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Sarna sin gusto

Sarna sin gusto

Los brotes no dejan de multiplicarse en geriátricos, cárceles y hospitales. Los expertos aseguran que el parásito «siempre estuvo ahí» y que «se conocen menos casos de los reales»

ANTONIO CORBILLÓN

Asociamos la sarna a tiempos pretéritos. A falta de higiene y pobreza. A una sociedad con poca cultura del lavado de pieles y ropajes. A niños masificados en aulas mientras compartían liendres, chinches, pulgas y este picajoso parásito que no puede vivir sin nosotros. Por eso nunca se ha marchado. El viejo refrán de 'sarna con gusto no pica' le dio una permanencia en nuestro imaginario que un ser tan incómodo no se merecía.