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Análisis

Man of Medan o la maldición del oro manchú

Man of Medan /
Man of Medan

Supermassive Games emprende 'The Dark Pictures Anthology', una serie de relatos terroríficos

José Carlos Castillo
JOSÉ CARLOS CASTILLO

Como acostumbra el sector del ocio electrónico, Supermassive Games echó andar por derroteros bien distintos a los que hoy transita. Amén de contenido adicional descargable para 'Little Big Planet', los británicos experimentaron con los sensores por movimiento ('Start the Party!') y la realidad aumentada ('Walking with Dinosaurs') bajo un contexto infantil.

No por nada, el título cumbre del estudio ('Until Dawn') se concibió en torno a PlayStation Move; orientado a una audiencia juvenil. Finalmente, el desastre comercial del periférico y la irrupción de PlayStation 4 cambiaron las tornas, materializándose un terrorífico homenaje al género 'slasher'.

Aquella experiencia cinemática gustó a propios y extraños, propiciando un spin-off ('Until Dawn: Rush of Blood') y una precuela ('The Inpatient') para PlayStation VR. También con 'Intenciones Ocultas', los de Guilford se acomadaron en la narrativa marcada por las decisiones del usuario, lo que nos lleva a 'The Dark Pictures Anthology'.

Ya bajo el seno de Bandai Namco, Supermassive Games se ampara en la cultura popular para firmar relatos de lo más inquietante. El primero ('Man of Medan') versa sobre la leyenda del Ourang Medan, buque de carga neerlandés que naufragó en las aguas de Indonesia después de que su tripulación muriese en extrañas circunstancias. Con el tiempo, la historia se adornó con fenómenos paranormales y teorías de la conspiración, mientras algunos autores intentaban (sin éxito) demostrar su veracidad.

De este modo, la premisa de Man of Medan es la de cuatro aficionados al submarinismo, quienes contratan a una joven capitana para explorar un avión sumergido durante la Segunda Guerra Mundial. Sin revelar más de la cuenta (pues ahí radica todo el peso del título), acabaremos transitando los corredores de un navío surgido de la nada, aparentemente abandonado a su suerte.

Como en anteriores referencias del estudio, la interactividad es limitada. Nuestro cometido será elegir las respuestas o acciones que consideremos más oportunas durante la aventura, salpicada de 'Quick Time Events' (la pulsación de botones a contrarreloj) y segmentos de exploración. Los escenarios albergan así infinidad de ítems a modo de coleccionables; documentos que revelan flecos de la trama y utensilios que podrían marcar la diferencia entre la vida y la muerte (una llave inglesa con la que azotar a nuestros perseguidores, por ejemplo).

Porque sí, la gracia de Man of Medan es conseguir que todos los personajes acaben sanos y salvos... o todo lo contrario, haciendo lo posible por descubrir las decenas de muertes (harto sangrientas) desperdigadas por los desarrolladores. En este sentido, la elección de respuestas se antoja harto significativa para el rumbo de la historia: la relación entre los distintos personajes (una pareja, sus respectivos hermanos y la propia capitana) varía hasta el punto de idolatrarse o detestarse, de forma que les 'nazca' el salvarnos en momentos de apuro o abandonarnos a nuestra suerte.

Menos incidencia tienen, a nuestro juicio, los rasgos de personalidad cambiantes que arroja el menú de pausa (alegre, temeroso, seguro, confiado...). Además, los mentados 'QTE' abusan de su posición: fallar un par de pulsaciones implica despedirnos de algún personaje en los compases finales, lo que frustra horrores y abandona al azar unos derroteros que creíamos cocinar a fuego lento.

Con todo, el mayor problema de Man of Medan radica en el guión mismo. De las cuatro horas que tardamos en alcanzar los títulos de crédito, la primera mitad resulta un tanto prescindible y los protagonistas (por mucho Shawn Ashmore que participe) no se encuentran bien perfilados; apenas conseguimos empatizar con sus preocupaciones ni su causa, haciendo que nos importen bien poco sus destinos. Además, el gran misterio tras el buque maldito queda meridianamente claro tiempo antes de la conclusión, por mucho que el maestro de ceremonias del juego (alias 'El Conservador') insista en lo dificultoso que nos resultará descubrir la verdad.

Uno acaba jugando, en último término, por la fantástica labor de ambientación. Aunque el desarrollo está plagado de sustos efectistas, sucubmirás por el influjo de la banda sonora, los efectos de sonido y los lúgubres escenarios (atentos a los QTE basados en acompasar el ritmo cardíaco; frenéticos).

A nivel técnico, texturas e iluminación son lo más destacado, sin que podamos decir lo mismo de las robóticas animaciones o unas expresiones faciales muy forzadas. Sumémosle la apuesta por un sistema de cámaras fijas al estilo de los survivual horror primigenios, que dificulta el desplazamiento. Así, acostumbraremos a tropezar con las paredes y erraremos al primer intento de cruzar umbrales, como si el personaje fuese una aguja a enebrar.

Amén de repetir la campaña para descubrir todos los finales, Supermassive busca paliar la escueta duración con el añadido de modalidades multijugador. En la opción local cinco amigos deben pasarse el mando para tomar las decisiones pertinentes. Por Internet, compartiremos la historia con otro jugador, lo que a menudo implicará que juguemos secciones diferentes o ampliadas. La gracia aquí radica en decidir si hacemos la puñeta al otro o si nos coordinamos con él para salir indemnes de la maldición. Las risas están más que aseguradas, atreviéndonos a recomendar este modo por encima de la experiencia en solitario.

Nuestra valoración

Man of Medan bebe de la exitosa fórmula de Until Dawn, aunque bajo una trama y personajes que (aristas técnicas a un lado) no consiguen motivarnos como deberían.

Suerte que la ambientación; la incidencia indubitable de nuestras decisiones y el divertido modo en línea salvan la papeleta.

Veremos si la próxima entrega de The Dark Pictures Anthology presenta una estampa más atractiva, que nos invite a completar la historia en más de una ocasión.