El 17% de la población de Euskadi presenta algún tipo de dolor crónico

El 17% de la población de Euskadi presenta algún tipo de dolor crónico

Entre los tipos de dolor crónico más frecuentes en el País Vasco se encuentran el dolor de espalda (dos de cada tres), los dolores perineales, fibromialgia, neuralgias, cefaleas, hombro doloroso, problemas vasculares y dolor oncológico

«Según los últimos estudios disponibles, se estima que un 17% de la población de Euskadi tiene algún tipo de dolor crónico. De este colectivo, aproximadamente el 60% presenta dolor lumbar, un 40% dolor articular, un 34% dolor de cabeza y un 28% dolor cervical», explica la doctora Mercedes Mozas, de la Unidad del Dolor de la Clínica IMQ Zorrotzaurre.

La realidad es que millones de personas en todo el mundo padecen algún tipo de dolor crónico, una realidad que, sin embargo, «en la mayor parte de los casos, se puede controlar ya que se dispone de fármacos, técnicas y profesionales especializados».

La patología que con más frecuencia se ve en las unidades del dolor «es el dolor crónico de espalda, generalmente del área lumbar. Por este motivo, los bloqueos tanto con fármacos como con técnicas de radiofrecuencia en esta área suponen el día a día de la unidad de dolor, generalmente con resultados satisfactorios en un alto porcentaje de pacientes», indica la doctora Mozas.

De igual modo, los dolores articulares son muy frecuentes, especialmente entre la población mayor. «Sabemos que más del 80% de las personas mayores de 55 años tienen evidencia radiológica de osteoartrosis y un 50% sufrirá dolor osteoarticular, por lo que el trabajo con este tipo de pacientes es constante».

Por otro lado, también son frecuentes «los dolores perineales, la fibromialgia, las neuralgias de distintas áreas del cuerpo y las cefaleas». A pesar de que «son dolores de difícil tratamiento, en muchas ocasiones podemos ayudar al paciente de manera muy significativa». Para ello se realizan «tratamientos locales, intravenosos en el hospital de día de la Unidad, de estimulación de nervios, de bloqueos musculares con distintos fármacos, y otros», apunta la doctora de la Unidad del Dolor de la Clínica IMQ Zorrotzaurre.

El hombro doloroso es otra patología habitual en las unidades del dolor: «Para estos casos, tenemos un protocolo de tratamiento que nos permite proporcionar un alivio muy importante y, en ocasiones, completo de los síntomas».

Implantes dentrod e la piel que liberan fármacos

El control de problemas vasculares o dolores oncológicos mediante la aplicación de tratamientos con catéteres de larga duración es otra de las posibilidades terapéuticas que se consideran en la Unidad del Dolor. «En algunos casos seleccionados se pueden realizar técnicas de neuromodulación, es decir, implantes de mecanismos programables debajo de la piel para infusión de fármacos o de electrodos internos que permiten reducir la intensidad de determinados tipos de dolor severo al menos un 50% y en algunos casos hasta un 100%».

El tratamiento del dolor oncológico complicado «no supone más allá de un 2% de nuestra actividad clínica, pero su control está demostrado que mejora no solo la calidad de vida del paciente  sino la supervivencia esperada en casos avanzados».

Por último, la experta destaca que «el dolor crónico repercute en el sueño, en la ansiedad y en la depresión. Además, incide de manera importante en las relaciones sociales y en la actividad laboral de las personas que lo padecen, por lo que, en esta patología, como es el dolor crónico, es fundamental lograr un diagnóstico adecuado y pautar el tratamiento tan pronto como sea posible».

El dolor crónico no es un síntoma, sino una enfermedad

El dolor crónico, a diferencia del dolor agudo, no se considera un síntoma, sino una enfermedad con entidad propia «cuando ha sobrepasado los 3 meses de duración, persiste en el tiempo sin lesión aparente o más allá del tiempo que se hubiese esperado para dicha lesión; no tiene función de protección como aviso para el individuo y con frecuencia se asocia a variaciones de los hábitos personales, familiares, sociales y laborables del paciente así como a alteraciones emocionales», concluye la experta de la Unidad del Dolor de la Clínica IMQ Zorrotzaurre.

 

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