«La ambulancia nos ha dejado tirados»
Naiara, madre de un niño con enfermedad rara, espera «hasta tres horas» para regresar a Ondarroa con él y su hermano de meses desde Cruces
Naiara se ha acostumbrado a salir de su casa cada martes con la comida de sus dos hijos preparada en un termo y hasta con ... la merienda, porque nunca sabe lo que va a tardar en estar de vuelta. Ese día de la semana tiene rehabilitación con Aitor, de 2 años, en el hospital de Cruces. El niño sufre una enfermedad rara y es tratado en el centro desde pequeño. Su otro hijo, un bebé, también precisa terapia por unos problemas en el cuello. En el propio centro le indicaron que una ambulancia programada acudiría a su vivienda de Ondarroa y la llevaría y traería de vuelta del hospital para que sus hijos pudieran asistir a la rehabilitación. Pero lo que se suponía que debía ser una ayuda, se ha tornado en agobio y fuente de incertidumbre.
«Por desgracia, acabar la rehabilitación y tener que esperar una, dos y hasta tres horas a que una ambulancia nos lleve de vuelta se ha convertido en algo habitual, cuando deben tenerlo programado porque la empresa sabe perfectamente a qué hora tiene el niño el tratamiento y a qué hora lo acaba. No me importa esperar un poco, pero tantas horas con dos críos tan pequeños no me parece ni justo ni humano», relata.
Tal es su inquietud que cuando se suben a la ambulancia en Ondarroa le pregunta al conductor si va a ser él también el que haga el trayecto de regreso a casa para tener esa certeza. Recientemente le sucedió que el chófer le dijo que, como hacer el recorrido a Ondarroa y luego hasta la base le suponía «salir 15 minutos más tarde de lo que marca su jornada laboral», iba a avisar para que enviasen a otro compañero. Pero cuando la mujer y los niños acabaron no había nadie esperando. «Llamé a la central para ver si iba a venir alguien porque nos habían dejado tirados y me contestaron que cuando entrasen los conductores del turno de tarde y acabasen sus rutas vendrían», recuerda. Gracias a su terquedad, y varias llamadas después, consiguió que le enviasen otra ambulancia.
En ocasiones el transporte ha llegado tarde a recogerles en Ondarroa o ha aparecido solo con una silla de niño en lugar de dos, pese a estar avisada, y han perdido la sesión de rehabilitación. Incluso Naiara ha tenido que hacer uso de su vehículo particular para acudir a Cruces. También se han llevado otras 'sorpresas'. «Han aparecido debajo de casa para recogernos una hora antes de lo previsto sin avisarnos con antelación», indica. Algunos conductores «se lo han tomado bien y han esperado» e, incluso, le han ayudado a bajar a sus hijos de casa. Pero ha habido otros casos en los que «me amenazaban con marcharse si no me daba prisa».
Perjuicio a las rutas más largas
Ha habido ocasiones en las que Naiara ha tenido que compartir transporte de vuelta a Ondarroa con pacientes de Sopela, Gernika o Munitibar, lo que ha provocado que tuvieran que dar un rodeo. «No me importa compartir la ambulancia con otras personas, pero las rutas deberían tener un poco de sentido», considera. En otra ocasión tuvo que reprender al conductor al mirar este de forma constante su móvil. «Me contestó a ver si yo no hacía lo mismo cuando conducía».
Esta madre asegura que su caso no es aislado y que son numerosas las personas que, como ella, tienen que esperar tras los tratamientos para poder regresar a casa en ambulancia. «En Cruces siempre somos los mismos a los que nos toca pasar varias horas hasta que aparecen a recogernos y llevarnos. Normalmente somos las personas que tenemos las rutas más largas a nuestra casa a las que les sucede», detalla. Natalia pide a Bizkanb, la empresa a la que Osakidetza ha adjudicado la gestión de este servicio público, que corrija estos desajustes en el servicio para evitar que tanto ella con sus hijos, como otros usuarios, se queden «tirados» cuando acuden a ser tratados en el hospital.
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