SOBRAN TONTOS

Que exista una campaña para que no caminemos por una cornisa a modo de reto demuestra que no tenemos remedio

Sandra Bullock, en la película Bird Box./
Sandra Bullock, en la película Bird Box.
JON URIARTE

Lo mismo soy un insensible. No lo discutiré. Pero en este asunto no voy a ser políticamente correcto. Sobran tontos. Y punto. Quizá por ello la madre naturaleza, que es sabia, aplica la milenaria fórmula de la selección natural. Esa que, en teoría, permite mejorar las especies, eliminando a los individuos más idiotas. Ejemplo de ello es lo que está pasando con los retos virales. Hay que ser muy tonto para jugarte la vida, grabarlo y tener tu segundo de fama en redes sociales. Lo último en este campo es hacer el pino en la cornisa de un edificio. Muchos se caen. Así que, la policía y plataformas como Orange, ya han advertido que es muy peligroso. Supongo que es lo correcto. Advertirles de que se pueden caer y quedar como las natillas de Arguiñano. Pero tampoco gastaría yo mucha saliva. Porque, los tontos, no tienen remedio.

Obviaré los nombres, casi todos en inglés, de esos retos que tan de moda están en Internet. Más que nada para no darles categoría de juego. No lo son. Se parecen a un juego como la ruleta rusa a cantar bingo con tu abuela. Pero basta con que aparezca Sandra Bullock en una película conduciendo con los ojos vendados para que el más bobo de la cuadrilla proponga imitarla. A poder ser en hora punta, por la vía más rápida y cuando más tráfico haya. Y si lo último es desafiar a la gravedad, que sea en el sitio más alto y con viento. Si no es así no tiene gracia. Porque los tontos, y quienes les siguen, se superan a diario. Que no les extrañe que un día uno de ellos conduzca con los ojos vendados por una azotea, mientras su colega se quita los pelos de la entrepierna con la navaja de Curro Jiménez. A usted y a mí no nos haría gracia, pero debe ser que somos sosos. O que tener un mínimo de sentido común es algo que ya no se estila. De ahí que, desde estas humildes líneas, proponga una reflexión general. Basta ya de criar tontos. Si quieren matarse que se maten. Además no se trata de una especie en extinción.

Los hay por todas partes y desde siempre. Como aquél tonto del pueblo que, con una tajada de campeonato o sereno pero crecido por la fiesta, se ponía delante de un morlaco de 300 kilos a porta gayola, sin soltar el pitillo de los labios. Más que nada para tener algo de qué presumir en la verbena, cuando las mozas no se le acercaban porque daba pena. O como ese otro tonto que se ponía en las vías del tren aguardando el paso del Talgo, para saltar a un lado en el último segundo. O ese otro que caminaba sobre cristales, emulando al Bruce Willis de 'La Jungla de Cristal'. No me digan que no han visto gente así. Por no hablar de quien se apostaba cuatro perras, y el orgullo, a que podía comerse 50 huevos como Newman en 'La Leyenda del Indomable'. Lo he visto con mis ojos. Solo que la vida no lleva banda sonora, ni se ve en pantalla grande y la cosa pierde gracia. Basta con apartarse un metro para comprobar lo absurdo que es. Una cosa es ganarte la vida en el alambre, que para eso existe el Circo del Sol, y otra muy diferente perderla por una idiotez. Curiosamente somos el único animal capaz, sabiendo que la puede palmar, de meter su cabeza en una bolsa con carbón para hacer la gracia. A alguno le ha quedado para septiembre las asignaturas «dos dedos de frente» y «no seas gilipollas». Y no tiene pinta de que las vayan a recuperar. Hablo en masculino, pero podría ser en femenino. En esto, por desgracia, cada vez hay más paridad.

Otra cosa son las novatadas. O los matones y matonas que obligan a alguien a pasar por ese peligroso reto importándoles una mierda que pueda acabar criando malvas. Ahí sí que debe actuar la policía, las empresas utilizadas para difundir las imágenes y la sociedad en general. Porque ahí no hay tontos, sino verdugos y víctimas. Mano dura, por tanto. Pero quien siendo libre y estando en plenitud de facultades se la juega de una manera tan irresponsable e innecesaria, no debería darnos pena. Cuando se estrenó la película Superman, en 1978, hubo algún tonto que intentó volar como él. Lo que generó cierta polémica. Desde algunos sectores propusieron que no fuera proyectada en los cines, porque «provocaba que los niños quisieran imitar al héroe volador». Por suerte no se llevo a cabo. Lo de prohibirla, digo. Pero el debate existió. Que fueran casos aislados y que algunos no eran niños, sino gandules queriendo hacer la gracia y saltar de ventana a ventana, les dio igual. Porque lo fácil es culpar a la televisión, al cine, al vídeo juego o a las redes sociales. Mejor eso que confirmar que tienes en casa a un tonto de baba. Un ser que, de haber nacido foca, hace siglos que se habría extinguido.

Se habla de la dictadura del 'Like'. Mi reino por un me gusta o tener un seguidor más. Pero en realidad nada ha cambiado desde que el más lerdo de la tribu salió de la cueva y se dio con una piedra en la cabeza porque nadie le hacía caso. Tanto Darwin para esto. Porque las redes solo son una gran explanada donde dar rienda suelta a lo que lleva cada cual dentro. Por eso se ve algo de humor, un poco de buena voluntad, mucho de mala leche y bastante de idiotez. Somos así. Que nadie lo olvide. De lo contrario no habría tontas que se ponen en biquini sobre la nieve, tipos que se pegan con un palo en la tripa, cretinos que se queman el pelo del culo con soplete, lerdas que se hacen un selfie y sueltan el volante, tontos que comen una cagada de perro para demostrar que son más bestias que el resto... Y la lista sigue y sigue. Piensen en una idiotez suprema. Seguro que alguien ya la ha hecho o la hará. De ahí que la madre naturaleza esté tan atenta. Y por el bien de la humanidad, y de los daños colaterales que puede sufrir el Universo ante tanto tonto y tonta, actúa y los va eliminando. Poco a poco o de golpe. Dejando, sin ir más lejos, que se tiren desde un balcón en Mallorca. Por eso cuando escucho, veo o leo campañas advirtiendo que caminar sobre el alero de un edificio o conducir con los ojos vendados es muy peligroso, pienso que sería mejor proponer una alternativa. Que se vayan al volcán más activo y se tiren dentro. No les echaremos de menos. Porque el tonto, como la mala hierba, nunca muere. Y si lo hace, otro ocupará su lugar.