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Análisis

A Plague Tale - Innocence: Peste, guerra e Inquisición

A Plague Tale: Innocence /
A Plague Tale: Innocence

Asobo Studio nos lleva a la Francia del siglo XIV

MARC FERNÁNDEZ

Hace unos meses, cuando tuve la oportunidad de poder probar la preview de A Plague Tale Innocence, ya tenía más que claro que me encontraba delante de una de las sorpresas del año. El buen hacer de Asobo Studio nos ha traído una aventura de corte clásico, con un gran calado cinematográfico, que destaca sobre todo por su apabullante atmósfera y una historia cruda en el apurado contexto de la Edad Media.

Podríamos describir A Plague Tale como una obra de contrastes, se nos cuenta una historia adulta, que juega con el concepto de la muerte y no se corta a la hora de mostrar los horrores de una sociedad pasada; aunque, por otro lado, tiene tintes de cuento clásico, por lo que en todo momento los sucesos son narrados desde el punto de vista de niños cuya realidad les fuerza a madurar antes de tiempo, sin perder cierto ápice de inocencia.

El juego nos narra la vida de Amicia y Hugo, dos jóvenes de familia noble que de la noche a la mañana se ven en la más absoluta miseria, obligados a enfrentarse a peligros cuya razón de ser escapa a su comprensión. Esta premisa se materializa en un videojuego de aventuras en tercera persona, donde cobran gran importancia el sigilo y los puzles.

Bajo la piel de Amicia, nos encargaremos de guiar a su hermano Hugo a través del desconocido y amenazante mundo exterior. Por motivos de la trama, nos persigue todo un ejército de inquisidores, así que tendremos que lidiar con ello como buenamente podamos. Al estar en clara desventaja frente a guerreros armados hasta los dientes, nuestra opción más fiable será el sigilo. Contaremos con sencillas maniobras de distracción que ejecutaremos gracias a la honda que maneja nuestra protagonista y a las posibilidades que ofrece la interacción con el entorno.

Deberemos ser bastante cautelosos a la hora de decidir cuál será nuestro próximo paso, los enemigos tienen el oído muy fino, por lo que correr o utilizar la honda cuando no toca probablemente llamará su atención. El más mínimo error nos llevará al fracaso, y si un enemigo nos descubre durante la fase de sigilo, podemos darnos por muertos. Al no existir barra de vida, el juego de Asobo Studio prefiere tirar por la senda del realismo y dar a entender al jugador de que, si una niña recibe de pleno un lanzazo, lo más probable es que muera ipso facto.

Otra de las grandes amenazas que se presenta como un pilar fundamental de la historia es la plaga: una hueste de ratas hambrientas inunda los escenarios cuando el sol se pone. Lo único capaz de mantener a raya a este enemigo es la luz, por lo que el propio fuego se convertirá en un elemento de gran importancia en la jugabilidad. La oscuridad aquí será nuestro mayor enemigo.

Dispondremos de un taller mediante el cual mejorar el equipo de Amicia. Durante la aventura podremos ir recopilando materiales que nos ayudarán a potenciar características como, por ejemplo, optimizar la honda para así perfeccionar nuestra pericia con ella, pudiendo disparar más rápido o aumentar la capacidad de nuestras bolsas para poder cargar mayor cantidad de munición. Además, a lo largo de la aventura iremos desbloqueando nuevas herramientas para afrontar con mayor efectividad las situaciones de peligro. En general, contamos con un equipo bastante limitado, así que en ningún momento la dificultad base del juego se ve alterada por un exceso de potencia del que podamos abusar.

Tampoco es que nos encontremos delante de una aventura en la que prime la acción. El juego no dispone de mecánica de combate alguna, más allá de ciertos momentos en los que atacar al enemigo en enfrentamiento directo (planteados como puzles que ponen a prueba nuestros reflejos). Más bien nos preocuparemos de usar la honda y el fuego para configurar el entorno a nuestro favor.

Precisamente una de las mayores virtudes de A Plague Tale es su inmersión, el cómo a los pocos segundos de partida es capaz de meterte de lleno en el mundo. Esa sensación de sentirte completamente insignificante ante peligros que ni siquiera somos capaces de comprender; la plaga de ratas roza el concepto del terror lovecraftiano, un mal indescriptible completamente ajeno a la moral humana. La banda sonora cumple un papel muy importante aquí, con temas repletos de sonidos estridentes y melancólicos, en general centrada en instrumentos de cuerda. Acompañan a la perfección los sentimientos que afloran en los protagonistas por todo lo que sucede en pantalla, y conectan fácilmente con el jugador.

A nivel gráfico el juego cumple sobradamente, visualmente es precioso y la paleta de colores, inspirada en las obras de pintura de la época, ha sido cuidadosamente seleccionada para otorgarle un valor añadido realista, destacando el uso de la luz, los juegos de sombras y el modelado de los personajes. Pero lo que más alabamos del apartado artístico es el uso narrativo que se le da a la imagen. Nos ayudará a comprender mejor la historia y a empatizar con la delicada situación de los protagonistas.

En cuanto al rendimiento, el juego ha mejorado bastante con respecto a lo probado en la preview de hace unos meses: los problemas de tirones en la versión de PC han desaparecido completamente y como mucho se percibe alguna que otra bajada de frames muy puntual. El carácter cinematográfico del juego ayuda en la creación de un espectáculo visual. Es cierto que contamos con las limitaciones que presentan las aventuras lineales 'on rails', así que habrá ocasiones en las que sintamos que el juego nos va guiando de la mano. Tampoco existen muchas razones para la rejugabilidad, sin embargo, este factor está perfectamente compensado por la intensidad de la campaña.

Nuestra valoración

A Plague Tale Innocence es uno de los tapados del año, e incluso de la generación. Una aventura que cuenta con personalidad y un carácter muy propios, por los que, sin duda, hará las delicias de los jugadores que gusten de las historias que no se andan con remilgos.

Quizás no sea lo esperado para aquellos que deseen romperse la cabeza con un título complejo: no lo pretende en absoluto, ni está hecho para agradar a todo el mundo. Con todo, la experiencia merece la pena.