El estrés llena las consultas de pacientes con intestino irritable

El estrés llena las consultas de pacientes con intestino irritable
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La enfermedad no es grave, pero sí crónica y molesta, porque se manifiesta con diarreas y estreñimiento

Fermín Apezteguia
FERMÍN APEZTEGUIA

El estrés constituye en España la principal causa del síndrome de intestino irritable, una enfermedad al alza desde el comienzo de la crisis económica y que resulta muy incómoda para los pacientes que la sufren. No es grave. Nadie se muere por ella, ni desencadena complicaciones que lleven a patologías más preocupantes, pero sí es muy molesta, según explica el especialista Juan Antonio Arévalo Serna, jefe de servicio de Aparato Digestivo del Hospital Quirónsalud Bizkaia, que participó en el foro Encuentros con la Salud de EL CORREO, con la charla 'Síndrome de Intestino Irritable, mucho más que un dolor de tripas'.

Los médicos de Digestivo han vivido en los últimos años, según explicó el experto, un auténtico aluvión de casos en sus consultas, hasta el punto de que casi la mitad de los pacientes que atienden sufren esta patología. En el conjunto de la sociedad, más de uno de cada veinte, generalmente mujeres, pero no solo, presenta síndrome de intestino irritable, que es una enfermedad que causa mucho desasosiego entre los afectados. Les lleva a dar muchas vueltas inútiles entre médicos y, lo peor, sus síntomas son «tan inexpecíficos que a menudo piensan que tienen lo que no es».

Lo importante, por ello, es «tranquilizar a los afectados», que siempre llegan muy inquietos. «Los propios médicos hemos banalizado esta dolencia y no es raro escuchar a expertos de Digestivo decir cosas como 'ahí me viene otro de esos del colon irritable'. Yo les tengo un cariño especial -argumenta Arévalo Serna, que atiende también en el hospital de Usansolo-Galdakao- porque son muy incomprendidos y sé de lo importante que es darles seguridad y que se sientan apoyados».

No anuncia ni cáncer ni nada

El problema de este mal es que sus síntomas pueden ser muy variados. Lo normal es que se presente con dolor abdominal, hinchazón del vientre, gases, una necesidad repentina de evacuar y un cambio de frecuencia en las deposiciones. Sin embargo, no siempre aparecen todos los indicadores y lo que en unos pacientes son diarreas, en otros resulta ser todo lo contrario, un estreñimiento brutal o una combinación de ambas.

Tan variadas señales llegan a confundir al afectado y le llevan a enfrentarse a dos circunstancias que le generan más estrés, lo que con frecuencia empeora la situación. La primera es que deambule de un especialista en otro en busca de una respuesta. «¿Será enfermedad de Crohn, alergia al gluten, cáncer de colon?». Hay que dirigirse directamente al especialista en Digestivo, que sabrá no sólo definir el problema, sino darle el tratamiento adecuado, porque no siempre es el mismo para cada paciente. Casi siempre será necesario abordar un cambio de dieta, a menudo terapia psicológica, y a partir de ahí la respuesta terapéutica dependerá de cada caso.

La segunda incógnita es si el intestino irritable, antes llamado colon irritable, derivará en alguna de todas esas enfermedades. «La respuesta es no», explica tajante el experto. La dolencia tampoco desencadena cáncer de colon, «pero sí es importante que, a partir de cierta edad, los 55 años, se descarte la presencia de un tumor, porque los síntomas suelen ser estos mismos».

Un desayuno tipo hotel y tiempo para comer

La mejor forma de evitar o mantener controlado un síndrome de intestino irritable es hacer un buen desayuno y dedicar a la comida el tiempo que necesita. El primero, veinte minutos; la segunda, una hora. La primera comida del día, según recuerda el especialista Juan Antonio Arévalo Serna, es la más importante, y ha de estar compuesta, al menos, de tres elementos: cereales, fruta y leche. «Hay que levantarse con tiempo y desayunar como si se tratase del desayuno buffet de un hotel». La comida requiere su tiempo para masticar bien los alimentos y favorecer el proceso digestivo. Una hora, que dé tiempo a la charla y a olvidarse del estrés del trabajo. «Un pincho de tortilla, de pie y corriendo, es lo peor», alerta. Y por la noche, una cena ligera. Lo sabemos, pero a menudo se nos olvida.

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