Urkullu reclama a la UE que controle las devoluciones de migrantes en Irún

Migrantes en la estación de Termibus./Luis Calabor
Migrantes en la estación de Termibus. / Luis Calabor

El lehendakari afirma que las entregas de migrantes «desbordan las competencias vascas», pero reclama «respeto a la ley y los derechos humanos»

Jesús J. Hernández
JESÚS J. HERNÁNDEZ

El lehendakari, Iñigo Urkullu, ha enviado una misiva al presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, después de que SOS Racismo denunciase «devoluciones en caliente» en la frontera de Irún por parte de Francia, una información publicada ayer por este periódico. Como alertó la ONG, los gendarmes están revisando los autobuses de línea procedentes de Bilbao y San Sebastián que van hacia Bayona y Burdeos y hacen bajar a los migrantes en tránsito que no llevan la documentación en regla. Urkullu asegura que al Gobierno vasco «no le consta que se estén produciendo 'entregas en caliente'», pero «sí otro tipo de devoluciones avaladas por acuerdos bilaterales, como el rechazo en frontera, la 'readmisión Schengen' -si han pasado más de cuatro horas de la entrada en el país- y la 'readmisión simplificada' -si los inmigrantes no han rebasado ese tiempo-». El portavoz de SOS Racismo en el Bidasoa, Jon Aranguren, denunció que los policías galos «hacen controles por criterios de raza, algo que está completamente prohibido, en los que se aborda solamente a las personas con rasgos subsaharianos». Estas personas sólo llevan consigo un permiso de un juez español, obtenido tras su paso de 48 horas por las comisarías andaluzas, que les autoriza para moverse libremente por el territorio nacional durante 45 días pero no les está permitido cruzar fronteras. «Los gendarmes les hacen bajar y les sugieren regresar a las ciudades donde han embarcado pero la mayoría se queda allí y cruza la muga después, bien a pie o en otro bus».

El Ejecutivo que lidera Iñigo Urkullu reconoce que «esta realidad de entregas de migrantes de Policía a Policía y su seguimiento desborda las competencias del ámbito autonómico. En todo caso, el Gobierno vasco exige que todos los procedimientos se desarrollen con arreglo a la legalidad y al respeto a las garantías y a los derechos humanos de las personas afectadas». En su carta a Juncker, el lehendakari manifiesta que «esta situación merece una reflexión en profundidad por parte de todas las instituciones democráticas de Europa» y reclama «una estrategia compartida con iniciativas a corto, medio y largo plazo». A su juicio, se hace necesario «un cálculo de las necesidades y los recursos disponibles, planteando un compromiso colectivo de la comunidad internacional para actuar en los países de origen». Urkullu, que pone en valor «la respuesta humanitaria» de las instituciones vascas, subraya que «Euskadi está dispuesta a secundar ese esfuerzo compartido ante la realidad de la migración regular e irregular, en tránsito y de menores no acompañados». Por ello, desde que en 2015 comenzó la crisis humanitaria en el Mediterráneo, explica Urkullu, el Gobierno vasco ha mantenido «una interlocución ininterrumpida tanto con el Ejecutivo de Mariano Rajoy como con el de Pedro Sánchez» para «mejorar la coordinación» y dar un mayor protagonismo en este tema a las administraciones autonómicas y locales.

«Les traen todos los días»

Según denuncia SOS Racismo, que remonta las «devoluciones en caliente» a «hace ocho meses», es habitual «la llegada desde Burdeos de furgonetas cargadas con migrantes en tránsito que son detectados allí y deportados después de dar aviso a la Policía Nacional». «Los gendarmes les traen todos los días y les hacen bajar en suelo español, frente al Ficoba -recinto ferial-, en Irún. No es un viaje diario, sino varios».

El pasado martes, en una entrevista concedida por el ministro de Asuntos Exteriores, UE y Cooperación, Josep Borrell, al diario alemán 'Handelsblatt', le preguntaron por las devoluciones de Francia a España de 9.000 inmigrantes en 2017 «por el color de la piel», a lo que el responsable socialista contestó que «a veces se mueve uno en la frontera de la legalidad». Según Borrell, España los acepta porque se trata de «cifras bajas».

Las entidades que trabajan sobre el terreno reconocen que la estampa en el peaje de Biriatou se repite a diario. Los migrantes provienen de Mali, Senegal, Costa de Marfil o Guinea Conacry, fundamentalmente, y no hace ni una semana que han cruzado el Estrecho. Son fácilmente reconocibles porque visten las sudaderas grises y negras y las alpargatas de colores que les entrega Cruz Roja en las costas andaluzas. «Muchos se quedan allí mismo o en los alrededores, e intentan cruzar a pie en cuanto anochece. Los hay que vuelven a Irún y aguardan para montarse en otro bus. Todos acaban pasando a Francia en pocos días», explica un colaborador que ayuda a los migrantes en Irún.

La noticia también parece haber llegado a los albergues de Bilbao, Vitoria y San Sebastián, donde algunos migrantes optan por esperar a que se calmen las aguas en la frontera. Mientras, la presión migratoria en el sur no baja.

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