Pedro y su mujer se habían distanciado de los amigos de Llanes meses antes del crimen

Pedro Nieva, en una foto de grupo. / E. C.S

La cuadrilla que compartían la víctima y el presunto inductor sospechó de Pedro «por su actitud esquiva»

O. SUÁREZ | P. SUÁREZ

Pedro y su mujer se habían distanciado notablemente de su grupo de amigos los meses anteriores al crimen. Su pandilla de toda la vida atribuía lo «raro» que estaba el matrimonio a un problema de la familia de ella. «Una persona muy próxima había tenido una separación muy traumática y tenía incluso protección policial, creíamos que estaban pasándolo mal y lo achacamos a eso», cuentan en su entorno.

Fue la única explicación que encontró el grupo a que, sin que hubiese mediado problema alguno, llegasen a la playa y se mantuvieran en otra zona. O a que ella pusiera continuas excusas para no acudir a las comidas o cenas que organizaban. Se la echó en falta en la parrillada que Javier Ardines organizó por el cumpleaños del padre en un bar de Belmonte de Pría dos días antes de que lo matasen y en la fiestas de Naves a las que nunca fallaban.

Sobre el hecho de que Pedro no hubiera acudido a su cita ineludible con el verano llanisco, llegó a circular el rumor de que no podía salir de Bilbao porque estaba con un arresto domiciliario. «No había ninguna prueba ni nadie sabía nada a ciencia cierta, pero él en sí mismo era tan turbio que no nos extrañaba que fuera verdad... Así como ella siempre fue mucho más abierta, él nunca nos resultó claro, parecía que ocultaba algo», expuso una persona allegada.

En las primeras conversaciones que la viuda de Ardines mantuvo con los investigadores, ya salió a relucir el nombre de Pedro Nieva Abaigar. Las sospechas de la esposa del concejal se irían afianzando a medida que pasaban las semanas y la relación con su prima y el marido de esta se volviera tan fría que pasasen a ser «como dos desconocidos».

Tal fue así, y por detalles que la viuda fue apreciando, que en las últimas semanas llegó a decir: «Estamos convencidos de que ha sido él». Lo que no podían imaginar era el complejo plan que supuestamente había ideado para quitar del medio a su primo político.

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Según las pesquisas de los agentes, Pedro Nieva llevaba meses pergeñando lo que la rondaba por la cabeza: liquidar a Ardines o por lo menos darle un escarmiento. Comentó sus intenciones con un amigo de Bilbao y entre los dos, supuestamente, se pusieron en contacto con dos ciudadanos argelinos que estaban dispuestos a actuar a cambio de un dinero.

El siguiente paso, según las investigaciones, fue procurarles todos los datos para facilitarles la emboscada. Así, les habría indicado el lugar de residencia del objetivo en Belmonte de Pría, así como sus rutinas, las cuales Pedro conocía a las perfección por haber compartido muchos días y noches.

Sabía que salía en dirección al puerto de Llanes de madrugada. Les habría indicado cuál era el lugar perfecto para abordarlo, un camino con solo dos casas habitadas y por el que no pasaría otro coche porque no tiene salida. A unos 150 metros el camino desemboca en una carretera de mayor tránsito en la que había más posibilidades de ser sorprendidos.