aprovechado más, cuando hablaríamos de una experiencia redonda.

Quienes se acerquen no deben olvidar que la franquicia Yoshi es sinónimo de ritmos pausados y coleccionismo de ítems. Limitarse a completar niveles 'de corrido' implica alcanzar los créditos en un santiamén, gracias en parte a la baja dificultad. Los jugadores más comprometidos, sin embargo, se deleitarán durante más de quince horas.