Las madres de dos niños gazatíes tratados de cáncer en Cruces: «Buscábamos por el suelo pienso de animales para darles de comer»
Dos madres de la Franja evacuadas con sus pequeños para que los niños reciban terapia oncológica en Osakidetza atienden a EL CORREO
Escuchar los testimonios de Nada Jaser y de Safaá El Shoukry es oír en primera persona una historia de sufrimiento y hambre. De pérdidas y ... enfermedad. De guerra, destrucción y muerte. De desplazamientos a pie durante días. De campamentos, tiendas de campaña y frío. De decisiones difíciles. De separaciones familiares, amor y de lucha constante por salvar la vida de sus hijos.
La vida de estas dos mujeres tiene muchos nexos en común y describe la situación que viven miles de gazatíes desde el otoño de 2023, cuando Israel inició el genocidio de la población de la Franja en respuesta al ataque del 7 de octubre protagonizado por Hamás. Ambas disfrutaban de vidas «normales» en la ciudad de Gaza junto a sus familias, cuentan a EL CORREO. Tenían «casa y trabajo» y disfrutaban de «servicios sanitarios o colegios». Hasta que comenzaron los bombardeos. Las dos tuvieron que abandonar sus hogares y desplazarse en busca de lugares más seguros.
Ambas vieron como durante la guerra uno de sus hijos enfermaba y no había en la Franja los fármacos necesarios para tratar los tumores que les habían diagnosticado. Las dos se encuentran ahora en Euskadi, después de que sus hijos fueran incluidos por la OMS y el Ministerio de Sanidad en el programa de evacuaciones médicas. Los dos pequeños reciben en la actualidad tratamiento oncológico en el hospital de Cruces de Osakidetza.
Safaá vivía con su marido y sus seis hijos en Tuffah, un distrito situado en la zona noreste de la ciudad de Gaza. De aquellas primeras jornadas de ataques y aislamiento israelí recuerda cómo comenzó a faltar comida en los supermercados. «La gente empezó a comprar todo lo que podía para tener reservas en casa y los precios se dispararon». Cuando se acabaron los alimentos comenzó el hambre. «Los niños no lo entendían y lloraban por la noche porque querían comer. Nosotros buscábamos por el suelo de las calles a ver si encontrábamos algún resto de comida. Llegamos a utilizar alimento y pienso para animales triturado y mezclado con agua para dárselo de comer a nuestros hijos», recuerda.
Las bombas les echaron de su hogar. «Cuando las explosiones comenzaron a producirse cerca de casa salimos a toda prisa con lo justo. Cogimos unas mantas y algunas cosas más que pudiéramos transportar con nosotros. Hacíamos caminatas de 2 y 3 horas con los niños buscando un lugar donde nos sintiésemos seguros. Nos desplazábamos de un sitio a otro. Lo que más nos preocupaba era que los niños estuvieran bien», relata.
Nada es licenciada en Filología Inglesa y en Gaza trabajaba como profesora de inglés hasta que comenzó la guerra. Su marido, también con estudios superiores, era bibliotecario. Las bombas también destruyeron su casa y comenzaron a desplazarse con sus cuatro hijos de un lugar a otro en busca de seguridad. Nada tiene grabado a fuego el hambre que pasaron. «Nuestra principal preocupación era poder dar una comida al día para nuestros hijos. Conseguir allí un huevo, un vaso de leche o de agua es algo muy difícil», detalla.
Todo se complicó aún más cuando al pequeño Fayiz, de 11 años, le diagnosticaron leucemia, pero nadie le podía ofrecer un tratamiento en la Franja. «Es muy duro saber que tu hijo tiene cáncer y no poder hacer nada para ayudarle. Durante nueve meses veía cómo el tumor avanzaba y él se iba poniendo peor. Íbamos de un hospital a otro, pero no tenían fármacos para tratarle. En los hospitales de Gaza las madres lo único que podían hacer era acompañar a sus hijos hasta que morían. Es algo que como ser humano cuesta entender y aceptar», reflexiona.
A esto se suma que los centros sanitarios no eran un lugar seguro en esta guerra. «Se convirtieron en objetivo del ejército israelí en sus bombardeos», critica Safaá. Su hijo pequeño, Mohamed, que ahora tiene 3 años, padece también una enfermedad oncológica.
La OMS, el Ministerio de Sanidad y Osakidetza
Gracias a la OMS estas madres pudieron llegar a Egipto para que sus hijos recibiesen tratamiento oncológico. Una vez allí, y dada su situación clínica, la organización médica medió para que pudiesen formar parte de una de las evacuaciones organizadas por el Ministerio de Sanidad para trasladar y tratar en hospitales españoles a pequeños gazatíes con cáncer y otras enfermedades graves. El 2 de abril estas dos mujeres llegaron a España en un avión del Ejército del Aire. Nada más aterrizar fueron trasladadas a Bizkaia para que sus hijos sean atendidos en Osakidetza. Ambos pequeños reciben desde entonces tratamiento frente a sus tumores en el hospital de Cruces. Forman parte de los 27 niños gazatíes que han sido atendidos en Osakidetza desde que se pusieron en marcha estas evacuaciones sanitarias. Un gesto que agradecen enormemente, más aún cuando «la mayoría de países árabes han cerrado sus fronteras a los palestinos».
En Gaza se tuvieron que quedar el resto de las familias de Nada y Safaá. Dejar allí al resto de sus seres queridos fue decisión enormemente dolorosa para estas madres, que tomaron para poder salvar a sus pequeños enfermos. La primera dejó en Gaza a su esposo y a sus dos hijos mayores. Pudo venir con los dos pequeños. La segunda tiene aún allí a su marido y cuatro pequeños. «Es muy duro saber que nosotros estamos en un país en paz, mientras tus familiares siguen viviendo en una tienda de campaña, con lluvia y frío, en una zona destrozada por la guerra y sin servicios», cuenta.
«Solidaridad» de los vascos
En Euskadi estas mujeres se sienten muy arropadas por la sociedad vasca. «No hay mejor lugar para estar. Aquí la gente quiere mucho a los palestinos. Notamos su solidaridad y nos sentimos arropadas», aseguran. También están muy agradecidas por el trato recibido a nivel sanitario. «Desde el primer día que llegamos comenzaron a tratar a nuestros hijos en Cruces. Los atienden como al resto de los niños, como si fueran uno más. No nos sentimos discriminadas y los sanitarios son muy atentos con nosotras».
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