El párroco de Hondarribia pide el traslado tras la tensión por el Alarde

El párroco de Hondarribia pide el traslado tras la tensión por el Alarde

Fue recriminado por algunos feligreses tras pronunciar una homilía llamando a la concordia en el municipio

AMAIA CHICO

El párroco de Hondarribia, Victoriano Etxabe, ha pedido dejar la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y del Manzano. La semana pasada se pronunció en favor de la «convivencia y de la paz» en el municipio después de la tensión vivida en el último Alarde. Una situación «muy desagradable», según sus palabras, que provocó incluso un roce en el interior del templo durante una eucaristía en la que Etxabe apeló a la «palabra y buscar una fórmula para solucionar» el enfrentamiento entre partidarios del Alarde tradicional y del protagonizado por la compañía Jaizkibel, que defiende la participación igualitaria de hombres y mujeres.

El párroco trasladará hoy su decisión y sus razones al obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, con el que abordará su nuevo destino o su nueva labor en el seno de la Iglesia guipuzcoana. En septiembre, se limitan a informar desde el Obispado, suele haber movimientos entre las parroquias.

Etxabe fue protagonista en los medios, a su pesar, hace una semana, a raíz de lo ocurrido en el transcurso de la misa solemne celebrada un día después del Alarde. El párroco, que el sábado había asistido al desfile de ambos Alardes, se preguntó ante sus feligreses si «queremos seguir así los próximos 20 años y dejar a las futuras generaciones este problema». Y reflexionó sobre «cómo es posible» que un pueblo que durante «el año convive en paz» se encare de esa manera durante sus fiestas. «Hondarribia no se merece esto», dijo al tiempo que abogó por «explorar nuevas vías de trabajo entre todos».

Sus palabras generaron sorpresa, recibieron la felicitación de algunos pero provocaron el enfado de otros que no vieron oportuna su intervención. Hasta el punto de que una mujer, simpatizante del Alarde Tradicional, subió al final de la misa al altar y cogió el micrófono para intervenir. Etxabe le reprochó que no tenía «permiso» para hacerlo y, según le afeó otra feligresa, apagó el aparato.

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