«Me gritaba 'no puedo salir, no puedo salir', y creí que no escaparía del fuego»
Un varón de 38 años es ingresado en el hospital de Cruces tras sufrir quemaduras graves al incendiarse la caseta en la que vivía en una zona industrial de Lasarte-Oria
Oskar Ortiz de Guinea
Viernes, 28 de noviembre 2025, 10:45
«Ha sido un susto terrible, pero al menos Jerome está vivo. He llegado a pensar que no iba a escapar del fuego, porque las ... llamas eran altísimas y al ser de madrugada no había nadie a quien pedir ayuda». Así relataba ayer por la mañana Aitor el incendio registrado en una zona industrial de Lasarte-Oria que calcinó la caseta cercana a la suya. En ella residía desde hace más de un año un varón de 38 años que sufrió heridas de gravedad, especialmente en sus manos y brazos, por lo que tuvo que ser evacuado a la unidad de grandes quemados del hospital de Cruces.
Según informó el departamento vasco de Seguridad, el fuego comenzó sobre las 4.30 horas de ayer, en un pequeño altillo de lo que en su día fue un pabellón, del que apenas quedan los cimientos y una pequeña estructura de lo que fue una entreplanta. Aquí se encontraba la caseta de obra en la que residía la víctima, a la altura del número 60 de Nagusia kalea, entre lo que fue un supermercado Consum y las antiguas cocheras. «Yo estaba dormido, cuando de repente he empezado a oír golpes. He pensado que estaban pegando al chaval, así que he salido y me he encontrado con el fuego», recordaba Aitor.
«Por lo visto –continuaba–, como aquí no tenemos ni luz ni agua, él sentía frío y ha ido a alimentar una fogata con gasolina, lo que ha provocado unas grandes llamas que no ha podido controlar», extremo este confirmado por fuentes policiales. «Él ha empezado a gritarme 'Aitor, no puedo salir, no puedo salir'. Yo quería ayudarle, pero es que era imposible acceder a él. He salido a la calle Mayor, y he visto una patrulla de la Ertzaintza y me he puesto en la mitad de la calzada para pararles. Eran dos chicas, que lo han intentado todo para intentar subir, pero era imposible. Luego han llegado más patrullas, y al rato los Bomberos», que llegaron a la media hora, cuando la chabola ya había ardido, según se aprecia en las cámaras de seguridad de una empresa que ha visualizado este periódico.
El problema es que Jerome vivía en una especie de «jaula», a la que él accedía mediante una escalera de mano que él mismo retiraba cuando ascendía a su 'hogar', una caseta de obra. «Como alguna vez le habían entrado a robar, entre él y yo reforzamos toda la estructura con un vallado muy alto» realizado con somieres unidos entre sí. Para entrar en la chabola, tenía que ir de lado entre la valla y una pared lateral, un estrecho pasillo que ayer fue imposible atravesar debido a la virulencia del fuego. «De pronto –dice Aitor–, me acordé de que en la parte trasera habilitamos un pequeño hueco como wáter, y le he dicho que saltara por ahí», desde unos 5 metros de alto. «Ha saltado descalzo, así que se ha podido hacer mucho daño, pero ha salvado la vida». Fue atendido por dos ambulancias y luego evacuado a Cruces. «Tenía las manos abrasadas», según fuentes policiales. Los bomberos dieron por extinguido el fuego sobre las 6.00 horas.
«Se veía venir»
La víctima es una persona muy conocida en las cuadras del hipódromo de Zubieta, donde el pasado verano trabajó en labores de mantenimiento de la pista. Entre los trabajadores del recinto, ayer contaban que «Jerome es francés, pero vino con 18 años al hipódromo y ha trabajado en casi todas las cuadras y los principales preparadores, desde Ana Imaz a Miguel Alonso, Ángel Imaz o la yeguada militar. Separado y padre de una niña, atravesaba por «un delicado momento personal».
Junto a las chabolas de Jerome y Aitor hay una tercera también okupada. Son casetas de obra que pertenecen a la constructora propietaria del solar, donde hay proyectado un barrio residencial. La zona, por tanto, está abandonada salvo un par de empresas situadas enfrente de donde se registró el fuego. Sus trabajadores aseguraban ayer que «algún día tenía que pasar algo así. Esta zona está llena de okupas, y constantemente tenemos que llamar a los municipales» por diversos motivos: «En agosto, porque llegó un magrebí con un machete que quería quitarle la caseta a un okupa. O por peleas, o golpes...». En la nave contigua, de la que no queda ni el tejado y ardió hace «tres o cuatro años». Pertenece a otra constructora que «no puede desalojar a los okupas porque hay personas empadronadas en chabolas», tal como confirmó DV por fuentes oficiales.
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