Descubren en Barrika un utensilio de madera de hace 90.000 años

Rios-Garaizar, a la izquierda, explica Aranbaltza-3 a visitantes./P. U.
Rios-Garaizar, a la izquierda, explica Aranbaltza-3 a visitantes. / P. U.

Se usaba como palo cavador para extraer raíces y tubérculos, abrir fosos y agujeros y, posiblemente, liberar núcleos de sílex embutidos en arcilla

Luis Alfonso Gámez
LUIS ALFONSO GÁMEZ

Un neandertal cortó hace 90.000 años longitudinalmente una rama de tejo, la afiló con herramientas de piedra, la sometió al fuego para endurecerla o facilitar su talla y la empleó durante un tiempo como palo cavador. Cuando el clan al que pertenecía agotó los recursos de la zona, él y sus parientes abandonaron lo que hoy es Barrika, pero dejaron atrás la punta de madera. Un grupo de arqueólogos dirigido por Joseba Rios-Garaizar, del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), presenta hoy la pieza en la revista ‘PLOS ONE’ como la herramienta de madera más antigua de la Península Ibérica.

A orillas del arroyo Urgozo, el director de las excavaciones de Aranbaltza y su equipo han desenterrado desde 2013 un taller donde los neandertales trabajaban el sílex y descuartizaban animales hace unos 42.000 años (Aranbaltza-2); una playa fluvial en la que levantaron estructuras de piedra para protegerse del viento y aislarse de la humedad del suelo hace entre 55.000 y 65.000 años (Aranbaltza-1); y una charca de hace 90.000 (Aranbaltza-3) donde en un sondeo salió a la luz hace tres años la punta de tejo, de 15 centímetros de longitud.

Que una pieza así haya llegado hasta nosotros «es algo extraordinariamente raro porque la madera se pudre con mucha facilidad», explica Rios-Garaizar. Solo otros cuatro yacimientos europeos han proporcionado objetos de madera más antiguos: los de Clanton-on-Sea (Reino Unido) y Schöningen (Alemania), que se remontan a hace unos 350.000 años; y los de Lehringen (Alemania) y Poggetti Vechi (Italia), de hace unos 115.000. Además, en el Abric Romaní (Barcelona) se han recuperado restos de útiles de madera neandertales de hace entre 55.000 y 45.000 años. «Para que la madera se conserve tiene que estar en un entorno muy frío, prácticamente helado; en un clima muy árido; o en un sitio saturado de agua donde no haya oxígeno ni, por lo tanto, microorganismos que hagan que la madera se pudra. Esta última es la razón por la que todavía aparecen en los puertos vigas de época romana», apunta el investigador CENIEH.

«Un trabajo muy fino»

El lugar donde se encontró el útil de tejo era hace 90.000 años «un entorno con agua estancada y plantas de zonas fangosas. No debía de ser un sitio cómodo para vivir, pero podía ser un lugar interesante para hacer otras cosas». Rios Garaizar cree que los neandertales buscaban en esa charca plantas comestibles, como algunas que ya han identificado gracias a restos de polen. Podían usar el palo para cavar y hacerse con tubérculos, raíces, algún animal o marisco; para hacer fosos y agujeros «para guardar cosas, encender hogueras o levantar estructuras»; y «también es posible que lo emplearan para conseguir sílex del flysch». El de mejor calidad de los acantilados de Barrika «está embutido en arcilla y necesitas excavar para extraerlo», indica el arqueólogo.

Fruto de «un trabajo muy fino», el útil de madera presenta en la punta huellas de haber sido utilizado para cavar y, en el otro extremo, dos tajos que hacen pensar a los investigadores que es un objeto reciclado. Recta en origen, el proceso de restauración ha deformado la pieza, pero ha garantizado su integridad. «La primera vez que la vi pensé que se trataba de una punta de lanza. Me recordaba a las que se han descubierto en Alemania», dice el director de las excavaciones. Los neandertales de Aranbaltza eran nómadas que iban de un lado a otro siguiendo los recursos. Cazaban ciervos y bisontes, recolectaban frutos y tubérculos, marisqueaban y tenían una intensa actividad de producción de herramientas de piedra. Solo en Aranbaltza-2, los arqueólogos han recuperado más de 3.500 piezas de sílex.

Rios-Garaizar y sus colaboradores han descubierto en el mismo sector otro objeto de podría ser otro palo cavador, pero, «aunque está aguzado, no tiene ni huellas de trabajo ni de uso tan claras». Su reto ahora es encontrar los desechos de la fabricación de este tipo útiles. «Nos permitiría ahondar en el conocimiento de cómo trabajan los neandertales la madera, un material que debieron de usar habitualmente para fabricar herramientas, pero del que nos han llegado pocos ejemplos».

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