Los inmigrantes bloqueados en el Mediterráneo serán repartidos por ochos países europeos

Un migrante observa la costa de Malta desde el Sea-Watch 3. / Foto: Reuters / Vídeo: Europa Press

La llegada de parte de los extranjeros en Italia amenaza con abrir una crisis de Gobierno por la negativa a acogerles de Matteo Salvini

DARÍO MENORRoma

Termina la zozobra para los 49 inmigrantes bloqueados en el Mediterráneo Central, algunos desde hace más de dos semanas. Después de un continuo tira y afloja entre los países europeos para ver quién se hacía cargo de ellos, ayer finalmente se alcanzó un acuerdo que propició que los extranjeros fueran desembarcados en Malta desde las naves de las dos ONG en que se encontraban. Con gritos, llantos y besos, los desplazados, que habían zarpado desde las costas libias, celebraron el final su odisea. Serán ahora repartidos por ochos países europeos: Alemania, Francia, Portugal, Irlanda, Rumanía, Luxemburgo, Holanda e Italia. También se harán cargo de otros 250 inmigrantes rescatados por Malta en los últimos días.

En Roma la acogida puede abrir una crisis de Gobierno. Matteo Salvini, ministro del Interior y líder de la Liga, el partido que forma la coalición que sostiene al Ejecutivo junto al Movimiento 5 Estrellas (M5E), se mostró absolutamente en contra del arribo de los desplazados. Consideró que el M5E se la ha jugado al dejarle de lado en la toma de esta decisión. Ante la negativa de Salvini en los días pasados a permitir el desembarco de los extranjeros, el primer ministro, Giuseppe Conte, comentó en televisión que estaba incluso dispuesto a ir a buscarlos «en avión». El líder de la Liga reiteró ayer que él, como responsable del mantenimiento de la seguridad en Italia, «no autorizaba» la llegada de los inmigrantes y pidió una reunión a sus socios del M5E para «aclarar» lo sucedido, pues «no tenía sentido».

Sea Watch, la ONG de uno de los dos barcos en que se encontraban los desplazados, publicó en las redes sociales un vídeo en el que se ve el momento en el que la tripulación informa a los extranjeros que la espera para desembarcar en Malta ha terminado. «¿Alguien quiere ir a Europa?», dice uno de los socorristas. Los inmigrantes reaccionan primero con timidez, pero poco a poco empiezan a levantar la mano y responden: «¡Todos!» Cuando el voluntario les dice que desembarcarán en dos horas y que «c'est fini», estalla la alegría a bordo. Los subsaharianos empiezan a gritar, a bailar y se abrazan emocionados. La ocasión lo merece tras cruzar media África, aguantar durante meses las torturas y privaciones de los centros de detención para extranjeros libios, jugarse la vida en el Mediterráneo en una lancha neumática medio desinflada y, finalmente, esperar más de dos semanas a que los gobernantes europeos decidieran su suerte