La Guardia Civil da por cerrada la investigación del crimen de Ardines tras el registro de la casa del principal sospechoso

Pedro Nieva, el principal sospechoso del crimen de Ardines, tras finalizar el registro en su domicilio, acompañado por agentes de la Guardia Civil. / DANIEL MORA

Los agentes descartan nuevos arrestos y los detenidos en Llanes prestarán declaración mañana jueves

OLAYA SUÁREZ

Dos horas han necesitado los agentes de la Unión Central Operativa (UCO) para registrar la vivienda vacacional de Pedro Nieva, el presunto autor intelectual del asesinato del concejal de Izquierda Unida en Llanes, Javier Ardines. El detenido ha acudido a la vivienda esposado, portando un plumífero azul que utilizó para tapar su rostro ante la mirada de los medios de comunicación. A las preguntas de los periodistas, ni una mueca. El sospechoso se mostró calmado y tranquilo en todo momento.

Parecía que allí no hubiese pasado nada. Que se estuviera reviviendo una de las escenas que los vecinos de Belmonte de Pría recordaban el martes a El Comercio: «Es tremendo. Muy fuerte. Estaban siempre los dos juntos. Daban paseos, tomaban copas... No se separaban». Ese 'no se separaban' se refiere a Pedro Nieva y al asesinado, Javier Ardines. Tanto es así que de las casas de ambos distaban pocos metros.

Este miércoles la escena era bien distinta. Solo 24 horas después de ser detenido en su casa de Amorebieta (Vizcaya) la maquinaria de la investigación, que ha trabajado intensamente en estos seis meses desde que se produjo el crimen, aceleró los plazos. Pedro Nieva, que fue uno de los cuatro detenidos en la mañana del martes, fue señalado rápidamente por los investigadores como el presunto cerebro del crimen, el que encargó a dos sicarios que acabaran con el concejal movido por los celos.

Fuentes cercanas a la investigación consideran que Pedro L.N.A. encargó el crimen movido por los celos ante una posible relación entre su mujer y el concejal y se valió de la ayuda de un conocido, también arrestado en Vizcaya, al igual que uno de los dos argelinos supuestos autores del crimen, mientras que en el caso del segundo se han iniciado los trámites para su extradición desde Suiza.

Durante el registro, que se inició pasadas las nueve de la mañana, los agentes recorrieron junto al detenido las estancias de la vivienda principal, los accesos a un garaje donde se detuvieron en el falso techo y un porche que está ubicado en el interior de la finca. Una vez concluida esta fase de la operación, se ha visto salir a los agentes acompañados de la autoridad judicial portando varias cajas.

Según confirman fuentes del caso a El Comercio, con la operación de esta mañana se ha dado por concluida la investigación y se descarta que se produzcan nuevas detenciones. En esta línea, los detenidos que permanecen en las dependencias de la Guardia Civil en Llanes pasarán a disposición judicial y se les tomará declaración entre la tarde del jueves y el próximo viernes.

La viuda alertó del comportamiento del marido de su prima

Eran las seis de la mañana cuando sonaba el teléfono de la viuda de Javier Ardines. Se cumplían las sospechas que se le habían ido evidenciando desde que su marido fuera asesinado el 16 de agosto junto a su casa, en Belmonte de Pría, Llanes. A ella y a los investigadores, que poco a poco fueron desenredando el intrincado ovillo hasta que consiguieron tirar del hilo concreto y aunar pruebas que respalden los cargos. La llamada era de la Guardia Civil. «Hay cuatro detenidos», le comunicaban. Uno de ellos, el considerado autor intelectual del crimen, es Pedro Nieva Abaigar, marido de su prima. El móvil: los celos. Los que sentía por el concejal de Izquierda Unida por una supuesta relación íntima con su mujer. Así lo consideran los trabajos realizados por los agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) y de la Policía Judicial de la Comandancia de Gijón y en los que invirtieron cientos de horas.

La Benemérita apunta que el principal sospechoso encargó el crimen a dos ciudadanos argelinos con la connivencia del cuarto arrestado, un ciudadano español residente en el País Vasco que no tendría vinculación alguna con Asturias. Los agentes habrían conseguido desmontar la versión del principal sospechoso, de 48 años, quien el día de autos se encontraba en su casa de Amorebieta (Vizcaya). Sin embargo, los indicios apuntan a que habría prometido una elevada cantidad de dinero para que matasen a Ardines.

Para la familia directa de la víctima las sospechas habían recaído en Pedro por la distancia que tomó después de que la tragedia se cerniese sobre quienes fueron sus amigos íntimos. Porque además de familia, los dos matrimonios eran inseparables, compartían pandilla y planes vacacionales. Mantenían estrechos lazos de amistad.

«Tanto Pedro como su mujer estaban muy esquivos con toda la pandilla y con la viuda», confiesa su entorno

«Estaba muy esquivo, tanto él como su mujer», diría a la Guardia Civil la propia viuda, Nuria Blanco, que a la muerte de su marido suma ahora la traición. Fue ella la primera que notó un cambio de comportamiento en ambos, en el momento en el que más necesitaba su apoyo.

El Comercio adelantaba el pasado mes de noviembre que la Guardia Civil vigilaba a un vecino del País Vasco, con una segunda residencia en Llanes, como principal sospechoso del episodio violento que acabó con la vida del edil, pescador de profesión y muy apreciado en la zona del oriente asturiano. Ya desde el primer momento las investigaciones apuntaban a que podría tratarse de un crimen por encargo. El ensañamiento con el que actuaron y el hecho de que días antes Javier Ardines se hubiera encontrado unas vallas similares a las que el día del crimen interrumpían el paso en el camino, llevaron a determinar que podría ser obra de 'profesionales'.

Hubo, no obstante, que descartar otras vías. Por ello, los agentes tomaron declaración a los compañeros del Ayuntamiento, a los funcionarios, al personal interino y a los compañeros de la cofradía de pescadores. Javier Ardines era patrón del barco 'Bramadoria' y el día del crimen se disponía a salir a faenar como cada jornada en compañía del empleado que tenía. Pero no llegó a su destino. Ya por entonces los pescadores lo tenía claro: «El asesino de Ardines no está aquí, que miren hacia otro lado». Y sus convencimientos se cumplieron. En la mar no tenía problema con nadie, era una persona muy apreciada en el gremio al que había dedicado toda su vida. En los últimos años había compaginado su profesión con ejercer de concejal de IU. Había renunciado a su sueldo como edil y tenía previsto abandonar esta labor cuando acabase el mandato.

«Solo darle un susto»

A unos sesenta metros de donde dejó el coche, volvió a ser alcanzado por los homicidas. Le asfixiaron rodeándole el cuello desde atrás. No fue hasta dos horas después, cuando un vecino salió a pasear al perro, cuando descubrió la macabra escena. En esa ocasión, también una llamada de teléfono cambiaba para siempre la vida de la familia de Javier Ardines.

A escasos metros, en una vivienda también de Pría, se encontraba la mujer del ahora detenido, presunto autor intelectual. Estaba pasando el mes de agosto en Llanes, como hacía siempre. Fue una de las primeras personas en llegar al camino en el que se cometió el asesinato. Siempre al lado de la viuda y los hijos. De hecho, la tarde anterior habían estado juntas en un bar de Nueva de Llanes. Sus vidas a partir de ese día se comenzarían a separar, hasta que hace dos meses, la relación se volvió prácticamente inexistente.

Los restos de ADN recogidos en el lugar del crimen fueron claros a la hora de determinar la identidad de los asesinos. Eso, y los posicionamientos de sus teléfonos móviles. Al parecer, serían personas que estarían fichadas por las fuerzas de seguridad. De hecho, uno de los ciudadanos argelinos acusados fue detenido hace semanas en Suiza por un asunto de tráfico de drogas. Ahora, además de la venta de sustancias estupefacientes podría ser acusado de un delito de asesinato. La Guardia Civil ya ha solicitado la extradición a España de ese sospechoso. Los otros tres fueron trasladados el martes desde Vizcaya hasta el cuartel de Llanes.

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