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Análisis

Taiko no Tatsujin Dream'n Fun: baquetas al aire

Taiko no Tatsujin Dream'n Fun/Bandai Namco
Taiko no Tatsujin Dream'n Fun / Bandai Namco

El simulador de percusión desembarca en Europa

José Carlos Castillo
JOSÉ CARLOS CASTILLO

'Taiko no Tatsujin' es una de tantas extravagancias surgidas en el país del Sol Naciente. La recreativa original llegó a los salones arcade en 2001, indispuesta a pasar desapercibida: dos enormes tambores que aporrear con sendas baquetas, al ritmo de las notas musicales que desfilaban por la pantalla.

Ni que decir tiene que la máquina se convirtió en fenómeno; a la altura de 'Dance Dance Revolution' y su alfombrilla de baile. Esto propició infinidad de versiones para todas las plataformas (teléfonos móviles inclusive), todas ellas inéditas en el Viejo Continente. Extraña, considerando la ingente cantidad de periféricos aparecidos a este lado del charco: desde las maracas de 'Samba de Amigo' a los bongos de 'Donkey Konga', pasando por las consabidas guitarras, baterías y platos de DJ.

Sea como fuere, Bandai Namco ha cambiado de parecer. La última iteración de la franquicia acaba de irrumpir en PlayStation 4 y Nintendo Switch, siendo esta última la protagonista de nuestras sesiones de percusión.

De rojos y azules

La base del juego radica en la técnica tradicional nipona, por la que aporrear el centro o el canto del tambor según el sonido que pretendamos. Lo primero se indica con notas de color rojo y lo segundo con las de color azul, a lo que sumamos redobles varios. Comparado con las teclas arcoíris de 'Guitar Hero' puede parecer sencillo, pero los niveles de dificultad más elevados arrojan instrucciones a velocidad de vértigo.

La modalidad principal es el 'Modo Taiko' para uno o dos jugadores, donde nos limitamos a elegir canción e interpretarla lo mejor que sepamos. Eso sí, no se dará por 'superada' hasta encandenar el suficiente número de aciertos, que rellenan el 'indicador de Alma' sito en la parte superior. Igualmente podemos iniciar una partida 'colaborativa' o enfrentarnos al segundo jugador, quien no tardará en pillarle el truco gracias a la simplicidad que comentábamos.

Respecto al listado de canciones, contamos la friolera de 63 temas segmentados por categorías: música clásica, bandas sonoras de videojuegos y series de animación, éxitos pop... El 'problema' para muchos será la naturaleza marcadamente nipona de las composiciones, desconocidas para la mayoría de usuarios. Optar por una tracklist 'occidentalizada' habría multiplicado la audiencia potencial del juego, qué duda cabe, si bien los incondicionales de la franquicia (quienes hasta ahora habían optado por la importación) hubiesen puesto el grito en el cielo. Cuestión de números suponemos, lo único seguro es que las piezas familiares se disfrutan más.

La colaboración con Nintendo en Dream'n Fun arroja, además de canciones inherentes a sus propiedades intelectuales, una serie de avatares desbloqueables (Kirby entre ellos). Éstos suponen ayudas para los jugadores menos duchos, tales como cadencias más sencillas o una mayor tolerancia a los errores.

La otra vertiende del título es el 'Juego festivo', donde participan hasta cuatro jugadores en una misma consola. Comprende una veintena de minijuegos ambientados (una vez más) en la tradición japonesa, algunos cooperativos y otros competitivos. Cierto que unos merecen más que otros, pero hablamos de pruebas muy divertidas en su mayoría, al más puro estilo 'Rhythm Paradise'. Lo mismo acudimos a un buffet de sushi, que entrenamos nuestras dotes de Ninja o participamos en un concurso de izar banderas, todo ello memorizando ritmos o ejecutándolos en el momento preciso. También podemos afrontar versiones 'experto' de cada minijuego... siempre que nos gusten los retos.

Controles para todos los gustos

Respecto a PlayStation 4, la edición para Nintendo Switch ofrece múltiples esquemas de control. El más recomendable es también el tradicional, con el accesorio a modo de tambor que incluye la edición limitada del juego. Una vez calibrado nuestro televisor (posición de nota y cadencia de reconocimiento) para evitar retardos, golpear con las baquetas se antoja una delicia. Transmiten sensaciones harto similares a las de la recreativa, responsables a fin de cuentas de su tremenda popularidad.

Otra opción es desacoplar los Joy-Con y tirar de controles por movimiento: moverlos hacia abajo implica una percusión simple y hacerlo en diagonal 'impacta' en el canto de nuestro tambor virtual. La vibración HD intenta transmitir feedback por cada golpeo, pero lo consigue a duras penas. En cualquier caso, el juego no reconoce algunos de nuestros movimientos o lo hace de forma errática, cual redobles o notas inversas. ¿Reside el problema en los giroscopios de Switch? Lo dudamos, visto su buen desempeño en títulos como 'ARMS'.

Si no hemos conseguido el mentado tambor ni queremos someternos a imprecisiones, aún quedan dos alternativas. Podemos jugar pulsando la pantalla táctil o recurriendo a los botones, cuando el porcentaje de aciertos crece exponencialmente. La experiencia pierde algo de gracia, sí, pero Dream'n Fun divierte aún sin armatoste de plástico entremedias. Porque la clave sigue siendo la misma: seguir el ritmo.

Nuestra valoración

Taiko no Tatsujin: Dream'n Fun para Nintendo Switch es un imprescindible para cualquier amante del género músical. Con algunos peros: el primero su tracklist, plagada de temas tan sólo populares en el país del Sol Naciente; el segundo sus esquemas de control, donde el tambor a juego se antoja cuasi indispensable para una experiencia acorde a las sensaciones de la máquina recreativa.

Las opciones multijugador y la simpleza (a priori) de alternar dos notas, también lo convierten en imprescindible de cualquier fiesta.

 

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