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G.C.

Identifican el cadáver de una joven asesinada hace 34 años en Asturias

Se trata de una joven de 24 años a la que enterraron en cal viva en Langreo, en 1991

María Báscones

Gjón

Lunes, 10 de noviembre 2025, 11:33

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Su asesinato tuvo lugar un 6 de enero de 1991 en la localidad de Barros (Langreo) cuando tenía 24 años. Gracias a las nuevas técnicas de ADN, la Guardia Civil ha logrado identificar su cadáver 34 años después. Se trata de una vecina de Avilés, cuya desaparición denunció su madre en octubre de 1995. Relató a los agentes que no sabía nada de ella desde hacía cinco años y cuidaba de la hija de la víctima, su nieta, de unos diez años, desde entonces.

Las primeras gestiones que realizaron los agentes, no llevaron a ninguna línea de investigación para dar con el paradero de la joven, por lo que quedó registrada en los archivos policiales de personas desaparecidas que son revisados regularmente cuando se aporta alguna pista o indicio nuevo que permitan la localización de los mismos. En una de estas revisiones, que tuvo lugar en mayo del pasado año y gracias a la evolución del análisis de nuevos métodos de identificación, los agentes contactaron con la familia para tomar muestras de ADN para aportar algún dato nuevo que permitiera cotejarlo con algún cadáver sin identificar o posteriores identificaciones. Después, en junio, los agentes volvieron a tomar una muestra de ADN a la hija de la desaparecida, ya que la abuela había fallecido.

Paralelamente a este proceso, los agentes llevaron a cabo gestiones y un estudio pormenorizado del caso, lo que les derivó a un homicidio de una mujer en Barros, apuñalada y enterrada en cal viva, con identidad desconocida. Este suceso, ocurrido el 6 de enero de 1991, lo investigó la Policía Nacional de Langreo. Detuvieron a una persona de dicha localidad cuando la pareja del homicida, tras una discusión, confesó los hechos a los agentes. Al ser arrestado, manifestó que la noche del 6 de enero del 1991 había recogido a la víctima cuando se encontraba haciendo autostop en Oviedo y que ésta había intentado robarle, lo que provocó un forcejeo entre los dos. Fue en esa pelea cuando él la acuchilló. Luego, la metió en el maletero y circuló hasta Barros, donde le contó lo sucedido a su pareja. Ambos comprobaron que la víctima había fallecido desangrada en el maletero. Asustados, decidieron enterrar el cuerpo en cal viva.

Y así permaneció hasta octubre de 1995, cuando fue enconrtado. Entonces, el deterioro de los restos imposibilitó su identificación, pero sí se pudo realizar un retrato robot.

Rretrato robot de la víctima. G. C.

Las investigaciones de ambos casos, el de la desaparecida y el de los restos sin identificar, acabaron confluyendo. Guardia Civil comenzó a atar cabos. El cotejo del retrato robot de la víctima del homicidio y una foto aportada por los familiares de la desaparecida tenían ciertas características que podían confirmar una correlación entre ambas.

La colaboración de los agentes de la Policía Nacional que participaron en la investigación del crimen y el aporte de todo tipo de documentación existente en sus archivos, permitió dar con los restos de la fallecida, que se hallaban en el Departamento de Biología del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses de Madrid. Debido a que la técnica de análisis de ADN realizada en el año 1995 y la que se realiza hoy en día es diferente, fue necesario un nuevo análisis. Fue entonces cuando se confirmó que eran los de la chica cuyo paradero se desconocía y se puso fin a un caso abierto hace 34 años.

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