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Análisis de NBA 2K19: la magia del basket rozando la perfección

NBA 2K19 /2K Games
NBA 2K19 / 2K Games

Visual Concepts corrige los pocos peros del simulador estrella

ANTONIO SANTO

Veinte años cumple este 2019 la franquicia NBA 2K, que se las ha apañado para ofrecer cada año el mejor juego de baloncesto jamás visto (y quién sabe si la mejor simulación deportiva en general). Este año no ha sido una excepción, y tras cinco temporadas escribiendo la crítica anual del juego, ya no me quedan muchos adjetivos novedosos que aplicar al juego de Visual Concepts. Si un aficionado al baloncesto está repasando críticas porque tiene dudas sobre si comprárselo o no, les ahorro los varios miles de palabras que cada medio le ha dedicado al asunto: cójanlo sin miedo, que el juego es fantástico.

Como habrá quien quiera más detalles, vamos a repasar un poco las novedades con respecto a la entrega del año pasado. Como suele pasar, tras una edición con muchos cambios llega una de consolidación, con pocas novedades pero bastantes mejoras sobre las fórmulas recién implementadas. Si el añadido más destacado de 2K18 fue Mi Barrio, el espacio físico que servía de núcleo de todas las actividades que se pueden realizar con nuestro jugador personalizado, este año se mejora la historia del modo Mi Carrera y se reorganiza el barrio para que todo esté más accesible.

El modo Mi Carrera, esta forma de aportarle narrativa e historia a un «simple» juego deportivo, nos pone en la piel de un juguete roto que, lastrado por una personalidad egocéntrica e infantil, no logra siquiera entrar en el draft. Tras jugar un tiempo en la liga china acaba recalando en un equipo de la G-League (una liga menor compuesta por filiales de equipos NBA) en busca de una oportunidad para brillar. Es una propuesta que ya nos presentaron en la edición de 2015 y que encaja bastante mejor con las sensaciones de las primeras horas de juego que los años en los que encarnamos a la mayor promesa joven de la NBA. Al fin y al cabo, salvo que gastemos dinero real en comprar VC (la moneda virtual con la que se mejora el personaje y se compran artículos dentro del juego), tardaremos un montón de horas en lograr un jugador capaz de plantar cara a las grandes estrellas.

Aquí llega uno de los ajustes más importantes que he percibido con respecto al año pasado. NBA 2K18 mostraba un síntoma preocupante: si bien el juego en sí era maravilloso, jugar en Mi Carrera sin gastar dinero en VC era frustrante. Con una capacidad de ganar VC bastante baja y unos costes muy altos, amén de la necesidad de pagar VC hasta por un corte de pelo, el progreso del personaje resultaba demasiado lento. Este año Visual Concepts ha reconocido el problema y reajustado los costes y tiempos para que todo vaya más rápido. Sigue siendo más lento de lo que a mí me gustaría, y el tema de las microtransacciones permanece como el único punto negro de un juego por lo demás casi perfecto. También hay que señalar que el modo Mi Carrera es estrictamente online; sin conexión sólo se puede jugar una versión tremendamente limitada.

Con respecto a la historia del modo Mi Carrera, casi toda transcurre en el preludio del mismo, el periplo que lleva a A.I. (nombre fijo de nuestro jugador) hasta la NBA. El peso narrativo e interactivo se ha dejado casi por completo en este preludio. A partir de ahí empezamos la «temporada regular», ya dentro de un equipo de la liga, centrados en jugar, entrenar y mejorar nuestro personaje. Echo de menos que se hubiera alargado la presencia de algunos personajes secundarios pasado el preludio, y sigo lamentando la cada vez menor presencia de decisiones con respecto a entregas anteriores. Responder en ruedas de prensa, elegir cómo responder al entrenador o al presidente, mantener ciertas rivalidades o amistades del preludio, retar a estrellas contrarias por Twitter… habría sido relativamente fácil aumentar la cantidad de decisiones (aunque tengan un impacto mínimo), y sin embargo éstas parecen andar de retirada.

En el lado positivo de la balanza, el sistema de entrenamientos de Mi Carrera ha mejorado bastante. En 2K18 había que entrenar para aumentar el tope al que podíamos mejorar los atributos; en 2K19 ocurre de forma orgánica según jugamos. Las insignias de habilidades se mejoraban jugando, pero también en ejercicios de entrenamiento poco claros, en los que nunca estábamos seguros de si íbamos a aumentar los puntos de tal o cual habilidad. En 2K19 pedimos específicamente entrenar una insignia concreta y se nos ofrece un ejercicio relevante para ello. Y las sensaciones de juego generales (lo más importante) son cada vez mejores, si es que eso es posible. Pretender ganar el partido en solitario es asegurarse una derrota, caer en una sucesión de errores y acabar el partido con una pésima puntuación de compañero. Más nos vale seguir las tácticas del entrenador, bajar el culo para defender y esperar nuestro momento en ataque. En 2K19 se ganan más partidos con IQ baloncestístico que con habilidad a los mandos.

Aunque sea el modo más popular, no todo va a ser Mi Carrera. Empiezo por otro de los más exitosos (y que, sin embargo, es el que menos me interesa): Mi Equipo, en el que construir una escuadra de fantasía a base de coleccionar cartas… y pasar por caja. Como ocurre con el FIFA de EA Sports, este modo no deja de ser una evolución interactiva de los cromos de kiosco que coleccionábamos cuando éramos pequeños (y que imagino que los chavales siguen coleccionando, y madre mía cómo acabo de sonar a señor mayor). Se acaban este año los arquetipos de equipo, que no acabaron de convencer a los aficionados al modo, y se incorpora un sistema de desafíos y recompensas.

Si en Mi Carrera no encontramos muchos cambios de calado, en el modo Mi Manager sí que podemos ver un crecimiento importante. Para empezar, podemos elegir entre una versión con historia («Continuación del legado») y otra de pura gestión. En la historia de Mi Manager nos ponemos al frente de una franquicia recién creada, con el difícil objetivo de hacerle un sitio en la élite de la NBA. Como la mayor parte del trabajo de levantar una franquicia de la nada ocurre entre bambalinas y mucho antes de que empiece el primer partido, el grueso de la historia de este Mi GM ocurre en la pre-temporada; a partir de ahí las cosas van por un cauce similar al de la versión sin historia.

2K Sports va profundizando en este modo Mi GM, que ha ido ganando peso y profundidad con los años. La cantidad de opciones es abrumadora, y francamente superan por mucho mis (magros) conocimientos de baloncesto como para decir si es más o menos realista. Va apuntando a convertirse en el equivalente del balón naranja del Football Manager; no me extrañaría que en unos años acabara desgajándose del núcleo de NBA 2K y formando una franquicia propia.

Del resto del juego, qué decir: la calidad técnica sigue siendo asombrosa, y la pasión por el detalle de Visual Concepts raya lo enfermizo. Quien tenga dudas, que pare el juego en plena partida y dé zoom a las zapatillas o a la camiseta de cualquier jugador: cuando pueda literalmente verle las costuras al tejido tendrá que rendirse a la evidencia. El sonido es lo más parecido a una cancha real de la NBA que puedes oír sin irte a vivir a los EE UU. Y básicamente así se puede resumir NBA 2K19: el único sitio donde hay mejor baloncesto es la NBA real. Y a veces ni eso.

La IA con mejor IQ baloncestístico

La inteligencia artificial de NBA 2K19 nos da una clase de baloncesto por posesión: no sólo es que defienda o ataque con solvencia, sino su capacidad para responder a nuestro juego; si les estamos cosiendo a entradas nuestros compañeros cortarán a canasta a la mínima, y la defensa buscará cerrar su zona. Si tenemos la muñeca caliente con el triple el equipo abrirá la cancha lo más posible y la defensa buscará marcar a los tiradores más efectivos. «Leer» los ajustes en defensa del contrario será imprescindible en dificultades altas si queremos tener oportunidades de anotar, y cualquier error o precipitación se castiga sin piedad.

Switch: baloncesto de bolsillo

Para escribir este artículo he jugado la versión de Nintendo Switch. En el apartado técnico, el juego sólo se resiente en caídas de fotogramas por segundo en algunas secuencias cinemáticas. Teniendo en cuenta que durante los partidos no he notado nada raro, me parece un sacrificio aceptable. En modo portátil los controles sufren un poco: cuesta acostumbrarse al menor tamaño de los sticks, y siento que pierdo un poco de precisión a la hora de dirigir pases. Lo que sí hay que destacar es que, debido al requisito de conexión permanente para jugar a lo más interesante del juego, el modo portátil nos vale para jugar en el baño (ejem) o en casa de los suegros, pero no sin una red wifi potente. A la que la conexión flaquea, la partida se interrumpe, aun estando en mitad de partido. Se habría agradecido que al menos dejara terminar lo que uno esté haciendo, o como mínimo que guardara las estadísticas y el puntaje para cuando se volviese a tener conexión.