Las caras de la revolución del 8-M

Las caras de la revolución del 8-M

Este 8 de marzo no es un día internacional de la mujer más. Es el primero en el que se convoca una huelga a nivel mundial. Ya nada debería ser igual a partir de hoy e una sociedad que tiene una deuda contraída con sus mujeres, convocadas para plantarse ante el machismo y la discriminación. EL CORREO intenta mostrar a través de 14 testimonios de mujeres de todas las edades las diferentes diferentes problemáticas que han desembocado en esta revolución del 8 de marzo..

INFANCIA Y ADOLESCENCIA

Uxue (11 años). Jugadora de fútbol

«Chicos y chicas deben hacer lo que quieran, sin miedo»

YVONNE FERNÁNDEZ

¿Quién ha dicho que el fútbol no es cosa de niñas? Uxue Almiñana, de 11 años, juega de «lateral derecho o de central» en el Bilboko Merced San Inazio. Desde que empezó a darle al balón con cinco años, ha tenido muy claro que nadie debe decirle a ella, ni a ningún niño o niña, qué es lo que puede hacer o no. Optimista y con las ideas muy claras, se da cuenta de que el fútbol, sobre todo el de las estrellas, sigue siendo un territorio donde hay mucho por hacer para lograr la igualdad. Eso sí, confía en que el machismo quede fuera de juego en breve. Así lo explica ella.

Mariam (10 años). Se libró de la ablación

«Mi hija no sabe qué es la ablación»

BLANCA CASTILLO

Mariam Soumare tiene 10 años y no sabe qué es la ablación. Ni tampoco sabe lo cerca que ha estado de sufrirla en sus propias carnes. Su madre, Aminata, vino a Euskadi desde Mali hace años y se ha concienciado de que esta práctica ancestral, que ha marcado la vida de sus antepasadas y la suya misma, es una aberración. Por eso, ha roto la cadena y ahora intenta concienciar a las personas que vienen de África de que hay que erradicar esta costumbre ancestral. Esta es su historia

Andrea (17 años). Alumna de Bachillerato

Y todo el instituto se plantó ante el profesor machista

«¿Eres igual de pesada en la cocina?» «Os voy a dividir en dos grupos, en uno los chicos y en otro las chicas y los maricones». Con frases así se dirigía habitualmente un profesor de un instituto bilbaíno a sus alumnos en clase. Hartos de soportar comentarios machistas y molestos ante la indiferencia de la dirección del centro, que no hacía nada por atajar estas actitudes, Andrea (17 años) y sus compañeros decidieron un día organizar una movilización de protesta. Conoce aquí lo que hicieron.

Irati y Ziortza (17 años). Expertas en hapkido

«Es injusto que tengamos que aprender a defendernos»

Irati y Ziortza son mellizas, tienen 17 años y pactican hapkido, un arte marcial de defensa personal. Han aprendido técnicas para inmovilizar a un violador, para evitar que las roben el bolso o para zafarse de un agresor aunque las tenga arrinconadas contra la pared. De momento, nunca han tenido que utilizarlas aunque se saben vulnerables. «Somos dos chavalas y siempre van a lo fácil». Se sienten más seguras, ahora que han empezado a salir por la noche. Conoce aquí su historia. .

JUVENTUD Y EDAD ADULTA
Marta, nombre ficticio. Víctima de una violación

«Me crucé con él después de la violación y se reía»

IGNACIO PÉREZ

Salió de fiesta una noche con amigas. Se encontraba mal después de beber y decidió ir a mojarse la cara. Era menor. Un chico de 16 años la violó. «Los primeros días fui muy fuerte, estaba en shock, pero luego caí. No podía dormir, en cuanto cerraba los ojos recordaba el momento». Marta, nombre ficticio, cuenta la violación que sufrió una noche de fiesta. «Empezó con los tocamientos, me abrazaba por detrás, hasta que me bajó las mallas». Pincha aquí para leer su testimonio.

Helena (25 años). Discriminación laboral

«A un chico su jefe no le pregunta si va a tener hijos»

En la primera entrevista de trabajo que superó Helena Ciprés ya conoció la realidad machista que aún impera en algunos despachos. «Al principio había muy buen rollo, el jefe parecía majo, pero según fue avanzando me empezó a preguntar si tenía pareja, si pensaba casarme, si quería tener hijos...», recuerda esta vitoriana de 25 años. Son preguntas que «no le hubiera hecho a un chico» y que sólo suponían un aperitivo de lo que ocurriría después. La empresa, dedicada a la maquinaria, la fichó hace año y medio con el compromiso de que pasara un periodo de prueba de un mes que se redujo a «tres días». «Me explicó que no encajaba en el puesto y me dio el sueldo de lo que había trabajado y un 'plus', me dijo, por mi buena presencia», recuerda. Ahora, empleada en una firma de cosmética, advierte al resto de mujeres que «si no luchamos, nadie lo va a hacer por nosotras». Pincha aquí para seguir leyendo.

Hajar El Haloui (25 años). Emigrante marroquí

«La gente piensa que ser marroquí es llevar velo y ser sumisa»

Hajar El Haloui llegó a Bilbao hace año y medio. Dejó en Rabat a sus padres y a cuatro hermanos y se unió a su hermana mayor, que fue la que abrió el camino hacia Europa hace casi una década. Habla cuatro idiomas y en Marruecos se diplomó en Económicas, pero los títulos no están homologados. En la capital vizcaína trabaja cuidando a tres niños. Pero le gustaría montar su propio negocio. «¿Por qué no haces un curso de limpieza?», le han espetado. «La gente tiene una mirada muy cerrada sobre las mujeres marroquíes. Piensan que todas llevamos velo y que somos sumisas. Hay un hombre con el que me suelo encontrar cuando voy a recoger a uno de los niños. Se ha llegado a sentar a mi lado y me ha preguntado: «¿Es verdad que los hombres en tu país se casan con cuatro o cinco mujeres?». Aquí, el relato completo.

Almudena (43 años). Trabajadora con discapacidad

«Necesitaba un empleo para sentirme realizada»

Almudena Ruiz lleva algo menos de un año montando interruptores industriales, una profesión tradicionalmente masculinizada. Pero encontrar la clavija adecuada para enchufarse al mercado laboral no le fue nada fácil. Mujer, discapacitada y con más de 40 años se «encontraba con todas las puertas cerradas». Hasta que al final encontró una abierta, de par en par. Y, como ocurre en esos circuitos suyos, el futuro se le iluminó. La historia de Almudena continua así.

Esther (45 años). Madre soltera maltratada

«¿Quién va a querer estar conmigo con este panorama?»

Ser madre soltera siempre es difícil, y más si los maltratos físicos y psíquicos que has recibido te han hecho caer en una gran depresión que, sabes, no te puedes permitir, al tener que ocuparte sola de tu hijo. Las dificultades de las madres solteras son una constante: soledad, sobrecarga de trabajo, salario exiguo, pobreza, depresión, paro… «Un crío de la escuela le dijo a mi hijo que éramos pobres porque no le puedo comprar ropa y vamos con lo que nos dan... ¿De qué hablarán en casa para que diga eso?». Porque no resulta fácil encontrar trabajo siendo mayor de 40 y con un niño: «A veces me lo han negado cuando les comentaba mi situación, porque pensaban que iba a tener dificultades…». La historia completa de Esther.

María Jesús (52 años). Atiende a su hijo dependiente

«Me alegro de haber dejado la tienda para cuidar a mi hijo»

María Jesús Ruiz, una vecina de Zierbena de 52 años, pone una condición para conceder la entrevista: «Si en algún momento doy pena, me cortas». Su hijo, Jon Haitz, nació con una encefalopatía epiléptica sin filiar. Es decir, una enfermedad genética que, de momento, no tiene evolución ni cura conocida y lo ha atado a la superficie de una cama. «No se mueve y tiene carencias para comunicarse con el mundo exterior, aunque conserva el oído y el tacto. Su rostro expresa dolor y felicidad y deja muy claro si algo le molesta». El matrimonio pidió numerosas pruebas durante el embarazo, pero estos diagnósticos son difíciles de detectar. La narración sigue aquí.

LA VOZ DE LA EXPERIENCIA

Itziar Lazkano (60 años). Actriz

«Un compañero protestó porque yo cobraba más»

Itziar Lazkano creía, allá por los setenta, cuando una juventud comprometida enarbolaba la causa feminista, que a estas alturas de la película ya se habría avanzado más. Pero ha comprobado que, décadas después, aún queda mucho por hacer en todos los ámbitos. También en su profesión, donde las mujeres maduras quedan encasilladas, cuando no olvidadas, al llegar a la madurez. Por eso a Itziar –a quien no le gusta hablar de hombres y mujeres, sino de personas– llama «a todos y todas a forzar el cambio», esa asignatura pendiente desde hace tantos años. Su testimonio completo

Esperanza de la Mano (68 años). Viuda

«Los políticos deberían aprender de nosotras a administrar el dinero»

Esperanza de la Mano descubrió, con la muerte de su marido, los apuros de vivir de una pensión ajustadita, el peso de sacar sola adelante a los hijos... Y también que el matrimonio, como les ocurrió a casi todas las mujeres de su generación, le había robado mucha independencia. Ahora, a los 69 años, se muestra fuerte y reivindicativa: forma parte de la asociación de viudas, está en pie de guerra por las pensiones y cuenta sin pelos en la lengua la historia de su vida, marcada por un machismo que ella intenta combatir. Esta es su experiencia.

Sara Estévez (92 años). Primera cronista deportiva

«Mi llegada al palco de prensa molestó un poco»

Nacida en Bilbao en 1925, Sara Estévez aprendió de fútbol escuchando a los obreros de la fábrica donde trabajaba. Y se ofreció a Radio Juventud de Vizcaya para hacer las crónicas del Athletic. Ella las escribía y un locutor( hombre) las leía, pero no las firmaba como Sara, sino como Maratón. «Era muy tímida y además pensé que los futbolistas podían opinar que no tenía capacidad suficiente para juzgar su opinión». Y así durante 20 años, hasta que se descubrió el pastel: ¡Maratón era una mujer! Sigue leyendo.

Isabel (105 años). El machismo de hace un siglo

«En mi época, un buen marido era el que no te pegaba»

Isabel Barambio nació el día de Reyes de 1913 en Buenache de Alarcón, un pequeño pueblo conquense «con una fuente de cinco caños» tutelado por «la Virgen de la Estrella». Pronto llegaron otros tres críos para desbancarla y ponerla a trabajar desde bien jovencita. A menudo, en la recogida de la uva, de la aceituna o de «rosera», como llamaban allí a la recolectoras de la flor púrpura del azafrán. «Nunca fui a la escuela», cuenta con pesar y una lucidez desarmante desde su casa de Eibar. «Y de buena gana habría ido», añade. Su familia, como casi todas en aquellos años de penuria, necesitaba sus brazos menudos de jornalera precoz. Pincha para conocer la historia completa de Isabel.

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