La mitad de los brotes de ébola no es detectada y afecta a grupos de menos de cinco personas

La mitad de los brotes de ébola no es detectada y afecta a grupos de menos de cinco personas

La OMS cree que los nuevos casos de esta enfermedad no son una «emergencia mundial»

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPEMadrid

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estimó ayer que la epidemia de ébola que azota a la República Democrática del Congo no constituye una amenaza internacional pese a los casos confirmados en la vecina Uganda. «El comité es de la opinión que el brote es una emergencia sanitaria en la República Democrática del Congo y en la región, pero no cumple con los criterios para una emergencia de salud pública de interés internacional», dijo el panel de la OMS en una declaración.

A principios de año, la OMS aseguraba que el brote de ébola que ya se había cobrado casi medio millar de vidas en la República Democrática del Congo (RDC) podría estar controlado a mediados de año. Era una mala noticia entonces, pues la enfermedad había recobrado virulencia en agosto de 2018. Han pasado los meses y en el ecuador de 2019 no sólo no se ha logrado controlar la expansión de la enfermedad, sino que ha saltado la frontera recientemente y se han detectado dos casos mortales en Uganda. Los fallecidos fueron repatriados al Congo y las estadísticas vuelven a concentrarse sólo en las provincias de Kivu Norte e Ituri, en la RDC, donde ya se ha cobrado la vida de 1.396 personas y se contabilizan más de 2.000 casos.

El mismo día que la enfermera escocesa que se contagió de ébola en Sierra Leona hace cinco años dio a luz gemelos, la Universidad de Cambridge publica un informe en que asegura que la mitad de los brotes de ébola que han ocurrido desde 1976, cuando se descubrió el virus, no han sido detectados. Según el estudio, sus síntomas se suelen confundir con los de otras enfermedades. En estos casos que pasan desapercibidos, el ébola no llega a propagarse más allá de pequeños grupos de cinco personas. Estos casos podrían superar la centena, según el artículo editado en la revista 'Plos'. «La mayoría de las veces que el ébola ha saltado de la vida silvestre a las personas no se ha registrado», afirma Emma Glennon, investigadora del Departamento de Medicina Veterinaria de Cambridge. «Detectar estos brotes y controlarlos es crucial, porque nunca se sabe cuándo se convertirán en epidemias».

Estadísticas

Sin embargo, la posibilidad actual de hallar ese tipo de casos aislados e individuales de ébola es inferior al 10%, según el estudio, que utilizó datos independientes recopilados entre 2013 y 2016 en varios países de África occidental y simuló su contagio con un modelo epidemiológico realista. Después comparó sus cifras con las estadísticas de la versión oficial. El resultado: la mitad de los pequeños brotes y la mayoría de los casos aislados no fueron detectados, aunque fueron atendidos en ambulatorios o clínicas locales, que a menudo carecen de herramientas para un diagnóstico efectivo.

«La mayoría de los médicos y trabajadores del sistema público de salud nunca han visto un solo caso de ébola», critica Glennon. «Uno de sus síntomas es la fiebre alta, que fácilmente se diagnostica como malaria, fiebre tifoidea o fiebre amarilla. Para limitar los brotes en su origen, necesitamos asegurarnos de que cada centro médico tenga recursos básicos para el control de infecciones. Las respuestas internacionales son importantes, pero a menudo son lentas, complicadas y costosas».

En efecto, la Unión Europea aprobó el mismo día del informe de Cambridge una ayuda extraordinaria de 3,5 millones de euros, para Uganda y Sudán del Sur, vecinos de la RDC -que ya cuenta con 17 millones del mismo fondo-, para reforzar la vigilancia, los centros de salud y los pasos fronterizos, e impulsar equipos de intervención rápida, entre otros objetivos.

«La epidemia que se desarrolla ahora demuestra lo difícil que es detener la enfermedad una vez que se ha salido de control, pero si se detecta un brote con suficiente antelación podemos evitar que se propague con intervenciones específicas de baja tecnología, como aislar a las personas infectadas», concluye Glennon.