Naroa y Roma, unidas de por vida

Naroa coge en brazos a Roma, que se recupera en la UCI pediátrica del hospital Vall d'Hebron./EFE
Naroa coge en brazos a Roma, que se recupera en la UCI pediátrica del hospital Vall d'Hebron. / EFE

La niña vizcaína y la bebé catalana que recibieron de urgencia el hígado de un menor fallecido pasaron ayer su primer rato juntas

IZASKUN ERRAZTI

Hasta hace solamente unas semanas, Naroa, una vizcaína de 13 años, y Roma, una bebé catalana de 8 meses, no compartían más que la fatalidad de sufrir una dolencia que amenazaba sus vidas. Una enfermedad metabólica y un cáncer de hígado, la primera, y el síndrome de Alagille, un mal extraño que le había provocado una cirrosis hepática irreversible, la pequeña. Pero de la noche a la mañana, el gesto desinteresado de una familia que donó el órgano sano de su hijo menor fallecido las ha convertido en casi hermanas, unidas por un vínculo que nunca se romperá. Ayer, las dos se reencontraron en el Hospital Vall d'Hebron de Barcelona, donde el pasado 13 de julio fueron sometidas con éxito a un trasplante de hígado realizado por el método 'split', una suerte de magia que permite dividir la glándula del donante en dos partes para obtener injertos completamente funcionales para dos receptores. En este caso una operación excepcional al ser ambas pacientes menores, y una de ellas de muy corta edad.

Tras una recuperación casi milagrosa que le ha permitido recibir el alta médica en sólo siete días, Naroa, residente en Mallabia, acudió al centro catalán para experimentar la sensación de coger en brazos a una personita que le era desconocida, pero que ahora rezuma vitalidad por la misma razón que ella. Sólo 200 gramos de un hígado en perfecto estado han devuelto la energía a Roma, que mejora en la UCI pediátrica del hospital y será dada de alta «en pocos días», según anunciaron ayer desde el hospital barcelonés. Naroa, que recibió una porción mayor, todo el lóbulo hepático derecho y una parte del izquierdo, ya ha podido abandonar la metódica dieta que seguía, muy restrictiva en proteínas, y añadir la carne y los embutidos a su comida. «Está muy animada, porque ya ve que podrá hacer vida totalmente normal en muy poco tiempo», celebraba esta semana Josefi, su madre.

«Mejor de lo esperado»

La mujer no tenía más que palabras de aliento para las personas que sufren un calvario como el que su hija acaba de dejar atrás. «Es que el día menos pensado recibes una llamada y en nada todo acaba bien», explicaba todavía incrédula. «Todo ha sido muy fácil y ha ido incluso mejor de lo esperado». Un milagro que permitirá borrar de su memoria malos momentos: los controles periódicos a los que debía someterse la niña, su comida a base de verduras, frutas y alimentos especiales creados en laboratorios, y el mazazo que supuso saber que sus análisis empeoraban y que el Hospital de Cruces, donde la trataban de su enfermedad, decidía derivarla a Vall d'Hebron.

La corta vida de Roma tampoco ha sido un camino de rosas. Una visita a Urgencias de Terrassa cuando todavía no había cumplido los dos meses por las dificultades que sufría para respirar encendió todas las alarmas. «A los dos días nos dijeron que nos esperaban en Vall d'Hebron», recordaba Vanesa, su madre, sin poder contener la emoción. Le diagnosticaron el síndrome de Alagille, un mal de origen genético que le provocaba muchos picores, la hacían llorar y la desesperaban. «¿Cómo le explicas a un bebé que no se puede rascar? Lo pasaba muy mal, era un infierno», confesaba la joven. Aquel síndrome no ha desaparecido, pero sí la afectación a su hígado. La pesadilla para las dos niñas ya ha terminado. Ahora sólo queda verlas crecer.

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