Hacia una nueva vejez

Centenares de pensionistas, en una concentración./Efe
Centenares de pensionistas, en una concentración. / Efe

En España, en cuatro décadas, el número de mayores de 64 años ha aumentado desde los 3,8 millones a los 8,8

Iker Cortés
IKER CORTÉSMadrid

A veces, una imagen puede resultar más esclarecedora que cualquier palabra. El demógrafo y sociólogo Julio Pérez Díaz lo ha ejemplificado hoy con un gráfico dinámico que mostraba la explosión demográfico que ha experimentado el planeta en apenas un siglo. «Llevamos cien años creciendo a un ritmo sin precedentes. La población mundial ha pasado de poco más de mil millones de habitantes a seis mil millones», ha explicado. «Y esto no se ha hecho teniendo más hijos, se ha hecho teniendo menos y consiguiendo que estos vivan más», ha reflexionado. Un vuelco demográfico que, en su opinión, va a dar lugar a «auténticas revoluciones en el perfil de la vejez en los proximos años».

Con sus palabras, el investigador del CSIC ha tratado de dar un mensaje positivo y dejar a un lado el alarmismo y la urgencia que, a menudo, se vinculan a los estudios demográficos. Lo ha hecho en la presentación de 'Envejecimiento de la población, familia y calidad de vida en la vejez', el último número que el mismo ha coordinado de 'Panorama social', la revista que edita y publica Funcas semestralmente, y que en esta ocasión aborda a lo largo de varios artículos el envejecimiento demográfico y su impacto a nivel político, social y económico.

Así, el estudio señala que se espera que la población con 60 o más años pase de 1.050 millones en 2020 a casi el doble en 2050, y supere a la población de entre 15 y 39 años hacia 2080. También refleja que en España, en las últimas cuatro décadas, el porcentaje de mayores de 64 años ha aumentado desde los 3,8 millones hasta los 8,8 millones, un 131% más, mientras que el crecimiento en el resto de edades entre 1977 y 2017 fue del 16%.

En este sentido, Pérez Díaz ha tratado de restar importancia al descenso de la natalidad. «Tener muchos hijos que se mueren antes de los quince años no sirve de nada y no garantiza un buen crecimiento demográfico», ha insistido. No en vano, la esperanza de vida en el año 1900 en España era de 34 años, una esperanza que en apenas medio siglo se dobló. «No somos conscientes de lo que ha cambiado el mundo, pero no ha sido gradual. Es cataclísmico en términos históricos», ha comentado.

La explicación, según ha avanzado el investigador, es que la humanidad ha cambiado su sistema de reproducción, pero «no lo hemos hecho por egoismo, individualismo o hedonismo, sino todo lo contrario, nos autoexigimos más». «Nos hemos aplicado -ha continuado- en cuidarlos mejor, vacunarlos y alimentarlos y sobre todo no los explotamos laboralmente de forma precoz, permitiendo que adquieran un nivel académico mínimo. Todo eso ha hecho que vivan mucho más. Una persona que nace hoy vive el triple que la que nacía hace un siglo». En definitiva, el ser humano es «más responsable» y a los jóvenes «les cuesta más reproducir ese estándar de familia» dado el contexto actual.

A juicio de Pérez Díaz, este envejecimiento sistémico está cambiando las familias, las relaciones de género y las relaciones entre generaciones, pero también la salud, ya que surgen conceptos como la dependencia y los cuidados. Pero el cambio demográfico va a generar además «auténticas revoluciones en el perfil de la vejez en los proximos años». Dice Pérez Díaz que desde los años ochenta la esperanza de vida ya no solo consiste en eliminar las defunciones precoces, sino también evitar las muertes de personas con edad avanzada. «Esto es nuevo y tiene que ver con que hemos mejorado mucho en términos sanitarios y de planificación de servicios, pero también en que las nuevas generaciones llegan a la vejez mucho mejor», señala. Estas personas «ni tienen el mismo tipo de salud, ni la misma mala situación económica y se notará en el perfil de la nueva vejez. Vamos a ver en los proximos años gente mayor con un impulso, una actividad y una contribución a sus propias familias pero también social que todavía no sospechamos», afirma.

El sistema de pensiones

A su lado, la directora de Estudios Sociales de Funcas y profesora de Sociología de la UNED, Elisa Chuliá, ha aclarado que el envejecimiento es una buena noticia «que deberíamos celebrar» pero, al mismo tiempo ha advertido de que plantea cuestiones que «se pueden convertir en dificultades importantes si no se abordan con sentido común».

La propia Chuliá es la responsabe de un artículo en la revista que trata de dar respuesta a cinco interrogantes sobre el sistema de pensiones. Comenta Chuliá que el sistema «ha funcionado extraordinariamente bien» durante la época de crisis pues los pensionistas no han dejado de cobrar y, aunque han perdido poder adquisitivo, «conviene comparar su situación con la de la población empleada que ha sufrido más. Los mayores no han sufrido un deterioro de su calidad de vida tan importante como la de la población adulta». Explica, sin embargo, que la situación del sistema tras la crisis es «delicada» y recuerda que en quince años entrarán en el sistema la generación de los 'baby-boomers' por lo que, considera, se deben hacer reformas relativas a ingresos y gastos que permitan su sostenibilidad.

En este sentido, ve necesario poner en marcha ya todas las reformas y que éstas estén orientadas a generar confianza en el sistema tanto en el país como en el exterior. Entre las medidas que recomienda se encuentran la incorporación de más personas al mercado de trabajo y su permanencia durante más tiempo.

Habla también de avanzar más en la transmisión a la sociedad de los problemas de sostenibilidad del sistema. Y ha ido más lejos. «No sabemos lo que son pensiones dignas. No hay parametros sobre qué significa la reivindicación que están haciendo y que es legítima, pero también tienen que ser conscientes de que la solidaridad intergeneracional no puede fluir solo en una dirección», ha concluido.