Cantabria

Mogrovejo, el rincón cántabro que fue escenario de la película 'Heidi'

Dos visitantes observan un panel informativo en Mogrovejo, muy cerca del futuro campo de golf./JUANJO SANTAMARÍA
Dos visitantes observan un panel informativo en Mogrovejo, muy cerca del futuro campo de golf. / JUANJO SANTAMARÍA

La localidad cántabra, que tendrá campo de golf, está en el valle de Liébana y cada vez son más los turistas que se acercan a conocerlo

RAFA TORRE POO

Marcelino pasa la mañana tranquilamente a la fresca bajo la higuera que tiene frente a casa. Apoyado en su cachava, a sus 89 años, contempla cómo se desperezan las calles. No hay muchos vecinos. En Mogrovejo el ritmo lo marcan los turistas que poco a poco se acercan a uno de los pueblos más bonitos de Cantabria situado en el valle de Liébana. Ese fue el premio -el de Pueblo Bonito- que ganó hace dos años. Casas de piedra con balcones y ventanas de madera se distribuyen anárquicamente por calles perfectamente adoquinadas. Los visitantes paran, fotografían, toman algo en uno de los dos únicos bares que hay y preguntan qué pueden ver. «Dentro de poco, un campo de golf», le comenta un vecino. «¿Aquí?», pregunta incrédulo. «No. Un poco más arriba. A lado de la torre».

El Gobierno regional y el Ayuntamiento de Camaleño creen que es lo que le falta a Liébana. Un lugar donde los visitantes, sobre todo británicos y alemanes, puedan practicar su deporte favorito. Costará 180.000 euros y esperan terminarlo once meses después de que empiece su tramitación. Será de Pitch&Putt, una modalidad que se juega en campos de dimensiones más reducidas.

Tendrá nueve hoyos -en lugar de los habituales 18- y se ubicará en un par de extensos prados que hay junto a la torre que lleva el mismo nombre del pueblo. «A mí me parece bien. Normalmente somos 26 vecinos y será bueno para la zona», asegura Marcelino mientras gira en círculo la punta de su cachava. «No creo que se masifique, aquí cogemos todos bien», apostilla con una sonrisa socarrona.

Justo enfrente, en lo que antaño fue una cuadra, Fidel Guerra se refugia del calor en una estancia donde la leña está perfectamente dispuesta para ser usada en invierno. «Ahora ya no la corto yo. La compro así», se excusa a sus 88 años. Habla del futuro campo mientras arregla con una lima «la 'picaya' (o bastón)» sobre el que se apoya para andar. «Esta mañana he recorrido dos kilómetros, que si no me quedo trabado», ríe. No cree que la futura instalación sea un problema para los vecinos. «Aquí hay mucha tranquilidad durante todo el año, aunque en verano sí que hay más gente». Y para avalar su teoría da un dato. «Antiguamente esto tenía mucha vida. Yo he conocido a 80 niños en la escuela y ahora solo hay uno que tiene que bajar a diario a Potes», dice.

No todos piensan como Marcelino y Fidel. Hay quien está en contra del proyecto. Pero prefieren no hablar de ello -atestigua el periodista- o lo hacen sin dar sus nombres. «Ya sabes, cosas de los pueblos pequeños», dice uno de ellos. «Es una payasada», afirma otra. «Aquí no hace falta, no hay servicios para ello. Solo hay dos bares», recalca. «Cómo no se va a masificar Mogrovejo si ahora en verano no cabemos y el aparcamiento, en lugar de construirlo a la entrada, lo hicieron a la salida», explica esta misma persona. «Esto va a parecer la M-30 en hora punta», concluye. Lo que nadie niega es que los que vengan aquí para jugar al golf lo harán con un telón de fondo único. Un paisaje de postal.

En un día despejado, como el de la visita, las montañas de Picos de Europa abrazan a los visitantes. Se contempla perfectamente La Morra de Lechugales, la Silla del Caballo Bajero, el Collado Cámara o Pico Cortés. Un decorado inmejorable. De película. Como la de 'Heidi, la reina de las montañas', que rodó aquí una de sus partes hace tres años y que aún no se ha estrenado -al estar en los tribunales por varias demanda de impagos de los trabajadores de esta producción británica e india-. Solo un cartel recuerda que Mogrovejo se convirtió por unos meses en la aldea donde vivía Pedro, el pastor amigo de la célebre protagonista.

Fueron meses de intenso rodaje del film dirigido por la india Bhavna Talwar, en las que las fachadas se tiñeron de azul, se ocultaron canalones, cables, postes y las calles que aparecían en la grabación se cubrieron con tierra. Todo para convertir este enclave del valle de Liébana en una aldea suiza, donde vivieron los tres protagonistas: Heidi, su abuelo y Pedro. Lo cuenta Marcelino que no quiere despedirse sin resolver una duda: «¿Bueno, qué, hemos fichado al hijo de Zidane? -el nuevo guardameta del conjunto verdiblanco- Es que soy muy del Racing, de siempre, y del Real Madrid».