¿Qué se puede hacer con la ballena varada en Sopela?

Esqueleto del rorcual aparecido en Igeldo en el 2000 y colocado en el Aquarium./Michelena
Esqueleto del rorcual aparecido en Igeldo en el 2000 y colocado en el Aquarium. / Michelena

Una posibilidad sería seguir el ejemplo del Aquarium de San Sebastián, donde un ejemplar está expuesto tras un proceso de casi 20 años

MITXEL EZQUIAGA

Tras la aparición del rorcual común de 18 metros que este domingo por la mañana quedó varado en la playa de Atxabiribil, en Sopela, muchos se han preguntado qué pasará ahora con el cuerpo del animal tras ser trasladado al vertedero de Artigas por dos grúas de grandes dimensiones. Una posibilidad sería seguir el ejemplo del Aquarium de San Sebastián, donde se encuentra expuesto un ejemplar que apareció en la capital gipuzcoana en el año 2000.

El proceso desde el hallazgo del animal hasta su exposición llevó nada más y nada menos que 18 años. Primero, tuvieron que enterrar el cuerpo para que la tierra absorbiera las partes blandas del mamífero hasta limpiar el esqueleto. «Aunque se desenterró hace cinco años, todavía había zonas en las que había grasa», apunta Alejandro Larrodé, quien ha vivido el proceso de recuperación desde sus inicios y hoy en día dirige el área de museo y conservación del Aquarium. La búsqueda del cadáver no fue una tarea fácil. «Nos costó media mañana dar con una quijada del rorcual». Una vez tocado el hueso con la excavadora, fueron cavando y descubriendo la ballena con extrema precaución. «Muchos huesos estaban desperdigados».

La participación de Manu Ceberio, un arqueólogo de Aranzadi que estaba haciendo prácticas de museología en el Aquarium, fue fundamental. Según Larrodé, siguieron el criterio de una excavación arqueológica, con espátulas y azadas. «En una zona en plano poníamos los huesos e íbamos rellenando el puzzle. Como guía de anatomía, utilizamos el trabajo de Cándido Ríos sobre la ballena franca de 1878», cuyo esqueleto expone el Aquarium desde 1930. El animal de 11,5 metros, la penúltima ballena cazada en Gipuzkoa, fue el «vademecum» para reconstruir el rorcual.

El siguiente paso era limpiar y montar el esqueleto. «Se decidió enviarlo a María Ángeles Prieto, una especialista en taxidermias de gran tamaño de Sevilla, que ya había trabajado con nosotros con la ballena franca. Monta catáceos, cifios, ciervos...».

Esqueleto del rorcual aparecido en Igeldo en el 2000 y colocado en el Aquarium.
Esqueleto del rorcual aparecido en Igeldo en el 2000 y colocado en el Aquarium. / Michelena

Otras opciones más rápidas

La ballena viajó a Sevilla. «Allí tuvieron que reconstruir algunas piezas, pero más de un 80% del esqueleto resultante es real». La parte de la cabeza, la más deteriorada desde la recogida, se tuvo que rehacer en un 60% con una pasta especial. «Estaba en trocitos», detalla Larrodé. «Los huesos de un rorcual de esta clase y edad son extremadamente porosos y delicados».

Por lo tanto, es necesario que el esqueleto de la ballena después se protega por un armazón antes de ser expuesto. Tres cajones dividen un montaje que sostiene los huesos suspendidos, protegiendo con delicadeza las cadenas vertebrales.

Existen otras opciones más rápidas que los casi veinte años que se han necesitado para conseguir el esqueleto de la ballena. «Un manera que evita el enterramiento es el de trocear al animal y sumergirlo en nasas». «En meses, los cangrejos y los peces lo limpian». No obstante,trasladar este proceso a las aguas del Cantábrico es muy difícil. «No tenemos bahías protegidas o desahabitadas. Este sistema se hizo en Alaska, donde hay muchas zonas idóneas». La otra opción hoy en día es «llevarla a Andalucía, a la empresa de taxidermia», donde «lo procesarían como en una pescadería y lo limpiarían en unas piscinas especiales. Un proceso también más caro».

 

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