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Análisis

Oninaki o el rol de las almas perdidas

Oninaki /
Oninaki

Reseñamos lo nuevo de Tokyo RPG Factory, estudio responsable de 'I am Setsuna' y 'Lost Sphear'

JORGE GARMENDIA

El rol tradicional japonés es uno de los géneros inagotables en el mundo de los videojuegos; son numerosos los desarrolladores que lo mantienen vivo con sus trabajos.

Un claro ejemplo es Tokyo RPG Factory (estudio responsable de 'I am Setsuna' y 'Lost Sphear'), que regresa con el que se promete su proyecto más ambicioso hasta la fecha: Oninaki. Un action-RPG con el que, si bien mantienen el estilo artístico clásico y el tono melancólico característicos de sus dos anteriores obras, apuesta en cambio por una acción más directa, en tiempo real y sin turnos.

En el mundo de Oninaki las creencias religiosas sobre la vida y la muerte rigen una sociedad en la que todo gira en torno al proceso cíclico de la reencarnación, conocido como 'el camino a seguir'. Sin embargo, si sentimientos como la culpa, el miedo, el dolor o el odio invaden al fallecido, la transición entre las dos vidas puede truncarse y quedará atrapado en una dimensión paralela. Además, si no recibe ayuda pronto éste puede llegar a convertirse en un 'Caído', una aberración que amenaza la existencia tanto de los vivos como de los muertos.

En este contexto nos ponemos en la piel de Kagachi, un joven miembro de la orden de los Vigilantes, los luchadores espirituales encargados de guiar a las almas perdidas que deambulan sin rumbo en su camino hacia el Más Allá. Los Vigilantes son los únicos capaces de cruzar al otro mundo a placer para liberar a los entes errantes de los lazos que los atan a las penas y los remordimientos del pasado, a fin de que estos encuentren el camino hacia la reencarnación. Sin embargo, el orden establecido se ve compromete cuando aparece en escena un poderoso Diablo de la Noche. Así, el viaje que experimentaremos nos llevará, cambiando de una dimensión a otra, a ayudar a estas almas perdidas cumpliendo las misiones que nos proponen y a acabar con el gran mal que se forja y acecha en la oscuridad.

Durante la aventura, además de adentrarnos en un trasfondo lleno de preguntas existencialistas y dilemas reflexivos, viviremos con nostalgia el drama personal de nuestro protagonista y su misteriosa conexión con el espíritu Linne. Kagachi, tras quedar huérfano de niño, fue adoptado a una edad temprana por una familia de miembros de la orden, viviendo una infancia trágica y fría de la que a duras penas ha conseguido sobreponerse. Por eso, se escuda ahora en un carácter duro, grosero y arrogante y vive dedicado por completo a su trabajo; una personalidad que no es más que el reflejo natural de su historia.

El apartado narrativo, oscuro y transcendental de Oninaki es uno de sus puntos más fuertes. El título logra a la perfección que empaticemos con nuestro protagonista y su evolución y la originalidad de la trama nos mantendrá interesados durante las más de treinta horas que dura la campaña. Por el contrario, el desarrollo de los personajes secundarios es casi inexistente y penaliza demasiado al conjunto. El universo que crea Oninaki cuenta con un gran potencial a nivel argumentativo y con un poco más de esfuerzo podría haberse cincelado un escenario totalmente redondo y lleno de contenido.

La aventura nos lleva por diferentes ambientaciones, hermosas y llenas de colores vibrantes, que cambian de tonalidad y de enemigos según en qué dimensión nos encontremos. El acabado visual mezcla las influencias de los dos primeros productos de Tokyo RPG Factory con un estilo equilibrado entre el realismo y un anime más marcado y brillante. El diseño de los niveles, el modelado de los personajes, las partículas y los efectos en combate están bien conseguidos; además las secuencias narrativas refuerzan la historia del protagonista y de los personajes que lo rodean.

Por su parte, la banda sonora consigue subrayar el aura de tristeza que domina en el juego, aunque entra en escena menos de lo que cabría esperar. Las líneas de voz son mínimas y solo recrean parcialmente los diálogos, que también resultan algo mediocres (el título no cuenta subtítulos en castellano=. Un cúmulo de fallas que parece algo realmente contradictorio en una obra que tiene posibilidades y que pretende ser un JRPG profundo.

A los mandos, Oninaki nos llevará a recorrer extensos bosques, pantanos lúgubres y cuevas inexploradas en sus dos versiones (en el mundo de los vivos y en el de los muertos) con tan solo pulsar un botón. Por desgracia existe una clara falta de contenido y las opciones de exploración se limitan a descifrar puzles para cruzar ciertas zonas, hablar con varios NPC, abrir cofres y acabar con los distintos enemigos. Afortunadamente es en los enfrentamientos donde Oninaki se deja disfrutar gracias a su aspecto más emocionante: el sistema de combate en tiempo real.

Al principio las mecánicas de Oninaki pueden sentirse algo confusas pero no tardaremos mucho en hacernos con los controles básicos, el sistema de cambios de dimensión y las diferentes acciones de lucha que podemos realizar. En combate, además de las armas y ataques que Kagachi puede realizar, contaremos con el apoyo de los Daemon, unas criaturas etéreas que se combinan con los Vigilantes para ayudarlos en sus viajes. Nos toparemos con una gran variedad de ellos, cada uno con características y destrezas para la lucha y su propia historia de fondo, la cual podremos ir descubriendo gradualmente.

Este sistema de compañeros de batalla cumple perfectamente su función, crear unos combates dinámicos que alientan al jugador a experimentar con los diferentes estilos de lucha, combinando los ataques del protagonista con el apoyo y los ataques de los Daemon. Por ejemplo, recargar la barra de ataque especial nos permite desatar estocadas mucho más contundentes, que variarán en función del demonio que nos acompañe en ese preciso momento. Durante las contiendas es posible cambiar entre los Daemon de nuestro grupo y estos pueden mejorarse en distintos aspectos en base a un árbol de habilidades. Estas funciones otorgan un elemento táctico y cierta profundidad al esquema de Oninaki, aunque no llega a ser suficiente. Y es que el título de Tokyo RPG Factory padece de algún que otro problema en este sentido. Por un lado, tras varias misiones la sensación de repetitividad es notable a causa de la escasa variedad de los tipos de enemigos y, por otro, la disminución del nivel de desafío general en comparación a las anteriores obras del estudio vuelve algo monótona la experiencia.

Nuestra valoración

Oninaki es un RPG que tiene, a priori, todo lo necesario para ser un gran juego de rol. Sin embargo peca de una jugabilidad algo repeititiva y de desaprovechar las posibilidades de una de las historias más originales y conmovedoras de esta generación.

Lamentablemente Tokyo RPG Factory ha querido abarcar demasiado y no ha logrado explotar las cualidades que diferencian esta producción de las dos anteriores del estudio y del resto de juegos del género.

Pero esto no significa que Oninaki no sea un buen JRPG. Todo lo contrario. Este es un título de acción más que decente que mantiene la gran línea de calidad que vimos en I am Setsuna y Lost Sphear. Un juego perfectamente disfrutable por cualquier jugador que busque vivir una aventura intrigante y misteriosa con una historia de gran carga emotiva y un sistema de combate divertido y fresco.