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Análisis

Starlink: Battle for Atlas o el cameo de los juguetes interactivos

El escuadrón Star Fox en Starlink: Battle for Atlas /Ubisoft
El escuadrón Star Fox en Starlink: Battle for Atlas / Ubisoft

Ubisoft Toronto firma una adictiva aventura espacial en mundo abierto

José Carlos Castillo
JOSÉ CARLOS CASTILLO

Hará algunos meses, en pleno repaso de las novedades que Ubisoft mostraría durante la Electronic Entertainment Expo, me pregunté si Starlink: Battle for Atlas continuaba en desarrollo. Tras cerca de un año sin noticias del juego y el progresivo declive las figuras interactivas, cabía la posibilidad de que los franceses se hubiesen replanteado la cuestión.

No fue así. Battle for Atlas acaba de llegar al mercado; justo en el peor momento pensarán algunos. A sendas entregas de Assassin's Creed y Call of Duty sumamos el todopoderoso Red Dead Redemption 2, cuyas ventas prometen dinamitar todos los récords. Aún así, la producción de Ubisoft Toronto atesora la suficiente personalidad como para encontrar su nicho estas navidades.

La idea central de Starlink es el empleo de naves en miniatura con armamento y pilotos intercambiables. Éstas se acoplan al mando para trasladar la configuración al juego, lo que insufla cierto componente estratégico a las refriegas espaciales. Para más inri, las diferentes tipologías del arsenal (hielo, fuego, vórtice...) se combinan para dar lugar a envites devastadores, tales como «impacto térmico», «estallido gravitatorio», «vórtice de fuego»... Cada enemigo presenta sus propias debilidades, dependiendo de nosotros el detectarlas y hacer los acoplamientos necesarios.

El trueque 'elemental' también apela a rompecabezas discretos, diseminados por los siete planetas que componen el sistema Atlas. Como integrantes de la iniciativa Starlink, debemos explorarlos para restablecer el orden y rescatar a nuestro mentor, el astrofísico Victor St. Grand. Pero no será fácil: un ejército robótico conocido como «La Legión Olvidada» ha despertado bajo las órdenes del enigmático «Grax». Su intención es honrar a una civilización superior ya extinta, «Los Guardianes», depurando la energía de toda la galaxia para dominarla.

Reconocemos aquí el esfuerzo del gigante galo por confeccionar un rico universo narrativo. Cada miembro de la iniciativa alberga un trasfondo de interés y la aventura avanza sin miramientos, consiguiendo que nos sintamos parte de la tripulación. Claro que cuenta con unos aliados de excepción: el escuadrón Star Fox irrumpe en la versión para Nintendo Switch y no de cualquier manera. Cuentan que Shigeru Miyamoto quedó tan fascinado con el proyecto que otorgó plena libertad creativa a sus responsables. En consecuencia, Fox y los suyos protagonizan una serie de misiones exclusivas (a la altura de la campaña principal) e interactúan con el resto de personajes sin fisuras ni extraños.

Ayuda el que la mecánica de juego case a la perfección con la franquicia del zorro galáctico. Los combates contra buques espaciales y jefes finales, por no hablar de las secciones de navegación a prueba de reflejos, recuerdan sobremanera a lo visto en Lylat Wars y derivados. En este sentido, la experiencia resulta mucho más satisfactoria que la de Star Fox Zero, el precipitado remake de Platinum Games para Wii U.

No obstante, Starlink: Battle for Atlas difiere significativamente al decantarse por la exploración en mundo abierto. Cuando no estemos batallando en el espacio exterior, sobrevolaremos cada planeta para desentrañar hasta el último rincón del mapa. Extractores y titanes serán las principales amenazas a erradicar si queremos expulsar a la Legión, lo que nos granjeará «Electrum» y «Nova». Invertiremos ambos para mejorar la nave nodriza («Equinox») y establecer bases (talleres, refinerías, observatorios...), con las que devolver el astro de turno a las facciones nativas. Así, la «Expedición» se encarga de cartografiar Atlas; los «Prospectores» se ocupan de los suministros y los «Forajidos» disparan sin poreguntar primero.

Cada facción nos encarga misiones secundarias pero, a fin de cuentas, pasaremos la mayor parte del tiempo derrotando hordas y acopiando recursos naturales para mejorar las bases. Sí, estos encargos resultan un tanto monótonos a la larga, pero Ubisoft siempre ha sabido picarnos para despejar hasta el último indicador en pantalla. Aquí vuelve a conseguirlo. Tal vez sea porque el control de las naves resulta una delicia; como cuando nos limitábamos a escalar fachadas y saltar entre tejados en Assassin's Creed, por mero placer. Si a esto le sumamos el apoyo de Peppy, Falco y compañía, a modo de habilidad secundaria, entenderéis por qué nos encontramos ante un caladero de horas.

Aplaudo también el que los juguetes, aunque efectistas, no resulten imprescindibles. Si las piezas intercambiables no son lo vuestro, sabed que uno puede completar el juego sin prestarles demasiada atención (aunque ello suponga pasar por alto determinadas cosas). Dicho de otra forma: no hay puntos muertos, en los que resulte imposible avanzar por no haber comprado tal nave o arma. Además, sabedora de que el metro cuadrado está por las nubes, Ubisoft Toronto nos ahorra espacio en casa con la venta digital de pilotos, buques y arsenal (cual contenido adicional descargable).

A nivel técnico, la edición más atractiva (Nintendo Switch, por su cameo) es lógicamente la menos vistosa. Aún así, el motor Snowdrop funciona realmente bien, sin caídas en la tasa de frames ni variaciones excesivas para con el resto de versiones. Sí que apreciamos algo de popping y dientes de sierra, pero el arte salva la papeleta. Los desarrolladores han impreso un ambiente distintivo a cada planeta, convertidos en un desfile de colores pastel y fauna extravagante. Sí, las comparaciones con No Man's Sky resultan inevitables, pero aquí al menos no hay cabida para el aburrimiento. Los efectos de sonido, la grandilocuente banda sonora y el doblaje (al castellano) también consiguen meternos en acción, destacando una vez más lo concerniente a Star Fox.

Por poner alguna pega, choca el empleo de secuencias de corte anime, estáticas y pregrabadas. Una mayor homogeneidad hubiese beneficiado al título, a medio camino entre lo realista y lo caricaturesco. Prejuicios que podrían alejar a los jugadores más talludos.

Nuestra valoración

Starlink: Battle for Atlas se las prometía un intento a destiempo en el manido segmento de los juguetes interactivos. Afortunadamente, las piezas intercambiables son lo de menos.

Aguarda una aventura en mundo abierto adictiva como ella sola, cuyas refriegas espaciales recuerdan a los mejores tiempos de la serie Star Fox. El cameo en Nintendo Switch se ha ejecutado a la perfección, por lo que también los incondicionales de la serie encontrarán motivos para acercarse al desarrollo de Ubisoft Toronto.

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