El parricida de Tenerife mató a su mujer y a su hijo a pedradas

A prisión el detenido por la muerte de su mujer y su hijo en Tenerife./Gema González
A prisión el detenido por la muerte de su mujer y su hijo en Tenerife. / Gema González

Thomas Handrick, que mantiene su inocencia, ingresó ayer en prisión tras pasar a disposición judicial

A.B.

«Es algo terrible, cómo una mente puede calcular semejante atrocidad, es un crimen horrible y horroroso. Es imposible que ningún ser humano que esté bien, que tenga la cabeza bien, pueda hacer algo así, matar premeditadamente, porque está clarísimo que lo hizo así, a su mujer y a su hijo, y el otro niño, de seis años, escapó despavorido. Escapó de la muerte, pero sufrirá las consecuencias toda su vida». El delegado del Gobierno en Canarias, Juan Salvador León, no podía ocultar ayer su dolor e impotencia ante un doble crimen que ha convulsionado a toda España y en especial a la localidad tinerfeña de Adeje. Cada día que pasa se conocen nuevos datos de esta tragedia. La «carnicería» que describieron los agentes al llegar a la cueva donde se cometieron los asesinatos viene corroborada por la autopsia. Thomas R. Hendrick machacó a pedradas a su exmujer, Shylvia, hasta desfigurarle la cara y dejarla sin dientes. Algo parecido pasó con su hijo de diez años. Pese a todas las pruebas en su contra, incluido el testimonio de su hijo Jonás, que logró escapar antes decorrer la misma suerte que su madre y su hermano, este ciudadano alemán -al igual que toda su familia-, insiste en que es inocente. Ayer pasó a disposición judicial, tras lo cual ingresó en prisión.

El niño, de nacionalidad alemana, igual que el resto de su familia, deambuló solo por barrancos escarpados entre la niebla más de cuatro kilómetros durante varias horas. Una vecina lo encontró por casualidad en un camino, pero no hablaba español. «Estaba agobiado, asustado, manchado, con arañazos». Rosi, vecina de Adeje, buscó a un amigo para que le ayudara con el idioma. El pequeño les explicó que su padre había golpeado a su madre y a su hermano y que él había huido porque había mucha sangre.

El pequeño Jonás es un testigo incómodo para su padre. No solo presenció el crimen, sino que ofreció datos tan precisos a los agentes que parecían increíbles dada su corta edad. Los guardias civiles llamaron a una traductora de alemán y el niño poco a poco se fue abriendo y detallando lo que había ocurrido en las horas previas. Les explicó que él, su madre y su hermano de diez años habían llegado el lunes desde Alemania, que su padre vivía en Adeje y que había alquilado un coche para llevarlos de excursión y enseñarles una cueva. «Él les dijo que tenía regalos de Pascua escondidos allí», reveló Analís, la traductora que pasó horas con él. «Si el niño no hubiera huido posiblemente se habrían encontrado los cuerpos de forma casual dentro de meses o años», explican fuentes de la investigación.

Furgoneta alquilada

El dato del alquiler del vehículo fue definitivo para localizar con rapidez a Thomas Handrick, de 43 años, dado que no estaba empadronado en la localidad tinerfeña pese a que residía allí hacía alrededor de dos años. En pocos minutos averiguaron que había alquilado una furgoneta Volskwagen Caddy -el niño recordaba el logo de la empresa- y había facilitado algunos datos identificativos. Con precisión, contó que dejaron el coche en un camino y se encaminaron a pie a la cueva. Allí, su padre golpeó a su madre. «Me dijo que su madre tenía la boca llena de sangre y que estaba en el suelo. Al hermano no vio cómo lo golpeaba», explicó la traductora. El crío salió corriendo por el monte en dirección contraria, huyendo de su padre al que ya no vio más. De seguir el mismo camino que de ida tal vez no lo hubiese contado. «Más vale la vida que los regalos de Pascua», llegó a decir.

Handrick no se relacionaba con sus vecinos ni en apariencia tampoco con la nutrida comunidad germana que reside en la zona. La pareja estaba separada, aunque no legalmente; al menos la mujer seguía utilizando el apellido de él. Todo apunta a que los niños no estaban al tanto de estas desavenencias.

Los especialistas de Criminalística se desplazaron a la casa en busca de la ropa que vestía el detenido el martes -cuando cometió los crímenes- y cualquier otro indicio. Según algunos vecinos, esa misma tarde, mientras los cadáveres de su mujer y su hijo mayor estaban en la cueva y su hijo pequeño vagaba solo por los barrancos, él iba bebiendo una lata de cerveza por la calle,paseando con calma. La misma que ha demostrado desde que lo detuvieron.