Un joven sobrevive al ataque de 15 avispas asiáticas en Cantabria

Un vecino indica dónde se encuentra el nido de las avispas asiáticas a dos técnicos en fumigación para que lo eliminen. / Javier Rosendo

«Pensé que me explotaba la cabeza y se me inflamó la garganta», asegura, la víctima, que tuvo que ser trasladado al hospital

LUCÍA ALCOLEA

Jacobo Cortijo, joven vecino de Labarces (Valdáliga, Cantabria), habla con una tranquilidad pasmosa y se encuentra perfectamente, como si hace una semana no le hubieran atacado un grupo de unas quince avispas asiáticas o 'velutinas', calcula, mientras caminaba con sus animales por la mies de Talma, a pocos metros de su casa. Jacobo es corpulento, de estatura media, una poblada barba negra y piel morena, en la que, por cierto, apenas queda marca alguna de picadura. «Yo es que no lo he pasado tan mal», asegura con una sorprendente falta de preocupación. Ocurrió el lunes pasado, cuando fue a la mies para guardar a las cabras acompañado de su perro.

Mientras trajinaba con el ganado (tiene alrededor de 20 cabras pequeñas) escuchó un zumbido «bastante más fuerte que el de una avispa cualquiera» y al segundo empezó a sentir cómo varias 'velutinas' a la vez «se estrellaban» contra su cabeza. Echó a correr con las avispas encima. Durante los tortuosos segundos que duró el ataque Jacobo tenía la sensación de que su cabeza estaba ardiendo. «No me picaba, me escocía y parecía que me iba a explotar», explica mientras se toca las sienes. También le picaron en los brazos y en las manos. «El perro se revolvía por el suelo y las cabras pataleaban». Les persiguieron «unos trescientos metros», calcula.

Luego se fueron y Jacobo volvió a sus quehaceres como si no hubiera pasado nada. «Terminé de atender a los animales, que solo sufrieron algunas picaduras, y descargué el pienso del coche». Seguía ardiéndole la piel y fue a casa a ducharse, pero la cosa iba a peor. «Se me inflamó la garganta y notaba rigidez en el cuello». Decidió acudir al centro de salud de Cabezón y llamó a su madre para que llevara el coche, «porque pensé que me iban a dar un antiestamínico fuerte y luego no iba a poder conducir», pero no porque acabara de sufrir el ataque de un enjambre de avispas asiáticas. A eso seguía sin darle mucha importancia.

Hasta que llegó al centro de salud. Ahí le cambió el color de la cara y la expresión. «Los médicos de urgencias iban y venían, estaban preocupados y comencé a alarmarme». Tenía menos oxígeno en sangre de lo normal «y los facultativos temían que se me hinchase más la garganta». De Cabezón fue trasladado al hospital de Sierrallana en una UVI móvil, y allí terminó de recuperarse. Ahora ya se encuentra en casa y narra todo esto como una aventura, pero continúan haciéndole pruebas para determinar si tiene alergia o no a la avispa asiática.

Duro recuerdo

«Mientras lo averiguan tengo que llevar siempre adrenalina encima por si me vuelven a atacar». Cosa que al parecer no es tan poco probable «porque cuando te pican te queda una toxina en el cuerpo que propicia que te ataquen si lo huelen». Por suerte solo dura unos días. Lo que dura para siempre es el recuerdo vivo del dolor. También del tamaño del bicho. «Una sola era como mi oreja», indica Jacobo, que a pesar de todo no parece sentir miedo. Sí, en cambio, mira de reojo mientras camina por la mies «porque al parecer cada vez que te pican te vas haciendo más sensible».

Pablo González es el dueño de la finca donde se halla el nido de 'velutinas' que atacaron a Jacobo, del que es amigo y compañero. «Sabía que estaba ahí (dentro de un bardal de zarzas que separan la finca de la cambera) porque me lo había dicho un vecino al que también le habían picado», dice Pablo. El nido fue fumigado ayer por el encargado de la empresa Sercant-Antivelutina, Isidro Herrera.

«Este chico ha tenido una suerte loca y le ha ayudado su corpulencia», ratificó el experto. El veneno de una avispa asiática es tres veces superior al de una normal. Las personas que trabajan en los medios rurales son las que más expuestas están. «Yo no tengo miedo», asegura Pablo, «pero me preocupan los terneros, porque si los pican puede ser mortal». «Además ahora están hasta en la parte de arriba de los árboles y si estás segando aplastas el nido sin darte cuenta».