Vivir sin plástico... es posible

Marion De la Porte, una francesa de 35 años afincada en Bilbao; y Javier Barrios, bilbaíno de 49 años, hace tiempo que desterraron este material de sus vidas. Llevan la cantimplora siempre encima y el tupper de cristal a la carnicería

Marion De la Porte y Javier Barrios llevan años viviendo sin plástico./
Marion De la Porte y Javier Barrios llevan años viviendo sin plástico.
Virginia Melchor
VIRGINIA MELCHOR

«Ahí no te meto el filete». Así reaccionó el carnicero la primera vez que vio aparecer al bilbaíno Javier Barrios con el tupper de cristal en la mano. Ahora se lo pide si no lo lleva a la vista, consciente de los envoltorios que se ahorra. Marion De la Porte, en cambio, se ganó a las tenderas del Mercado de La Ribera desde el principio. «Les encanta que vaya a comprar las aceitunas con mi bote de cristal, porque les recuerda a lo que se hacía antiguamente», cuenta esta francesa de 35 años afincada en Bilbao. Estos dos amigos hace tiempo que decidieron desterrar el plástico de sus vidas y convertir su filosofía en un negocio. Regentan desde finales de 2014 la tienda online Sin Plástico, con sede en el barrio bilbaíno de Castaños, una especie de «bazar chino» en el que venden unos 600 productos libres de este material para el hogar, el cuidado personal o para bebés.

Ambos son conscientes de los efectos dañinos del plástico, que se ha convertido -junto al cambio climático- en el principal problema medioambiental del planeta. Marion no sale de casa sin «las llaves, el móvil y la cantimplora», que va rellenando poco a poco en las fuentes que encuentra en la villa. Él lleva dos, una para cada uno de sus hijos, que tienen seis y nueve años. «Ya saben que antes de salir de casa hay que llenarlas». Cada minuto se compran un millón de botellas de plástico en el mundo, unas 20.000 por segundo, según la consultora Euromonitor Internacional. Un tic-tac incesante que contrasta con los 450 años que tardan en degradarse. Habitamos un planeta adherido a este material; vivimos en la era del plástico.  Un simple vistazo al cubo de basura basta para descubrir la cantidad que desechamos a diario. Y la mayoría de un solo uso. Pero ellos demuestran que vivir sin él es posible, por difícil que parezca.

Un cambio de filosofía que realizaron poco a poco. Javier, de 49 años, decidió modificar sus hábitos hace seis años, cuando nació su hija. «Mi mujer, que es pediatra, y yo quisimos darle biberones, pañales y chupetes que no fueran de plástico y nos dimos cuenta de que en España no se comercializaban», recuerda. Marion, que en Francia trabajaba en la organización por la conservación de la naturaleza WWF, tomó conciencia el día que se percató de la cantidad de champús que almacenaba en su baño. Hoy solo tiene una pastilla de jabón para el cuerpo y otra para el pelo que comparte con su marido y su hija de 20 meses.

Marion y Javier usan bolsas de tela para comprar a granel y en pequeños comercios de su barrio. «He probado a usar las bolsas en los supermercados y no me han puesto pegas. Compro avena o fruta, lo meto en mi bolsita, le pego la etiqueta y pago en la caja sin problemas», afirma Javier. En España se usan 180 bolsas de plástico por habitante y año, lo que equivale a una bolsa por persona cada dos días. Para frenar su impacto ambiental, desde el 1 de julio se cobran de forma obligatoria como paso previo a su prohibición en 2021.

Seguir esta filosofía en verano y con dos niños pequeños es más complicado, pero Jesús siempre lleva en esta época un 'kit de picnic' -como él lo llama- , que le soluciona mucho las cosas. Y que consta de los típicos cubiertos de camping y una pajita de metal. Utensilios que se pueden comprar en su tienda online, donde venden desde bastoncillos para los oídos de bambú hasta estropajos vegetales de Luffa. El 85% de sus ventas proceden de España, aunque también sirven a tiendas a granel de Francia y a particulares de Puerto Rico, Chile o Argentina. «Cada año hemos doblado las ventas respecto al anterior y en 2018 hemos contratado a dos personas», cuentan. Ya tienen más de 6.500 clientes.

Botes de cristal con alimentos a granel.
Botes de cristal con alimentos a granel. / Sin Plástico

A la vida sin plástico no se pasa de la noche a la mañana. Ambos coinciden en que «debemos observar nuestros hábitos y no tener prisa». «El primer paso es hacer una lista en la que enumeremos la cantidad de productos con plástico que usamos y mirar nuestra basura, que es un buen reflejo de ello. Cuando se nos hayan acabado, intentaremos reemplazar esos mismos artículos por otros de otro material. Y si no es posible, hay que apostar por objetos reutilizables o elaborarlos nosotros», aconseja Javier, que se hace él mismo los yogures y hasta la pasta de dientes. En opinión de Marion, es imposible prescindir del plástico por completo, pero sí le parece importante evitar este material en los productos cosméticos o cuando está en contacto con los alimentos. «El plástico está tan presente en nuestra vida que casi ni lo vemos. Lo usamos como si fuera inocuo, sin reparar en las consecuencias que tiene para la salud y el medio ambiente».

Los mares y los océanos son los grandes perdedores en esta batalla. Al año se filtran en el océano ocho millones de toneladas de plástico, el equivalente a verter un camión de basura cada minuto. Si no hacemos nada, en 2050 podría haber en los océanos más plástico que peces y aproximadamente el 99% de las aves marinas lo habrán ingerido en sus sistemas digestivos.

«Vivir sin plástico es más barato»

Para Javier, el 80% del plástico que generamos cada día, el de usar y tirar, se podría evitar adoptando tres sencillos hábitos. «Llevando siempre una botella de vidrio o de metal rellenable, yendo a la compra con una bolsa de tela y sustituyendo los tuppers de plástico por los de cristal». El medio ambiente lo agradecerá y el bolsillo también. «Vivir sin plástico es más barato. Una cantimplora te cuesta el equivalente a 30 botellines de agua, pero te va a durar mucho más. Además, al comprar a granel solo te llevas lo que necesitas y no te dejas persuadir por el envase, que es una gran herramienta de marketing», afirma Marion.

Cada vez son más los que optan por no consumir materiales nocivos para el medioambiente tratando de frenar un desastre de dimensiones inabarcables. Para lograr un cambio que perdure en el tiempo, «hay que ser positivo y no fustigarse». «Cada pequeño avance ya es un éxito», asegura Marion, orgullosa porque recientemente ella y su pareja han cambiado la ropa sintética por la de algodón orgánico. «Hace cuatro años, cuando empezamos con esto, nos llamaban frikis y ahora nos consideran expertos», reconoce Javier. De hecho, dan charlas en ayuntamientos, hospitales y centros educativos. «El otro día me llamaron del colegio de mi hijo y di una charla sobre los residuos. Sus compañeros entendieron entonces por qué hace lo que hace». Por qué Unai se lleva a clase su botella de vidrio o va con su bolsita de tela a la tienda de chuches.

 

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