Euskadi registra una muerte por suicidio cada dos días, una media de 180 al año

Euskadi registra una muerte por suicidio cada dos días, una media de 180 al año
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Muchas de las víctimas, empujadas por una enfermedad mental, toman una decisión irrevocable en un momento de crisis

Fermín Apezteguia
FERMÍN APEZTEGUIA

Una persona se quita la vida en Euskadi cada 48 horas, unas 180 de media al año, según revela la estadística oficial. Las cifras fluctúan en torno ese dato, unos ejercicios se rondan los 190 y otros, como el pasado, se baja hasta los 162. El drama del suicidio no es tanto el final de la vida, como constatar que una parte muy importante de todas esas muertes podría y debería haberse evitado, según advierten los especialistas médicos, en el día mundial de la salud mental, que se conmemora hoy.

La mayoría de los suicidas son personas que en un momento de crisis personal se sienten tan oprimidos que abrazan la muerte como única alternativa a su atosigante dolor. Entre el 80% y el 90% son pacientes con enfermedad mental o, simplemente, jóvenes y adolescentes que aún no han aprendido a digerir y disfrutar de la vida. El testimonio de los supervivientes a tentativas de suicidio recogido en las consultas de salud mental revela la necesidad de poner coto al suicidio, según explica la psiquiatra del hospital Araba Ana González-Pinto, presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica.

En el conjunto de España, el suicidio suma unos 3.600 fallecidos al año, más que los causados por accidentes de tráfico (menos de 50 en Euskadi), según ha destacado esta mañana la ministra de Sanidad, María Luisa Carcedo. «Estamos ante un grave problema de salud pública y, como sociedad, es preciso dar la voz a la realidad silenciada, que viven muchas personas», ha afirmado la titular del Ministerio.

Estrategia vasca de prevención

La privación voluntaria de la vida, como la denominan los especialistas médicos, está considerada como la primera causa de muerte no natural en nuestro entorno desde hace doce años y la primera absoluta entre los jóvenes de 15 a 29 años. «Se suicidan los chavales con una mayor vulnerabilidad psicológica. En niños es prácticamente imposible detectarlo a tiempo, pero a partir de la adolescencia, si ha habido tentativas, tendríamos señales de riesgo, pero es muy difícil prever», argumenta el jefe de Psiquiatría del Hospital Universitario de Álava, Miguel Gutiérrez.

Ante esta situación, el Departamento vasco de Salud decidió el pasado junio poner en marcha una Estrategia para la Prevención del Suicidio, promovido por familiares y profesionales sanitarios, que venían solicitándolo desde hace años. El plan, pionero en España, recoge 57 iniciativas, entre las que figura la elaboración de un mapa de los lugares donde se registran más accidentes de este tipo con el fin de adoptar medidas que impidan a los suicidas llevar a cabo sus intenciones.

Otra de las cuestiones que se quieren reglamentar en Euskadi es la retirada del arma, pistolas o escopetas, a los ertzainas y cazadores susceptibles de sufrir una enfermedad mental. Aunque la muerte voluntaria resulta muy llamativa en jóvenes y adolescentes, el perfil del suicida más común en el sur de Europa se corresponde con un varón de 70 años que vive en soledad y padece una patología mental como depresión o una enfermedad incapacitante y dolorosa. El año pasado, por ejemplo, en Euskadi se quitaron la vida 4 menores de 20 años frente a 48 mayores de 70. «El suicidio se asocia a la desesperanza, que es un síntoma de la depresión», advierte González-Pinto.

Suicidio asistido

El debate sobre la eutanasia abierto en España en los últimos años podría provocar la paradoja de que se regulen a un mismo tiempo la prevención del suicidio y la muerte asistida. Los profesionales llaman la atención sobre la necesidad de distinguir bien ambas cuestiones, diferenciadas por un elemento fundamental: la voluntad de la persona. «Es posible que en el futuro, el suicidio se convierta incluso en una prestación sanitaria. Lo veo difícil, porque es complejo de organizar, pero puede ocurrir», advierte el psiquiatra bilbaíno Pablo Malo.

La mayoría de las veces la muerte voluntaria llega en nuestra sociedad como consecuencia de una vivencia distorsionada de la desesperanza y el sufrimiento que acompaña a las experiencias más dolorosas de la vida. La ayuda profesional puede servir para aprender a asimilarlas y a gestionar la adversidad con mayor naturalidad.

Las dos formas más habituales de quitarse la vida en Euskadi, en línea con lo que sucede en todos los países occidentales, son la precipitación, sobre todo, y el ahorcamiento. El uso de pesticidas y armas de fuego también resulta frecuente, lo que apunta asimismo a la necesidad de una mejor regulación del uso de ambos. «No merece la pena», resume vitalista Pablo Malo. «Como dijo el dramaturgo belga Maurice Maeterlinck, 'somos muertos de vacaciones'. Hemos estado millones de años muertos y nos esperan por delante millones de años de muerte. Me inclino por aprovechar la experiencia de haber nacido».