7 años de alejamiento para el joven que partió la nariz y la mandíbula a su madre en Vitoria

Manchas de sangre en el portal del piso en el que ocurrieron los hechos, en Sansomendi./IGOR AIZPURU
Manchas de sangre en el portal del piso en el que ocurrieron los hechos, en Sansomendi. / IGOR AIZPURU

La víctima ingresó «grave» en el hospital de Santiago. El juzgado suspende la pena de prisión mientras prosiga un tratamiento de desintoxicación

DAVID GONZÁLEZ

La virulencia de la paliza sobresaltó a las gentes de Sansomendi. Pero fue el parentesco entre agresor y víctima lo que realmente conmocionó al populoso barrio de Vitoria. Ocurrió hace 14 meses. Un joven, entonces de 25 años, golpeó con tanta saña a su madre, de 53, que le partió mandíbula, nariz y varios dientes, aparte de provocarle numerosas contusiones. La mujer pasó cuatro días en Santiago, donde ingresó con pronóstico «grave». No era la primera vez que la pegaba.

El ataque se produjo apenas un día después de la histórica manifestación, con 70.000 personas tomando las calles de Vitoria, en favor de los derechos de las mujeres. El miércoles, el Juzgado de lo Penal número 2 citó a ese vitoriano por las acusaciones de maltrato habitual y otros dos delitos de lesiones. En el pasillo no había rastro del joven con la cabeza y cejas rapadas que se encontraron en el piso los primeros ertzainas en intervenir. Minutos antes, una vecina asistió a la madre junto al portal de la casa. Estaba «desorientada» y «en estado de shock». «La violencia con que se empleó fue extrema», señalaron fuentes policiales a EL CORREO. Se cree que incluso la golpeó con «algún cajón».

El procesado, ayer con gafas y cabello corto, aguardó callado y con la cabeza gacha a las instrucciones de su letrada. Como ausente y arrepentido por la salvajada cometida. A unos pocos metros, sus familiares directos, víctimas dobles. No intercambiaron palabra alguna.

Hace catorce meses, la violencia con que se empleó sorprendió en la comisaría de Portal de Foronda y en el hospital Santiago. «La paciente ingresó muy mal. Tenía también un ojo afectado», rememoran fuentes médicas. El barrio de Sansomendi se volcó con ella. Hubo una concentración de protesta, convocada por la asociación vecinal Kaleartean con la presencia de representantes de todo el arco político municipal. Cuando la víctima fue dada de alta, el Juzgado de Instrucción 4 ya le había impuesto una orden de alejamiento a su hijo.

No reincidir en 3 años

La vista oral duró poco. Quizá porque el procesado tiene acreditada una dependencia por drogadiccion, sigue un tratamiento en el COTA, el Centro de Orientación y Tratamiento de Adicciones. El parentesco -la denuncia fue presentada por su familia- probablemente también precipitó un acuerdo rápido y sin ingreso en la cárcel. Fiscalía y defensa pactaron un año y nueve meses de prisión para el acusado. No visitará el penal de Zaballa siempre que cumpla con dos axiomas básicos; no delinquir durante los próximos tres años y acudir puntual a su tratamiento médico.

Hubo más. Como medida de protección a la víctima, el juzgado le impuso el veto de acercarse o comunicarse con ella durante siete años y cuatro meses. Es decir, hasta mediados de 2026. Asimismo deberá hacer frente a 2.880 euros de multa. Varias horas después, pegado a un céntrico supermercado, el ya condenado observaba el desfile de peatones. Cerveza en mano y con el gesto ausente.