La apnea del sueño favorece el infarto, el ictus y el cáncer

Paciente con apnea del sueño duerme con el CPAP, aparato que dilata las vías aéreas superiores./E. C.
Paciente con apnea del sueño duerme con el CPAP, aparato que dilata las vías aéreas superiores. / E. C.

El organismo afronta durante las crisis la misma situación crítica que degenera en todas estas enfermedades

Fermín Apezteguia
FERMÍN APEZTEGUIA

El ronquido no es un síntoma de bien dormir, como se ha creído tradicionalmente. Al contrario. El espectáculo sonoro que muchas personas ofrecen durante la noche puede estar relacionado con un problema de salud llamado apnea del sueño que, según se sabe ahora, favorece la aparición de enfermedades potencialmente mortales, como el infarto de corazón, el ictus e incluso algunas formas de cáncer. «El ronquido no es una patología, pero sí un signo de alarma, sobre todo si se asocia a pausas en la respiración, que deberían siempre consultarse con el médico», afirma el especialista alavés Carlos Egea, miembro de la Sociedad Española del Sueño (SES), que acudió ayer al foro Encuentros con la Salud de EL CORREO para hablar sobre este asunto.

Comprender qué es un ronquido ayuda a entender por qué puede representar una amenaza para la salud. Ese sonido que los neumólogos conocen como 'la enfermedad del oyente' se produce al vibrar el llamado paladar blando por efecto del aire que se respira por la boca al dormir de forma relajada. Generalmente surge cuando se duerme boca arriba, pero no solo. «Hay auténticos profesionales capaces de hacerlo en cualquier posición», bromea el especialista, jefe de la Unidad de Sueño del Hospital Universitario de Álava, (HUA), en Vitoria.

Los roncadores no son generalmente quienes se percatan de sus incómodos ruidos, sino sus compañeros de cama. Hasta un 20% de las parejas que comparten lecho se ve afectada por este problema y generalmente son ellas, las que personas que no duermen por el ronquido, quienes llevan a los pacientes al médico para verificar si esas pausas respiratorias tienen que ser un motivo de preocupación. Los especialistas consideran que cinco interrupciones en una hora deben ser motivo de consulta -«en realidad, el ronquido ya debería serlo»-, pero a partir de 30 paradas, la cosa cambia. La situación pasa a considerarse grave, porque el sueño deja de ser reparador y el durmiente, que no lo es, se expone a enfermedades muy graves.

Factores de riesgo

La falta de respiración que provoca un atragantamiento se manifiesta en el organismo en forma de taquicardias, hipertensión y ansiedad. Ese mismo cuadro es el que se produce en el momento de darse la apnea, aunque uno esté dormido y no se entere. Recuperada la respiración, el cuerpo vuelve a la normalidad. La repetición de manera constante a lo largo de una noche y otra y otra más de ese fenómeno -taquicardia, hipertensión y ansiedad- supone exponerse de manera permanente a factores de riesgo de un infarto de corazón o cerebral, que desgraciadamente en muchas ocasiones acaba sucediendo. «No olvidemos, además, que las personas roncadoras son generalmente obesas y bebedoras, que son dos circunstancias que exponen a sufrir un accidente vascular», destaca el experto de la SES.

El mayor riesgo de cáncer tiene una explicación similar. Está demostrado que las subidas y bajadas de oxígeno que se experimentan durante las apneas provocan daño celular. Las células se constriñen -«sufren un cizallamiento»-, que las expone a degenerar en una lesión tumoral. «No cuesta nada consultarlo con el médico. Siempre hay soluciones», tranquiliza Egea.

Terapias que sanan y evitan ruidos

Aunque existe cirugía para los casos más extremos, los pacientes con apnea suelen utilizar una máquina, llamada CPAP, que se las evita y les proporciona un sueño reparador. En los casos leves, los odontólogos fabrican unos dispositivos que logran el mismo objetivo de respirar bien sin roncar. Tenga en cuenta un dato: entre los 30 y 70 años ronca el 46% de la población. De los 71 a los 100, sólo el 37%.

 

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