El dueño de los perros que mataron a un anciano en Asturias dice que «le querían con locura»

El dueño de los perros que mataron a un anciano en Asturias dice que «le querían con locura»

El propietario de los canes que atacaron a Evangelista Canto, de 87 años, asegura que «nunca imaginé que ocurriría algo así»

LYDIA ISSIERO

Pasaban poco más de las nueve y cuarto de la mañana cuando los agentes de la Guardia Civil pertenecientes a la Policía Judicial y del Servicio de Protección a la Naturaleza (Seprona) llegaron al número 7 de la localidad sierense de Arniella para inspeccionar la finca de Guillermo Muñiz, en la que el martes al mediodía cuatro perros atacaron a Evangelista Canto, un vecino de la zona de 87 años que falleció horas después en el Hospital Universitario Central de Asturias debido a las graves lesiones que le provocaron las mordeduras, especialmente en los brazos.

«Caballero, los perros, todos atados», ordenó uno de los agentes nada más bajarse del coche. A Muñiz le llevó a algún tiempo cumplir lo que le pedían, de hecho dejó a uno suelto. «Es que no tengo para atarlos a todos, pero este no hace nada», aseguró. Los animales, de raza mestiza, más allá de continuos ladridos, no mostraron ninguna señal de agresividad, no salieron de la propiedad a pesar de que el portón estuvo algún tiempo abierto y respondieron a las órdenes de su dueño, que se afanaba en mantenerlos alejados de los agentes, quienes finalmente optaron por hablar en el exterior de la parcela. El guardia civil que posteriormente realizó las comprobaciones sobre el estado de los canes y les pasó el lector de microchip acompañado por el propietario tampoco se encontró con dificultades.

Esa obediencia es la que lleva a Muñiz a no explicarse qué fue lo que pudo ocurrir para que veinticuatro horas antes, los animales se abalanzaran sobre su amigo Evangelista y lo atacaran provocándole lesiones tan graves que le costaron la vida. «Estoy destrozado, muy mal, lo siento bastante», atinaba a decir. Reticente a hablar con los medios de comunicación y visiblemente afectado, aseguró que «nunca imaginé que podría pasar algo así, éramos amigos y estuvo muchas veces aquí, los perros lo querían con locura», aseguró.

En el momento de los hechos, se encontraba en el interior de la vivienda y no sintió llegar a Evangelista. «No sé cómo pudo abrir el portón para entrar», señaló en referencia a la pesada puerta metálica para la que es necesaria emplear cierta fuerza. El octogenario, con problemas de salud, estaba débil, caminaba muy despacio y apoyado en un bastón. «A lo mejor se le acercaron y les quiso dar con él, no lo sé», insistió. Cuando alertado por la jauría se asomó a ver qué ocurría, se encontró a la víctima tirada en el suelo.

Multa administrativa

Por otra parte, Muñiz relató a los agentes que en el momento del ataque solo cuatro de los seis perros se encontraban sueltos. También les contó que era su exmujer la que se encargaba de los trámites y del control veterinario. Tras la pertinente inspección, la Guardia Civil determinó que solo uno tiene el microchip identificativo obligatorio, lo que acarrea la apertura de un expediente sancionador para los otro cinco por incumplimiento de la Ley de Tenencia, Protección y Derechos de los Animales del Principado, que establece una multa por infracción grave que puede oscilar entre los 601 y los 3.005 euros. Este hecho, aclaró la Benemérita, no guarda vinculación con el ataque.

En cuanto al estado de los animales y de la parcela, los agentes certificaron que todo se encuentra dentro de la legalidad. «La parcela está correctamente vallada y cerrada con una puerta metálica que evita fugas y los animales están en buen estado y bien cuidados», explicaron. Ahora, la Guardia Civil elaborará un informe que trasladará a las autoridades competentes, en este caso la Consejería de Desarrollo Rural y el Juzgado, que determinará si existe algún tipo de responsabilidad penal por parte de Muñiz.

En cuanto al futuro de los animales, permanecen a cargo de su dueño y ahora será el Principado quien dé el próximo paso. Una vez que la consejería reciba comunicación oficial sobre el caso, la primera medida será aplicar el protocolo de vigilancia de rabia, que consiste en un control veterinario durante veinte días en la propia finca. Por el momento, el sacrificio está descartado.

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