Una mañana muy complicada en el aeropuerto de Loiu a causa de la niebla

Un avión aterriza este lunes en Loiu./Luis Ángel Gómez
Un avión aterriza este lunes en Loiu. / Luis Ángel Gómez

Doce aviones han tenido que sobrevolar el aeródromo bilbaíno hasta que han podido tomar tierra

OLATZ HERNÁNDEZ

El aeropuerto de Loiu ha recuperado ya la normalidad tras los problemas que ha causado la niebla. Hasta doce aviones han estado sobrevolando el aeródromo bilbaíno a la espera de tomar tierra. Lo han podido comenzar a hacer en torno a las 10.45 horas, cuando ha levantado la niebla y han mejorado las condiciones de visibilidad. Loiu ha acumulado numerosos retrasos durante la mañana y un avión procedente de Tenerife Norte ha tenido que ser desviado a Madrid.

A las 8.45 horas se activaba la alerta en el aeropuerto de Bilbao por la densa niebla con la que despertaba Bizkaia y que pillaba a muchos con las maletas hechas. «Vamos a Málaga a pasar las navidades con la familia. Por ahora nos han retrasado una hora el vuelo. Parece que el tiempo va a levantar, pero contra las inclemencias nunca se sabe...», decía Ana mientras agarraba a su hijo Koldo de la mano.

Panel con los aviones que sufren retrasos.
Panel con los aviones que sufren retrasos. / Olatz Hernández

En las pantallas de La Paloma, la palabra 'retrasado' brillaba junto al número de casi todos los vuelos. «Cuando se produce una situación como esta es decisión de los pilotos el aterrizar o no», explicaba un portavoz de Aena. La pericia de uno de ellos, ha conseguido que un vuelo procedente de Sevilla llegara «sin problemas pese a despegar con diez minutos de retraso», según ha relatado una pasajera a elcorreo.com. Otro, originario de París, también ha conseguido aterrizar; mientras otros dos aparatos, procedentes de Dublín y de Londers no han corrido la misma suerte y han tenido que esperar para poder descender.

En la terminal de llegadas, Sergio pintaba junto a sus hijos, Jon y Asier, unos globos de bienvenida. «Son para la tía Iratxe y Paul, que vienen de Dublín a pasar la Nochevieja con la familia», explicaba Sergio. Con un retraso de unos veinte minutos, los tres aún esperaban ilusionados: «Viven en Dublín. Solo nos vemos en navidades y en verano, esperemos que lleguen». También esperanzados, Javier y María mataban el tiempo en el pequeño parque de juegos donde los pequeños Irene y Pablo jugaban al escondite. «Nos han retrasado el vuelo a Alicante. Si no cogemos el avión, pasaremos la noche con la familia de mi mujer. Aunque allí también nos están esperando...», reconocía Javier.

Tras los retrasos en los vuelos, la gente aguarda tranquila en el aeropuerto de Loiu
Tras los retrasos en los vuelos, la gente aguarda tranquila en el aeropuerto de Loiu / Olatz Hernández

El domingo, debido a una situación similar, se produjeron siete desvíos, pero al mediodía la niebla levantó y se pudo recuperar la normalidad. Hoy, pasadas las once, los primeros rayos de sol empezaban a colarse entre la blancura que envolvía Loiu. Junto al control de seguridad, Juliana aguardaba impaciente el embarque de su vuelo a Madrid. «Desde allí voy a Colombia. Todas las Nocheviejas nos reunimos toda la familia y tenemos asado y música», recordaba con nostalgia.

Nervios, incertidumbre y juegos

Carmen y Cándido prestaban atención a los altavoces, que informaban de las puertas de embarque y el estado de los vuelos. Junto a ellos, Rexa, una elegante husky marrón con un ojo de cada color, aguardaba pacientemente. «Vamos a coger un avión a Tenerife Norte, allí viven dos hijos nuestros y estamos con la ilusión de celebrarlo en familia». Su otra hija viajó el pasado día 28 y el plan es que hoy se junten todos allí para comer las uvas. «Tenemos suerte de que Rexa es muy tranquila y ya está acostumbrada a viajar», decía Carmen, justo antes de caminar hacia el control de seguridad. «El avión acaba de llegar», explicaba.

Entre los pasajeros se notaban nervios, incertidumbre... pero también diversión. Un grupo de niños de entre 3 y 5 años convirtieron la terminal en su campo de juego y se pasaban unos a otros un peluche. «Tenemos el vuelo a Sevilla a las 13.30 horas, creo que para entonces ya habrá levantado el tiempo», pronosticaba Gemma optimista. El resto de la familia ya los espera allí con ilusión. «Aunque sea las uvas, las comemos en casa», afirmaba Gemma.