Así vio el mundo la superluna de sangre

La superluna, desde Toronto (Canadá). / AGENCIAS

La primera luna llena de perigeo del año, teñida de rojo por un eclipse lunar total, fue avistada a lo largo y ancho del planeta

Luis Alfonso Gámez
LUIS ALFONSO GÁMEZ

Más imponente que nunca, majestuosa como siempre, pero en esta ocasión, además, teñida de rojo sangre. Así se vio en numerosas partes del mundo la superluna, un fenómeno astronómico, el primero del año de este tipo, que en esta ocasión viene con un eclipse lunar total debajo del brazo. En España, se ha podido contemplar en su máximo esplendor a las 6.12 de la mañana. Pero, como suele ser habitual en estos casos, en Euskadi no hemos tenido tanta suerte por culpa de los cielos nubosos que han ocultado al único satélite con el que cuenta el planeta Tierra.

Para explicar este fenómeno, hay que recordar que la órbita de la Luna alrededor de la Tierra no es circular, sino elíptica. Eso hace que, aunque la distancia media entre ambos mundos sea de 384.400 kilómetros, cuando el satélite está en el punto más lejano (apogeo) se encuentra a 406.000 y cuando está en el más cercano (perigeo), a 356.000. Una superluna no es otra cosa que una luna llena de perigeo; es decir, una luna llena cuando el satélite está más cerca.

Las lunas llenas de perigeo son frecuentes. Este año habrá tres y el próximo, cuatro. El disco lunar es en esos casos hasta un 14% más grande que cuando el satélite está más lejano. No en vano, se encuentra 50.000 kilómetros más cerca. Pero ni aún así el ojo humano es capaz de percibir tal diferencia porque en el cielo ni hay reglas ni dos lunas juntas (una de perigeo y otra de apogeo). Si pone dos naranjas del mismo tamaño a 9 y a 8,5 metros de usted, no notará la diferencia de tamaño.

Pues eso pasa con la superluna y cualquier otra luna llena. Que la de esta noche se ha teñido de rojo es algo que sucede en todos los eclipses lunares, que ocurren solo en luna llena cuando la Tierra se interpone entre el Sol y el satélite. Superluna, además, no es un término astronómico. Se lo inventó en 1979 el astrólogo estadounidense Richard Nolte para la luna llena «cuando está en su máximo acercamiento a la Tierra». Según él, el fenómeno se asocia a grandes huracanes, erupciones volcánicas y terremotos. Algo tan cierto como que esta noche la Luna ha sido de un tamaño descomunal y ha llenado el cielo.