José María Martínez Estebas, el periodista al que todos queríamos

José María Martínez Estebas./
José María Martínez Estebas.

ALBERTO TELLITU

Hay un acontecimiento en la biografía de José María Martínez Estebas, Josemari, que resume a la perfección lo apreciado que era este periodista entre sus compañeros de la Redacción de EL CORREO. Sucedió hace cinco años, el 31 de enero de 2014, cuando le llegó la hora de la jubilación. Entonces decidió que era mejor marcharse a media tarde, sin hacer ruido, para evitar esos instantes en los que uno ya no sabe qué decir. Fue un momento extraordinario, como el de los toreros cuando dan la vuelta al ruedo. Cerró su inseparable cartera de cuero, se puso en pie y todos los presentes estallaron en un inesperado aplauso que se fue extendiendo por las secciones del periódico. Porque Josemari, que ayer falleció en Logroño a los 64 años, era básicamente un hombre bueno y generoso, de paz, que trataba de agradar sin otro objetivo que el de fomentar la amistad. Un tipo que gozaba alrededor de una mesa, con largas tertulias, sin que nunca faltara esa copa de champán rosé que tanto le gustaba.

Pocas personas muestran sin pretenderlo tanta ilusión por la vida. Cuando tuvo que rellenar esas maratonianas jornadas antes dedicadas a EL CORREO, no tardó ni un segundo en involucrarse en nuevos proyectos, que si una bodega por aquí, que si una empresa de eventos por allá... Su cabeza no paraba. Josemari no se veía paseando sin rumbo por las calles de Logroño, su ciudad, ni envejeciendo mientras jugaba al golf. Él disfrutaba tratando con la gente, enredando, como decimos los periodistas. Y así fue.

Quedar para cenar, viajar o salir con este hombre era como hacerlo con dos personas a la vez. Hicieras lo que hicieras, estaba presente Inma, su mujer. Eran como dos en uno, de esas parejas que no saben estar separadas, que se desconoce dónde acaba uno y dónde empieza el otro. Inma lo era, lo es todo. Y en medio Jorge, su querido hijo, al que siempre tenía en mente.

Si por algo se distinguía también Josemari era por ser riojano, y eso se le notaba hasta en el hablar. En su última etapa en el periódico, le tocó sacar adelante una nueva sección diaria de reportajes (V), donde lo mismo se habla de una tribu perdida del Amazonas que de la última sensación del fútbol español, y en 2010 Fernando Llorente era la estrella. Había que hacerle un reportaje, hablar con él, pero por aquellas fechas los jugadores del Athletic se habían refugiado en el silencio por las críticas que recibían. Bueno, pues la única forma de romper aquella barrera fue que Josemari agarrara el teléfono y le soltara un 'Mira Fernando, de riojano a riojano…' Y ya todo fue como la seda; era un maestro de las relaciones públicas.

Josemari, extrovertido y sentimental, comenzó a foguearse en 'La Gaceta del Norte' de Logroño antes de terminar la mili, allá por los años 70, cuando las linotipias todavía derretían plomo para imprimir. Vivía en el cuartel y ya se las arreglaba para que el cabo, el capitán o hasta el mismísimo general le dieran unos días libres para poder trabajar en el periódico. Poco después, llegó a la delegación de EL CORREO en La Rioja de la mano de José Luis Peñalba. En aquellos tiempos de la Transición, acuñó en la Redacción la frase «Sí, don Alejandro», con la que jalonaba las interminables peroratas que recibía de un politico de la época, tan erudito e incansable como pesadísimo en sus contactos con los medios de comunicación. Eran los años en los que se trabajaba casi siempre en la calle, sin agencias informativas, sin agenda oficial ni ruedas de prensa.

La mayor parte de su actividad profesional la realizó en tareas de gestión, con una merecida fama de organizador ordenado. Era muy hábil en el trato, especialmente con los líderes políticos y económicos de la región. En 2004 fue nombrado responsable del periódico en Logroño, pero Josemari nunca se conformó con la herencia recibida y luchó, a contracorriente, por una delegación «a lo grande». Fruto de ese empeño y ambición fue el 45 aniversario de EL CORREO en La Rioja, un evento celebrado por todo lo alto, a su estilo. En su herencia también aparece la reedición de 'La Rioja pueblo a pueblo', una completa enciclopedia en fascículos de los 174 pueblos de la región con un enfoque sobre todo antropológico.

Una herencia, la de Josemari, repleta sobre todo de buenos momentos, de buenos amigos. Seguro que allí arriba estarán encantados de recibirle. Nadie como él organizará las fiestas. Y seguro que el 'Jefe' lo sabe.