Los obispos vascos, informados con antelación del viaje tras la polémica de 2017

Los obispos vascos, Mario Iceta, Juan Ignacio Munilla y Juan Carlos Elizalde./MANU CECILIO
Los obispos vascos, Mario Iceta, Juan Ignacio Munilla y Juan Carlos Elizalde. / MANU CECILIO

La anterior visita de Urkullu a la Santa Sede, en la que se habló del fin de ETA, se preparó de espaldas a la jerarquía eclesiástica de Euskadi

Olatz Barriuso
OLATZ BARRIUSO

Dicen que de los errores se aprende y el Gobierno vasco ha demostrado haber tomado nota tras la polémica desatada por la anterior visita de Iñigo Urkullu a la Santa Sede, en enero de 2017, que se preparó de espaldas a los obispos vascos. La decisión de no informar a los prelados de Bilbao, Vitoria y San Sebastián del viaje -la cita se solicitó en cambio a través del arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal española, Ricardo Blázquez- provocó un hondo malestar en la jerarquía eclesiástica vasca.

Es más, Urkullu y Jonan Fernández se vieron forzados a recibir en Lehendakaritza a posteriori a Mario Iceta, Juan Ignacio Munilla y Juan Carlos Elizalde para tratar de aplacar sus recelos y darles cuenta del contenido de la reunión con el primer colaborador del Papa, máximo responsable de la actividad diplomática y política de la Santa Sede. La situación no se repetirá ahora. Los obispos vascos han sido debidamente informados, según fuentes de Lehendakaritza, del viaje a Roma de Urkullu y sus colaboradores y de su entrevista con Pietro Parolin para detallar la propuesta 'Share'.

Hace dos años, el lehendakari tuvo que esforzarse en convencer a los obispos de que no hubo mala fe en la gestión de la visita, organizada en principio para conocer la labor con los refugiados de San Egidio, una comunidad católica que recibió el premio René Cassin de Derechos Humanos en 2016. No obstante, el Gobierno vasco acabó reconociendo que se habló también, a petición del cardenal Parolin, de cómo sumar «nuevos agentes» al proceso para lograr una «paz justa y duradera» en Euskadi. También Covite se quejó y envió cartas de protesta a Asuntos Exteriores y al embajador en el Vaticano.