«Nunca me llamaron ilegal antes de llegar a Europa»

Inmigrantes subsaharianos levantan los brazos en petición de auxilio frente a las costas libias. /Reuters
Inmigrantes subsaharianos levantan los brazos en petición de auxilio frente a las costas libias. / Reuters

Save the Children reúne hasta este jueves a decenas de entidades y activistas en el I Congreso Internacional de Infancia en Movimiento

Jesús J. Hernández
JESÚS J. HERNÁNDEZ

El activista senegalés Mamadou Dia cuenta que el suyo es un pueblo en marcha, una patria que «nació y vive del movimiento». Retrata con precisión los sueños de los niños y jóvenes de su país. «En la escuela aprendemos la lengua oficial, que es el francés. Cuando manejas un idioma que no es el tuyo, enseguida fantaseas con conocer el país donde se habla. Pero ningún senegalés puede ir al consulado y pedir un visado para Francia». La falta de vías legales, esa que desarma la crítica de la inmigración ilegal, fue un punto común en los testimonios que ayer subieron a la tarima del I Congreso Internacional de Infancia en Movimiento, que organiza en BilbaoSave the Children.

Mamadou llegó a Europa en 2006 en plena crisis de los cayucos. «Todos arribábamos a Canarias y nadie se preguntaba cómo llegaríamos aquí. La Península quedaba lejísimos por mar para los subsaharianos. Nos traían en vuelos camuflados y nos repartían por distintas comunidades. Las autoridades sabían que no teníamos papeles», rememora. Estaba ya en el Viejo Continente cuando le llamaron «ilegal» por primera vez. «Aunque atravieses otros países africanos, no eres ilegal hasta que desembarcas aquí». A su juicio, «los Derechos Humanos están ahora de moda, como sucedió con Aylan –en alusión al niño sirio que conmocionó al mundo cuando su cuerpo sin vida fue encontrado en una playa turca–, pero las modas pasan y olvidamos pronto».

Este activista senegalés no es de los que se quedan en las palabras. Fundó la ONG Hahatay, que ayuda a otros niños y jóvenes subsaharianos para que tengan oportunidades en sus países de origen, porque «a pesar de lo que la gente cree, no quieren quedarse en Europa sino tener una vida allí». Él mismo, casado con una española, regresó a su pueblo en 2013: «uno se cansa de demostrar que no es peligroso, que tiene cultura, que es útil».

Las migraciones siempre son duras, pero los niños –y especialmente las niñas– se enfrentan a todo tipo de abusos en un entorno que «ni siquiera pueden comprender». Quizá el primer agravio es que les roban la infancia. «Senegal es un país donde no existen los adolescentes. Un día eres un niño y, de pronto, con 12 o 14 años, tienes que encargarte de tus padres y hermanos». Entender a esos chicos requiere escucharles y conocer su historia. «Llegan a Europa y les meten en un programa para estudiar y luego nadie entiende por qué no ponen interés.Significa un paso atrás, porque ellos llevan años sacando adelante a los suyos y lo ven como un fracaso».

La técnica de cooperación italiana Annalisa Lenti hizo saltar por los aires otro de los «mitos tóxicos» que se escuchan a menudo en su país, especialmente en boca del ultraderechista Matteo Salvini. «La mayoría de los migrantes africanos no aspiran a salir del continente. El 75% se queda en un país de su entorno porque cuando uno huye lo suele hacer al país más cercano, con el que es más probable que le unan lazos idiomáticos, culturales y religiosos».

Nadie niega que existe un porcentaje de ellos que quiere llegar a Europa, pero quizá tampoco sea cierta la explicación habitual sobre sus motivos. «No se trata de lo que van a alcanzar, de lo que van a conseguir, se trata de lo que huyen», sentenció David del Campo, director de cooperación internacional de Save the Children. Una máxima válida tanto para los que suben a un cayuco en el Mar del Alborán como para quienes se la juegan en la frontera entre México y Estados Unidos.

Vulneraciones

«En los últimos años hemos llevado a cabo una intensa labor de sensibilización respecto a los procesos migratorios con el objetivo de romper prejuicios y estereotipos que distorsionan la realidad para avanzar hacia una sociedad acogedora y respetuosa con la diversidad y con la infancia migrante», defiende la directora de Save the Children en Euskadi, Eva Silván.«Queremos hacer de este congreso un espacio de reflexión y debate sobre las distintas vulneraciones de derechos que viven miles de niños y niñas tanto migrantes como refugiados en todo el mundo».Save the Children clausura hoy este primer congreso con las intervenciones de la Fundación Raíces, CEAR, Suspergintza y Peñascal Cooperativa, entre otras entidades.