Piden la pena máxima al asesino de Alicia

Daniel M., en el banquillo. /
Daniel M., en el banquillo.

Oídos los testigos, la acusación insiste en la prisión permanente para Daniel M. y la defensa, en recluirle en un psiquiátrico

DAVID GONZÁLEZ

Siete maratonianas sesiones orales después, con más de sesenta testigos escuchados y alrededor de cuarenta horas de pulso dialéctico entre las partes, desembocaron ayer en el penúltimo capítulo del juicio con jurado contra Daniel M. A eso de las tres y media de la tarde, el acusado de matar a la pequeña Alicia y de intentarlo con su madre, Gabriela, conoció las acusaciones definitivas en su contra. Y los tiempos de reclusión que implican.

Los representantes de la Fiscalía, de las dos acusaciones particulares y de la popular, ejercida por la asociación Clara Campoamor, insistieron en la prisión permanente revisable por el crimen de la menor. Ello se traduce en la pena más dura que se puede imponer ahora en España: de 25 a 35 años entre rejas. Añadieron asimismo otra petición de «diez años menos un día» por la tentativa de homicidio sobre la madre de la nena. No se movieron, por tanto, del planteamiento que marcaron antes del juicio. Reclaman el máximo que les permite el Código Penal.

Sólo cambió la propuesta de la defensa. Su letrado reiteró que aquella madrugada del lunes 25 de enero de 2016 sufrió un brote psicótico agudo, probablemente inducido por un «consumo cannábico» -fumó un porro-. Por esta circunstancia aboga por su reclusión en un centro psiquiátrico. ¿Cuánto? Lo dejó «al criterio del juez», dijo el letrado, lo que supuso una novedad en su discurso.

A su vez sorprendió con su recalificación del ataque a Gabriela, una vecina de Burgos doce años más joven que el procesado y al que conoció en una red social. El defensor pidió que se considere un «delito de lesiones», que entrañaría una pena de prisión de seis meses a tres años. El acusado, profesor de saxofón y exmiembro de la banda municipal lleva casi dos años y medio en prisión preventiva tras el brutal episodio ocurrido en su entonces piso de alquiler en la calle Libertad.

La variación de su abogado quizá responda a la intervención de dos peritos contratados por sus padres. Fueron los últimos en hablar en la sesión de ayer, que se alargó casi siete horas. Estos psiquiatras señalaron que no simuló ningún ataque mental para librarse de la cárcel, como sostiene la acusación, y que tenía sus facultades «anuladas» en el momento de los hechos.

Asimismo apuntaron a un posible «cuadro delirante» y «alucinatorio» aquella madrugada del 25 de enero de 2016. «Obraba conforme a una percepción errónea». Consideraron que, como declaró ante la Audiencia Provincial de Álava la semana pasada, sí creyó ver al «diablo» en Gabriela, a la «semilla del mal» en su pequeña, y que las atacó para «evitar el fin del mundo».

El ataque a los peritos

En un hecho inusual, al menos en los juzgados vitorianos, criticaron abiertamente a los médicos del hospital Santiago por la medicación que dispensaron al único procesado. «Le dieron un cóctel», censuraron. También rebatieron a otros expertos como los miembros de la Unidad de Valoración Forense Integral, quienes negaron que sufriera una esquizofrenia o brote psicótico alguno. «La tiene», cerraron ellos. Su argumentación chocaba con todo lo oído hasta entonces. Ayer mismo habló el primer médico que trató a Daniel en Urgencias. Nada anormal vio en su proceder, alegó.

Para alcanzar el nuevo diagnóstico, estos peritos convocados por la defensa compartieron un total de ocho horas con el asesino en prisión, donde «creemos que ha empezado a estudiar Derecho». Sin embargo, tras dos horas de interrogatorio, y a pregunta del representante de Clara Campoamor, sí reconocieron que la psicología «no es una ciencia exacta» y que «nos hemos podido equivocar en el diagnóstico, aunque no lo creemos».

Daniel, de 30 años en el momento de los hechos, y Gabriela intimaron tras conocerse en internet. El fin de semana previo a los hechos quedaron en una casa rural. Sin previo aviso, la invitó a subir a Vitoria. Con funestas consecuencias.

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